Obamanitis


fer Fernando Mexía, El plumilla.

Obama está en todas partes, omnipresente como un dios. Quizá por eso un 10 por ciento de los estadounidenses cree que el actual inquilino de la Casa Blanca es el anticristo; solo un 8 por ciento piensa lo mismo de George W. Bush. Lo cierto es que Barack, casi un año después de las elecciones que le dieron la presidencia, sigue sin deshacer el petate de campaña y multiplica las aparaciones públicas para defender sus causas en primera persona.

En marzo se recorrió las televisiones nacionales de EEUU para explicar una y otra vez su plan de rescate multimillonario contra la crisis, el primer Obamathon (telemaratón de Obama, revista Time), al que siguió otro asalto masivo a la pequeña pantalla en septiembre, esta vez para tratar de ganar apoyos con el fin de sacar adelante su reforma del sistema sanitario.

Unas comparecencias que compagina con sus obligadas visitas a foros nacionales e internacionales y que se fundamentan en la confianza del presidente en su oratoria, la misma que le aupó al poder arropado por un uso inteligente del multimedia y en 2008 desató la Obamanía o el forofismo incondicional a favor del demócrata.

Lejos de sobreexponerse ante las cámaras, las encuestas demuestran que el líder de EEUU aún tiene crédito para seguir empleando su imagen, su sentido del humor y su amplia sonrisa para convencer de lo que haga falta. El 54 por ciento de los estadounidenses dicen recibir la dosis necesaria de Obama, según un sondeo publicado en septiembre por NBC y Wall Street Journal, mientras que un 34 por ciento asegura estar harto de verle por doquier y un 9 por ciento insiste en que quiere más Obama en su menú.

La duda está en si el repetido discurso del presidente de EEUU en los mass media viene cargado de pragmatismo o si sus palabras se las lleva el viento.

Parece que Obama está tratando de ganar en la “calle” la batalla que está perdiendo en el Congreso, donde incluso algunos demócratas han empezado a cuestionar sus medidas, en concreto sobre la reforma sanitaria.

La Obamanía, aún vigente, pierde fuelle. Cada vez son más frecuentes los brotes de Obamanitis, o sobredosis de esa voluntad de cambio que encarna Barack, quien ya luce menos interesente a los ojos de la comunidad internacional (según Los Angeles Times, en The End of Obamania).

Un “síndrome” que afecta, además de a la clase política, a los ciudadanos que no fueron absorbidos por la marea Obama el año pasado incluso aunque votaron por él.

A principios de septiembre una encuesta de Opinion Research Corporation para CNN indicó que, por primera vez desde su llegada a la Casa Blanca, los electores catalogados como independientes suspendieron la gestión de Obama.

Publicado en Tinta Digital

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