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Mundo real(ity)
Por Fernando Mexía - Espectáculos, featured, headline - 15/06/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Las zancadillas de unas becarias trepas por conseguir un empleo en la revista de moda Marie Claire, la muerte en alta mar de los pescadores de Alaska, el hambre y la soledad de un hombre aislado en su lucha contra los elementos, la búsqueda de un nuevo amor para un millonario/a o la desesperación de unos padres que quieren que su hijo/a deje a su pareja son algunas de las historias enlatadas con las que las cadenas de televisión estadounidense tratan de seducir a unos espectadores que lo ha visto ya casi todo. El denostado género del reality show ofrece su mejor y peor cara en EEUU, donde la maestría de sus profesionales de la televisión a la hora de crear situaciones de interés y los ingentes medios técnicos que poseen permitirían llevar con éxito a la pequeña pantalla la vida de cualquiera de nosotros.
Más allá de los internacionales Big Brother, American Idol o Dancing with the Stars hay un sinfín de producciones más o menos conocidas en las que se aplican con inteligencia cinematográfica una y otra vez los ingredientes fundamentales que hacen que cualquiera pueda ver durante media hora cómo un perro malcriado por sus dueños desiste en su actitud rebelde cuando tiene ante sí a un auténtico “pack leader” (Dog Whisperer).
El de adiestrador de perros (los puristas quizá le llamaría psicólogo al mexicano César Millán) es uno de los muchos trabajos televisables a los que han metido mano las grandes cadenas de EEUU. Uno de los más fascinantes es el de pescador del cangrejo rey en las aguas del estrecho de Bering, en Alaska, que se cuenta en Deadliest Catch. Unos rudos marineros que se baten con olas imposibles mientras recogen unas gigantescas nasas y tratan de llenar sus bodegas con crustáceos para regresar a puerto cuanto antes y obtener el precio más alto en la lonja.
Ese reality pone a sus camarógrafos en convivencia con la tripulación y les permite captar imágenes tan dramáticas como el rescate de marineros caídos por la borda en una situación real de via o muerte o la recuperación de los cuerpos de otros lobos de mar que tuvieron el infortunio de naufragar en las gélidas aguas del océano.
La cuestión laboral es tratada con acierto por Dirty Jobs, donde un presentador con pocos escrúpulos realiza los empleos menos apetecibles, aunque sin duda la temática predominante en estos espacios de televisión tiene que ver con la estética y el glamour.
Millionaire Matchmaker es un asombroso programa (de esos que hace dudar de su veracidad) en el que una autoritaria empresaria entendida en relaciones de pareja presenta a sus millonarios clientes un menú de pretendientes con el objetivo de que surja el amor.
El mundo de las bodas tiene una colección de realities, desde aquel en el que se sigue a las dependientas de una tienda de vestidos de novia en su jornada laboral (Say yes to the dress), hasta el estrés de una organizadora de bodas en Whose Wedding is it Anyway? pasando por la esperpéntica celebración de los llamados “paletos” estadounidenses en My Big Redneck Wedding.
Para ver peluqueros en acción basta con conectar con Split Ends y cuando se trata de interiorismo, en fin… la lista de programas cuyo fundamento es mejorar la apariencia de las casas de los espectadores es interminable: Dress My Nest, Clean House, Design on a Dime o Spice up my Kitchen, son un ejemplo.
La moda nos deja a los asesores estéticos How do I Look? que intentan rescatar del horterismo a sus participantes y diversos concursos en los que unos tratan de encontrar a los nuevos rostros de la pasarela en EEUU (Make Me a Supermodel, American Next Top Model) y otros exprimen el talento de futuros diseñadores en Project Runaway y The Fashion Show.
La cocina nos deja los retos culinarios de Top Chef y su edición de cocineros consagrados, Top Chef Masters.
En términos de supervivencia tenemos el magnífico Survivorman en el que un hombre se enfrenta en soledad
(incluso se graba a sí mismo) durante siete días a entornos hostiles en los que es abandonado por los miembros del equipo sin alimentos y comida suficientes para sobrevivir.
En esa línea hay otros productos como Surviving Alaska, donde los concursantes sufren el frío y la penuria mientras marchan por increíbles parajes, y el llamativo Man vs. Wild (todos en Discovery Channel).
El esperpento llega de la manolos programas conllevan múlitples secuencias humillantes para los protagonistas y donde prolifera el sentimiento de vergüenza ajena.
