Fernando Mexía, El plumilla.
La prensa de papel no ha muerto y dudo que se extinga, al menos en el tiempo que me toque vivir. Lo que sí está en cuidados intensivos enfilando la puerta del camposanto es la estructura de la industria informativa. No voy enterrar a los grandes grupos mediáticos pero, señores, los días de vino y rosas de esas corporaciones tienen los días contados. Internet y el desarrollo de las tecnologías de comunicación móvil han abonado el terreno para una revolución informativa que ha echado a andar a raíz de la crisis económica. Los problemas financieros están sacudiendo las manzanas maduras de un árbol mediático con exceso de hojas y frutas tras décadas de buenas cosechas. Lo sano, lo que toca ahora, es la poda.
Entramos en la era del personal branding en la que la credibilidad tendrá nombre y apellido -no se esconderá detrás de una cabecera de periódico-, la agenda setting será tan flexible como quiera el consumidor de noticias y el medio será la persona y la persona será el mensaje, alterando la cita de McLuhan.
Hace una década aún estaba en la facultad de periodismo, por aquellas me acaba de comprar mi primer teléfono móvil, estaba empezando internet y en España experimentábamos con los correos electrónicos sin saber muy bien qué daría de sí el asunto. Ninguna de las clases que tuve en la universidad me preparó para el cambio que se está produciendo ahora. Ningún profesor me adelantó lo determinante que sería la web en el mundo informativo. Nadie tenía blogs ni amigos en Facebook. La salida laboral como profesional era entrar de cualquier manera en un mass media, aunque fuese sin cobrar; de hecho, normalmente sin cobrar pero con ánimo de lucro. Aunque no me hablaron de internet (o casi nada), sí me sermonearon sobre Marshall McLuhan y su aldea global, sobre la influencia del sistema de comunicación en el mensaje que reciben las audiencias, sobre las diferentes teorías de los medios masivos y como no, la famosa aguja hipodérmica. Estos paradigmas se han quedado pendientes de revisión o para una clase de historia, junto a la imprenta de Gutenberg.
Hoy vivimos el ocaso de los mass media, la caída del Antiguo Régimen de la comunicación debido al alzamiento del sumiso lector-espectador-oyente. El hasta ahora dócil receptor ha tomado la particular Bastilla de la distribución informativa armado de opiniones disparadas desde internet. Estamos en medio de una revolución que empezó con los blogs y que busca guillotinar a los medios de masas en favor de los social media. Adiós al poder hegemónico informativo de unos pocos, saludamos a la democratización de las noticias y los puntos de vista. Eso sí, la caída del absolutismo no supone el fin de la aristocracia. Como en toda revolución, muchos de los antiguos poderosos se las apañarán para mantenerse en lo alto de la cadena informativa, aunque ahora tendrán que compartir su espacio de privilegio con aquellos que logren abrirse camino hasta ahí gracias a su talento.
Dicho en román paladino, quien quiera pintar algo en el futuro informativo que viene (o que ya está aquí) más vale que vaya creándose una identidad diferenciada en internet, bien a través de un blog, una web, participando activamente en redes sociales, etc. No descubro nada, pero por si acaso hay algún despistado no está mal decirlo. La crisis económica ha golpeado con dureza la línea de flotación de los medios masivos, la principal fuente de empleo para los periodistas. Los despidos se multiplican por doquier como una gripe española y todo apunta a que no es un chaparrón pasajero. La cosa está fea, muy fea.
La crisis reducirá (hablo en futuro porque intuyo que la criba irá a más) el número de empleados por medio y hará que, una vez que pase el temporal, sea mucho más difícil si cabe entrar en una de esas grandes compañías informativas en unas condiciones cómodas. Se impondrá el periodista autónomo, el freelancer, frente al asalariado, el reportero multimedia frente al especializado en un solo campo, la inestabilidad laboral frente la seguridad corporativa. Una evidente precariedad (más aún de la que ya existe) que es también una oportunidad.
La autonomía significa más independencia, la independencia supone libertad, la libertad implica tiempo y el tiempo combinado con las ganas y las buenas ideas conlleva calidad. La calidad informativa es el principio fundamental del reconocimiento. El reconocimiento es el primer paso hacia el prestigio y el prestigio vale dinero. Esto es, personal branding.
Esta revolución que vivimos y nos las hace pasar canutas abre la puerta a una generación de periodismo libre de ataduras y bien pagado para quien sepa aprovechar la ocasión. Bien es cierto que el mercado que deberá sostener ese sistema aún está formándose, pero no está mal ir tomando posiciones.
Un respetable columnista de The Wall Street Journal, Walt Mossberg, hizo recientemente una interesante reflexión, recogida en un conocido blog, sobre el futuro del periodismo al ser preguntado si merecía la pena salvar los periódicos.
“No es la pregunta que hay que hacerse (dijo). La cuestión real que deberíamos hacernos es si podemos o no salvar el buen periodismo. Piensa en ello. De los cientos, miles de periódicos en el país (EE.UU.), solo hay unos pocos que importan. Buen periodismo y periodistas, por otra parte, merecen el rescate”.
Cómo se articulará el periodismo de los próximos años se está gestando ahora, quienes liderarán esa
transformación están navegando por internet hoy, algunos ya han puesto encima de la mesa su apuesta de futuro, tal es el caso de Spot.us. Presentado como un proyecto sin ánimo de lucro -como una ONG del periodismo- se trata de una start-up con origen en San Francisco, California (hogar de Google, Yahoo!, etc.) que busca directamente su financiación en la comunidad de lectores. Se proponen proyectos de reportajes en profundidad sobre temas que pueden resultar interesante para los vecinos del área de San Francisco. Se recogen donaciones de 20 dólares por persona y se contrata a un periodista para llevar a cabo el trabajo. Terminada la investigación y elaborada la historia se ofrece a otros medios de comunicación. Si se vende, se reparten los beneficios entre los donantes, que normalmente reinvierten el dinero en un nuevo reportaje.
Spot.us tienen tan solo unos meses de vida pero funciona y planea expandir su modelo de periodismo por otras partes de este estado y posteriormente en el resto de EE.UU..
Ciertamente es una buena idea, aunque parte de la base de que la gente está dispuesta a pagar por tener buena información. Algo posible solo donde el periodismo es respetado y respetable. Tengo mis dudas, serias dudas, de que este formato funcionase en otros países, sobre todo en el mío, España. Pero Spot.us es al menos un motivo para la esperanza.
En el siguiente vídeo David Cohn, el joven promotor de esta empresa informativa, detalla (en inglés) los pormenores de Spot.us. Una presentación a modo de entrevista en la que asegura que “el periodismo sobrevivirá la muerte de sus instituciones”.
Imagen: stock.xchng









#1 by María on 15/04/2009 - 12:26
Bueno, efectivamente, anda todo el mundo repensando -más les/nos vale- un periodismo que nada tiene que ver con el que había cuando estudiábamos… lo del periodista multiformato y freelance, aquí está, que pregunten a los menores de 35 años, lo que me parece más complicado es, de momento, hacer dinero, tal y como está el panorama.