Vuelve el Mundial, por fin. Una alegría para los apasionados del fútbol, aunque sea desde el sofá, que llega con un pan debajo del brazo. Y es que la cita deportiva más importante del planeta, con permiso de las Olimpiadas, va a suponer un alivio para las atormentadas economías de los países desarrollados y, sobre todo, para sus políticos. Eso es un hecho.
Una vez que empiece a rodar el balón el 11 de junio en Sudáfrica, la maquinaria mediática global pondrá la crisis en el congelador para llenarse de titulares grandiolcuentes, forofistas y tremendistas a partes iguales, que invitarán a los ciudadanos a concentrar su rabia y su ilusión en que el esférico toque el fondo de la red. Si la fe mueve montañas, el fútbol puede mover el mundo, al menos un poco.
El país que gane la ambicionada copa verá crecer su PIB una media de un 0,7 por ciento con respecto al año anterior, según cifras de un informe publicado en 2006 por el banco holandés ABN Amro después de estudiar el impacto económico de esta competición en los diferentes países a lo largo de la Historia.
La cifra no es ninguna tontería si se tiene en cuenta que, por ejemplo, se estima que España (uno de los países favoritos para ganar el Mundial) verá caer su PIB un 0,2 por ciento este año (según datos de la OCDE) y que la mayoría de países europeos, que están con el agua al cuello aplicando durísimos ajustes económicos y por ende sociales, experimentarán un crecimiento mínimo de su producto interior bruto. Ante ese panorama, el verdadero premio de levantar la copa será su cuantificación macroeconómica.
Pase lo que pase, es evidente que la hostelería se verá beneficiada con un aumento del consumo en junio gracias a las retransmisiones de los partidos, lo mismo que las tiendas que venden material relacionado con el evento y otros sectores que por H o por B sacarán tajada del entusiasmo que se apodera de los seguidores de los distintos equipos que por un rato se olvidan de sus penas y dan rienda suelta al gasto.
ABN Amro señaló además que la victoria en el torneo de un país de la Unión Europea es beneficioso para todos los socios, ya que dinamiza uno de los mercados que, al demandar más productos, importa más mercancías y éstas en su gran parte provienen de otros estados de la UE.
Un fenómeno parecido sería esperable en otras zonas del mundo.
Únicamente en dos ocasiones las economías de los países vencedores no mejoraron el año de su triunfo en la competición, Alemania en 1974 y Argentina en 1978.
La mala noticia es que puestos a perder es mejor no quedar segundo, al menos según las cifras del banco holandés que indicó que los países subcampeones tienden a dejarse no solo las ilusiones en el camino hacia la gloria deportiva, sino además un 0,3 por ciento de media de la caída de su PIB.
Pan y circo, que dirían los romanos. Yo me conformo con que la pelotita entre.