En Running in heels varias aspirantes a periodistas de moda en la revista Marie Claire juegan sucio en su intento desesperado por conseguir un empleo. Pero el podium del no-va-más tiene sus líderes en otros espacios.
Parental Control muestra como unos padres, molestos con la novia/o de su hijo/a, buscan en un casting a un par de posibles sustitutos/as. Después hay una citas y finalmente el/la hijo/a decide si sigue con su pareja o la cambia por las novedades.
La cosa no acaba aquí, en MTV tenemos en estos momentos la segunda temporada de Paris Hilton’s My New BFF donde la millonaria nieta del fundador de la cadena hotelera pone en un brete a unos jóvenes con pocos principios que intentan convertirse en la mejor amiga de esta princesa del trono mediático.
Hace un tiempo pudimos ver Kid Nation, una comunidad de niños que viven sin padres y se organizan como si fueran adultos, aunque el premio se lo lleva, en mi opinión, Extreme Makeover, donde se convierte en historia televisiva las operaciones de cirugía estética de diversos personajes de estado mental cuestionable.
En español también tenemos lamentables productos como El Ticketero, programa que sigue los pasos de agentes-pone-multas a la caza de vehículos mal estacionados. Un espacio evidentemente pactado para crear una falsa realidad y donde el supuesto empleado municipal termina discutiendo con furiosos conductores que tratan por todos los medios de evitar el ticket.
Esto es una muestra representativa de los realities en EEUU, los que triunfan, los que te ponen los pelos punta y los que hacen que uno tenga ganas de apagar la televisión para siempre.
Carmela Soprano, ahora enfermera
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick, featured - 06/06/2009
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Enfermera Edie
Ser popular es la bendición y la cruz de los actores. Que cualquier fulano llegue algún día a reconocerte por la calle y a llamarte por tu nombre es el anhelo que compensa miles de noches poniendo copas en los bares y otras tantas mañanas memorizando separatas en las colas de los casting. Cuando llega el momento de la gloria, las marujas les paran en el supermercado pidiendo que estampen su firma en un paquete de cereales, las adolescentes se pisan unas a otras por conseguir un mechón de pelo y los raritos sin amigos les mandan cartas en las que nunca falta la frase “solo yo puedo entender tu soledad”. Los actores reivindican entonces su derecho al anonimato, cuando ya es tarde.
En este tema, como en muchos otros, se pone de relevancia la diferencia de clases que aún separa al cine de la tele. El espabilado productor llamado Tom Hanks no se cansa de subrayar que es en la pequeña pantalla donde se encuentran las grandes historias. Pero él, que no necesita dar tarjetas de visita en las reuniones para que los ejecutivos de las cadenas se queden con su cara, no va a protagonizar ninguna de ellas. ¿Para qué? La gente que trabaja todos los días en lugar de tres meses al año lo hace por obligación, no porque quiera. Y eso es igual en Hollywood o en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo.
Un actor en activo en la tele, no sólo curra más que en el cine, sino que tienen un plus de molestia añadido a la popularidad: la versión cuerda de la esquizoide sensación “es como si fuera mi colega de toda la vida” que nos produce a los espectadores convivir con sus personajes, todos los martes, todos los domingos, todos los días los más adictos. Integramos sus ficticias historias en nuestro entorno cotidiano, les dedicamos más tiempo, a veces, que a un amigo o a un hermano. Obviamos al actor y adoptamos al personaje. Nueve de cada diez personas que coincidieran con Hugh Laurie en la cola del cine se sentirían tentados a charlar con él de manera espontanea, con toda confianza. No lo hacen, claro, sobre todo por miedo a que, al más puro estilo doctor House, el actor les espetara “¿le conozco de algo?”.
Toda una parrafada para justificar que se me ha hecho muy difícil enfrentarme al primer capítulo de Nurse Jackie aislando el hecho de que la prota sea Edie Falco. La Jackie del título, el personaje interpretado por Falco, es una experimentada y poco ortodoxa enfermera de urgencias de un hospital de Nueva York. Lo primero que me pasó por la cabeza cuando la vi aparecer, embutida en el pijama azul, fueron las uñas de Carmela Soprano, “¿cómo narices va a ser capaz de coger una vía esta mujer?”, pensé. Sin embargo, más allá del personaje, Falco es una actriz prodigiosa, así que, en pocos minutos, ya entendía de qué iba esta otra veterana de la vida, sufrida y apaleada, feminista y currante, en las antípodas de la gran dama de Nueva Jersey.
