El 3D, como el colesterol


El 3D se ha convertido en la “droga” de moda en Hollywood. Una “sustancia de diseño” con alto potencial adictivo y que “coloca” tanto a espectadores como a ejecutivos de los estudios, quienes más allá de los efectos visuales, experiencian un “subidón” de taquilla que está dejando “yonqui” a más de un directivo. Todo el mundo sabe lo que pasa con los “yonquis”, que hacen lo que sea por conseguir una dosis, aunque la droga esté adulterada, cortada o modificada en postproducción, que viene a ser el caso.

Como consumidor convencido de cine en 3D, no dejo de asombrarme de la proliferación de “camellos” que tratan de vendernos duros a cuatro pesetas, como diríamos. Pero claro hoy en día uno no puede pretender ser “cool” en Hollywood y estrenar una superproducción a la vieja usanza, como va a hacer Ridley Scott con su versión de “Robin Hood”, que parece una mezcla de “Gladiator” y “Braveheart” -que tampoco es mala mezcla, por cierto-.

“Robin Hood” no será “cool” pero sí honesta con el espectador. Se pensó para 2D, se hizo en 2D y se distribuirá en 2D. Bien por Universal. Lo que me tiene más escamado es “Alice in Wonderland” y, sobre todo, la esperada “Clash of the Titans”, dos abanderados del 3D de laboratorio. Recuerdo la defensa que hizo Tim Burton de la conversión del 2D a 3D en la presentación de su película a la prensa en EE.UU., sin complejos aseguró que al final da igual, que no hace falta trabajarse las películas en 3D para conseguir el impacto estereoscópico a posteriori. Se mete el filme en la maquinita de hacer churros en 3D y aquí paz y después gloria. Suerte la suya que la producción funcionó en taquilla. Suerte para él y desgraciados los demás.

Los mediocres 3D de “Alice”, que para más narices tuvo el oportunismo de poner el pie en cartelera cuando aún teníamos restos en sangre de la alucinante sobredosis visual de “Avatar”, han resultado rentables, muy rentables: casi 600 millones de dólares en venta de entradas de los que un tercio provienen de salas 3D. Un mensaje que ha llegado alto y claro a los ejecutivos de los estudios que saliban solo de pensar en la caja que haría su película si tuviera el extra del 3D, como si fuera ponerle doble de queso a una pizza.

Y en medio de este frenesí estereoscópico aparece en nuestra órbita lanzado como un “sputnik” la propuesta grandilocuente de Warner “Clash of the Titans”, que iba para 2D y a última hora ha mutado para pasar el cepillo en las salas de 3D. Aún no se ha estrenado pero se masca en el ambiente que su impacto visual será de segunda división comparado con el discurrido por James Cameron para su “Avatar”.

El asunto es que rodar en 3D tiene sus inconvenientes, no solo de coste -añade una media de 20 millones de dólares más al presupuesto-, sino de logística. Los equipos pueden resultar unos trastos para según qué tipo de secuencias, eso llevó a Michael Bay a desestimar grabar en 3D su (oh, no, otra vez no) tercera parte de “Transformers”. Aficionado como es Bay a dejar estupefacto al espectador con escenas impactantes, decidió renunciar al estereoscópico porque le impedía realizar lo que tenía en mente. Ahora su dilema es si pasa “Transformers 3″ por el filtro de las gafas polarizadas o lo lanza a la galaxia cinéfila tal y como está. Al menos Bay ha reconocido que no lo hará si la conversión no le garantiza un resultado perfecto. Yo lo dudo. Amigos, “Avatar” dejó el listón muy alto como para superarlo tratando las películas con una especie  de “fotochop”. La conversión 2D-3D cuesta entre 5 y 10 millones de dólares.

Como apunte diré que para Bay la conversión resulta “fake”, vamos, que no es creíble.

Con razón anda el altivo Cameron (alias “soy el rey del mundo”) hecho una furia cada vez que le hablan de los tratamientos estéticos de 2D a 3D. Le costó años realizar “Avatar” y fue junto al jefe supremo de DreamWorks, Jeffrey Katzenberg, y algún visionario más como Peter Jackson, el que parió la maquinaria de 3D con la que ahora todo el mundo quiere jugar.

“Después de ‘Toy Story’ hubo 10 películas realmente malas producidas con la misma tecnología (CG) porque todo el mundo pensó que el éxito del filme fue el CG. Ahora, la gente está convirtiendo rápidamente películas de 2D a 3D, que no es lo que yo he hecho. Están esperando el mismo resultado cuando, en realidad, trabajan en contra de la adopción del 3D porque están sacando productos de inferior calidad”, dijo Cameron en una entrevista Deadline, blog de referencia sobre la industria de Hollywood.

Cameron insiste en que son los estudios, y no los directores, los que están imponiendo a marchas forzadas el 3D en vista de que sale muy a cuenta en taquilla, sin importar la conveniencia o no de que esa producción se haga estereoscópica.

No todo “huele” a timo. También hay ejemplos de calidad en las carteleras. El último, “How to Train Your Dragon”, cuyas escenas finales y de vuelo en 3D son de quitarse el sombrero. Es de esperar que la próxima de Shrek (también de DreamWorks) mantenga el mismo nivel 3D.

Personalmente me convencen mucho menos los avances de Disney en este terreno. “Up” era innecesariamente en 3D y “A Christmas Carol” de Robert Zemeckis, fue resultona, pero quedó empequeñecida por el resultado conseguido por Cameron, por citar unos ejemplos.

Veremos qué tal se portan títulos como “Toy Story 3″ o el debut en 3D de “Harry Potter”, ambos previstos para este año.

Es cuestión de tiempo que la audiencia, que paga bastante más por enfundarse las gafas de plástico en el cine, empiece a menospreciar la conversión del 2D al 3D y se hable del “3D bueno y del 3D malo”, igual que con el colesterol.

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