Nurse Jackie es marca Showtime y, como tal, está hecha a imagen y semejanza de las más exitosas producciones de la cadena en la que se emite. Jackie echa un polvo donde le pilla, toma drogas a diario e impone su propia ley. Californication, Weeds, Dexter. Muy bien escrita y muy bien grabada, una serie estupenda que no me ha enganchado nada. ¿Lo mejor? Ella. Sin medias tintas: está soberbia. Porque es un pedazo de actriz que valen un potosí. Como Glen Close o como Sally Field, estrellas de cine repudiadas que aún conservan su nombre propio y que, sin duda, preferirían hacer una peli al año y dedicarse a vivir los nueve meses restantes. Pero solo la tele les valora (o sea, les paga) la veteranía. A diferencia de ellas, Falco será siempre más Carmela que Edie. Que no poco.
HBO hace series malas
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick - 02/04/2009
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HBO hace series malas
De un tiempo a esta parte oigo un montón lo de “yo es que solo veo series de la HBO”, como nota de distinción para desmarcarse de la chusma que disfruta con Brothers and Sisters, How I met your mother y otros estupendos productos de esa tele estilo marca blanca de Carrefour. “¿Has visto ya The Tudors? ¡Es magnífica! Si es que, todo lo que hace HBO…” Ante argumentos como estos, donde lo que prima es la etiqueta, de poco sirve comentar que la serie protagonizada por Jonathan Rhys Meyers es una pieza vintage que no merece tanto aspaviento, hecha al rebufo de la estupenda Roma que, por cierto, sí emitió y produjo HBO. En un alarde de concreción innecesario, le sueltas a tu interlocutor: “The Tudors no se emite en la HBO sino en el canal Showtime”. Lo normal es que el pijo de la tele se te quede mirando, con todo el odio del mundo, como si le hubieses arrancado el cocodrilo del polo.
Nadie es infalible. Terminemos con el axioma de que la HBO es el Midas de la calidad en la tele: invito al respetable a que recuerde (vía Youtube) aquella horterada llamada Lucky Louie, sitcom rancia y zafia donde las haya, que sufrimos hace un par de veranos y cuya única cualidad era que solo duraba media hora. Eso es mucho más de lo que puedo decir de The No. 1 Ladies’ Detective Agency: nada más y nada menos que 109 minutos de premiere se cascó la más molona de las cadenas de Time Warner en la noche del domingo 29 de marzo. Dirigida por Anthony Minghella (The English Patient), producida por Sydney Pollack (Out of Africa) y escrita por Richard Curtis (Love Actually), o sea, todo etiquetas de primera, esta nueva serie está inspirada en unas novelas policiacas escritas por Alexander McCall Smith (no, yo tampoco sabía quién era este señor hasta que vi la serie), un intelectual escocés que combina con los otros tres como una pañoleta palestina con una camisa Burberry: es el toque de mercadillo alternativo justo y necesario para ser supercool.
Y aún así, The No. 1 Ladies’ Detective Agency no pasa de ser una serie muy mala llena de buenas intenciones.
Cuenta la historia de Precious Ramotswe, una chica de Botsuana que decide usar la herencia de su padre para hacer algo de provecho. En un país donde la esperanza de vida es cincuenta años y casi el 40% de la población está infectada con el VIH, a Precious le podía haber dado por montar una ONG pero no, ella cree que lo que los habitantes de Gaborone están pidiendo a gritos es una agencia de detectives dirigida por una mujer. Contra todo pronóstico le empiezan a llover casos: cornudas, desaparecidos, fraudes, conflictos que igual podrían darse en Harlem, en Des Moines o en Alcorcón, y que esta Jessica Fletcher africana resuelve porque sí, porque “las mujeres nos fijamos en cosas a las que los hombres no dais importancia”… Siendo un procedural drama (series tipo Cold Case, CSI o Bones, en las que se resuelve un caso por capítulo) The No. 1 Ladies’ Detective Agency se queda con lo peor del género, lo superficial de sus personajes, y se olvida de lo divertido, el procedure (procedimiento), el desenredar la madeja. Empeñados en conseguir un amable alegato feminista surge una fábula pueril tan aburrida que haría dar cabezadas al Oso de la Casa Azul. Esta nueva serie es un manual de Educación para la Ciudadanía trasnochado, donde lo único que brilla es la maravillosa sonrisa Jill Scott, su protagonista; una deslumbrante dentadura que está tan fuera de lugar en un poblado del sur de África como desubicada está The No. 1 Ladies’ Detective Agency en la HBO, a cuyo sello de calidad le luce este nuevo estreno como a un santo dos pistolas.
The No. 1 Ladies’ Detective Agency se emite todos los domingos a las 20.00 hora de la costa este de EE.UU. en HBO.
¡Me gusta la tele!
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick - 22/03/2009
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R. I. P.
Hace pocos meses que murió Michael Crichton, escritor de best sellers y mente calenturienta que parió argumentos demenciales como Disclosure (¿qué varón heterosexual protestaría si Demi Moore se le tirase al cuello?) o Twister (¿perseguir tornados es una profesión?), amén del trozo de resina más rentable de la Historia (con permiso del hachís, Jurasic Park recaudó en taquilla la friolera de mil millones de dólares). Todo esto es suficiente como para que yo le hubiese declarado odio eterno y, sin embargo, le estaré por siempre agradecida, porque fue gracias a Michael Crichton que yo salí del armario.
En mi casa, cuando yo era pequeña, que te gustara la tele era, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo.
¿Leer? Cuanto más, mejor, pero engancharte a una serie era considerado un delito de lesa disciplina. Así que tuve que disfrutar de mi amor por Remington Steele a escondidas, gracias a la complicidad de aquel primer VHS y de una cinta (la única que teníamos) machacada, que fastidiaba los cabezales en cuanto desaparecía tras la alargada lengüeta. Aún hoy el crepitar del celofán me pone la carne de gallina; recuerdo el dedo sobre el botón de tracking y, poco a poco, las rayas que iban desapareciendo…
Yo pensaba que en la universidad todo sería diferente, pero no. Podías colar una cita de Woody Allen en cada conversación y nadie te consideraba una friki. Al contrario: eras la más guay. Pero ay de ti si se te ocurría confesar que encendías el televisor en soledad (en grupo, también estaban permitido ver fútbol) para algo más que estar al tanto de las noticias o ver Blood Simple en el Cineclub de madrugada. Conozco a uno que se atrevió a reconocer que, en su época de instituto, había echado un vistazo a algún capítulo de Farmacia de guardia: pasó de inmediato a convertirse en un paria intelectual. Fueron unos años muy duros.
Un martes del invierno de 1996, creada por Michael Crichton, E. R. apareció en el prime time de Televisión Española. Nunca había visto nada parecido. Desde que arrancaron los créditos no pude apartar los ojos de la pantalla. La cámara volaba, literalmente, por los pasillos del County General de Chicago. Igual que el pardillo llamado Carter procuraba no liarme, entre la incesante actividad y el exceso de información. Conocía la teoría pero, como el residente novato, estaba a punto de perder la virginidad y enfrentarme al mundo real: realización, diálogos, dirección, iluminación, trama, dirección artística, personajes, se materializaron y se combinaron con agilidad, espectáculo, riesgo, trasgresión, elegancia, pulcritud, naturalidad. No había duda, aquella era la serie perfecta. Estaba en éxtasis. Envalentonada por la euforia, al día siguiente, en mitad de una tertulia de sesudos plumillas, como un kamikaze del batallón de la cultura de los integrados, declararé orgullosa: “¡Me gusta la tele!”.
Vaya si han cambiado las cosas desde entonces. Hoy en día, por ejemplo, tener un abuelo republicano está pasadísimo; ahora lo que se lleva es presumir de que, en los noventa, ninguno podíamos despegarnos de Twin Peaks. Yo confieso que nunca me puso lo más mínimo tanto enano raro, tanta frase surrealista y tanto secundario de West Side Story. De todas las series que han pasado por mi vida E. R. ha sido quizá la más determinante y, sin duda, la más duradera hasta la fecha. Televisión Española se empeñó desde el principio en que lo nuestro no funcionara, cambiando los horarios de emisión y retirándola sin previo aviso. Yo, como la sufrida esposa de un médico, esperaba un nuevo encuentro ansiosa, despierta hasta altas horas de la mañana.
Después de diez años, la cosa se enfrió. No es que ya no me gustara pero las circunstancias cambiaron mucho. Estalló una revolución y, de la noche a la mañana resultó que ya no teníamos que estar sujetos a la dictadura de las cadenas de televisión. Empezaron a aparecer series por todas partes, frescas, arrebatadoras; muchas eran solo fachada, bien es cierto, pero tardé en darme cuenta. La carne es débil y los primeros cinco minutos eran tan contundentes… me dejé seducir.
Continué sabiendo de ella por lo que leía y lo que me contaban. Lejos de perderse como lágrimas en la lluvia, los buenos momentos que pasé con E. R. vuelven ahora, justo cuando su vida se extingue, como recortes en un álbum. Recopilados, un puñado de proezas televisivas: un falso documental emitido en directo (dos veces en la misma noche: una para la costa Este, otra para la costa Oeste), un episodio tipo “Memento”, construido a base de pequeños tramos que, desde el final, recapitulan la historia; un emocionante secuestro en el que un escocés llamado Ewan McGregor nos tiene sin salir de una pequeña tienda, y con el corazón en un puño, durante 45 minutos; ejercicios de virtuosismo narrativo donde el principio de un día de guardia transcurre paralelo al final de la noche… de ese mismo día. En otra página, un hijo sordo que cura la soberbia de Benton, un esquizofrénico que abre en canal a Lucy, un helicóptero que amputa el brazo de Romano, un pequeño terminal al que Doug alivia con la dosis de morfina adecuada, una bombero que enseña a Weaver que es sano ser gay, el nacimiento de las gemelas de Carol, la muerte de Marc…
En fin, las cosas que pasan en un hospital.
Descanse en paz.
P. S. ¡Qué despiste!, casi se me olvida mencionar que E. R., como todo el mundo sabe, descubrió para el gran público a un actor que llevaba años defendiendo secundarios en la tele y que, gracias a su paso por el County General, vio despegar una brillante trayectoria profesional: desde luego, William H. Macy tiene mucho que agradecer a E. R.
“El plumilla” suma más de 10.000 visitas
Por Fernando Mexía - Cine, Colaboradores, Columnistas, Economía, Espectáculos, Periodismo, Política, música, sociedad, tecnología - 13/02/2009
El plumilla alcanzó hoy 12 de febrero las 10.000 visitas, una cifra que simboliza la buena acogida del blog tras solo dos meses de vida en el ciberespacio. Un éxito que se debe a la calidad de los textos realizados por los columnistas y colaboradores de este proyecto de opinión en español en la red.
El cine, especialmente la información relativa a los Óscar, acaparó la mayor parte de las visitas, con más de 3.000 del post sobre las nominaciones -que empezó siendo un pronóstico y se actualizó a la lista de candidatos tras darse a conocer los nombres- y cerca de 400 que lleva el extenso artículo sobre los favoritos a alzarse con la estatuilla. Las críticas de Antonio Martín y Kubelick tuvieron una gran acogida.
Destacaron también los artículos sobre los vídeos virales, el nombramiento de Obama, las aportaciones de motor del bloguero Raúl Fernández, la perspectiva periodística de Juan Berga y las aportaciones económicas de los periodistas María Benito y Óscar García Muñoz.
La última incorporación del también periodista Eduardo Alonso, centrado en la actualidad musical, o la del cinéfilo David Valenzuela, no ha hecho más que aumentar la repercusión del blog.
Gracias a todos ellos por su dedicación y esfuerzo. Gracias también a los cientos de lectores que seguís con más o menos asiduidad El plumilla, un proyecto que sigue creciendo a pesar de la crisis.
Un saludo,
Fernando Mexia
Super Bowl, un gol a la crisis
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, Espectáculos, María Benito - 03/02/2009
María Benito, periodista
Super Bowl: La gran fiesta de la publicidad en EE.UU.
No sé cuál de los anuncios emitidos antes de la Super Bowl, la final de fútbol americano, después o durante la retrasmisión fue más divertido, aunque según dice algún periódico Doritos y Monster lograron arrancar las carcajadas. Esto es importante. En la noche más importante del año deportivo en EE.UU. tenía que predominar el optimismo, pero también la contención. Contención y sacrificio, como dice Obama, a pesar de que se pagase unos 100.000 dólares por segundo (en algunos espacios publicitarios la NBC tuvo que hacer descuento porque las tarifas eran altas para tiempos de crisis).
Lo que me interesa del asunto es que a pesar de que la crisis que nos afecta a todos también ha causado alguna dificultad al gran evento mediático y deportivo (por este orden) del año en Estados Unidos, la Super Bowl es la Super Bowl, como dicen los anunciantes, y otra vez se ha llevado el gato al agua.
La final de fútbol americano, que se celebró el domingo 1 de febrero en Tampa, Florida, es el gran escaparate de la publicidad, un acontecimiento que siguen unos 90 millones de personas, un tercio de la población de EE.UU. Por eso cada año ha marcado récords en los precios de los espacios publicitarios, todo el mundo quiere estar ahí, aunque sea más rentable a largo plazo (para crear marca), que a corto, según Tim Calkins, profesor de marketing de la Northwestern University.
Este año la cadena NBC vendía los espacios de 30 segundos a 3 millones de dólares, lo que supone un 11% más que en 2008. Según los datos de Nielsen, los precios han ido subiendo a buen ritmo desde la primera edición, en 1967, cuando se pagaron 37.500 dólares por cada medio minuto, no está mal…
Así que a pesar de que algunos clásicos del evento se han retirado por las dificultades económicas y los problemas de imagen que les causaría pagar esa cifra cuando han solicitado el rescate del Gobierno o anunciado el despido de miles de personas, la Super Bowl ha sido, económicamente, un éxito. Con razón se mostraba satisfecho Dick Ebersol, presidente de NBC Universal Sports & Olympics, que dijo estar “encantado” por haber vendido todos los espacios. En concreto, NBC Sports ha conseguido 206 millones de dólares de ingresos por publicidad.
De los que sí han estado este año, quiero destacar el caso de Pepsi, que ha realizado una gran inversión. Además de comprar tres minutos y medio (fue el segundo anunciante tras Anheuser-Bush InBev) y emitir un anuncio en 3D, la compañía de refrescos ha firmado este año un acuerdo para bloquear a su eterno rival, Coca Cola, durante la primera mitad de la retrasmisión, según la revista Forbes .
Así que pese a la recesión que sufre EE.UU. (la economía se contrajo un 3,8% en el último trimestre) la Super Bowl es la Super Bowl y la gente necesitaba un respiro, ya se han emitido demasiados mensajes negativos en los últimos meses, necesitaba fútbol, espectáculo y anuncios bonitos… the show must go on! Que se lo digan a Springsteen, que ha sacado las entradas para su gira de primavera el día después de actuar en la final de fútbol.
Historia de los logos de los estudios de Hollywood
Por Fernando Mexía - Espectáculos - 16/12/2008
David Alayón en el blog Citizen MacGuffin elaboró un interesante resumen sobre la historia y los orígenes de los logos de los estudios de Hollywood. La idea tiene su miga y la dividió en dos partes. A la espera de que salga la “secuela” del artículo, aquí van los “highlights” de este post.
Dreamworks

Estudio fundado por Steven Spielberg, Jeffrey Katzenberg y David Geffen. La idea era evocar la edad dorada de Hollywood (décadas de los 30 y 40). Un hombre pescando en la luna quedó finalmente en un niño, inspirado en el hijo del dibujante, sentado en una imagen de cuarto menguante del satélite terrestre.
Metro-Goldwyn-Mayer (MGM)
El famoso león de la Metro surgió en 1924 (Leo the Lion) y se basó en el equipo de atletismode la Universidad de Columbia, que se llamaba “los leones”. En un origen identificaba a los estudios de Samuel Goldwyn y permaneció cuando se fusionó con Metro Pictures y Louis B. Mayer Pictures. Desde entonces, cinco leones han interpretado ese papel.
Twentieth Century Fox
En 1935, Twentieth Century Pictures y Fox Film Company se unieron dando lugar a Twentieth Century-Fox Film Corporation. El logo original de la Twentieth Century Pictures fue creado por Emil Kosa Jr permaneció igual después de la fusión excepto por un único cambio: “Pictures, Inc.” por “Fox”. Posteriormente se añadió la música compuesta por Alfred Newman.
Paramount
Paramount Pictures Corporation fue fundada en 1912 y la montaña que aparece como logo fue dibujada incialmente como un garabato en una reunión con el fundador del estudio, y se inspiró en la montaña Ben Lomond del estado de Utah, en EEUU. Es el logo más antiguo. Las estrellas que coronan la imagen representaban los contratos firmados con celebridades.
Warner Brothers
Este estudio fue fundado por cuatro hermanos judíos que mudaron su nombre de nacimiento a Harry, Albert, Sam, y Jack Warner. El logo está compuesto por las iniciales de “Hermanos Warner” y ha sufrido numerosos cambios a lo largo de la historia. A pesar de sus mutaciones nunca faltó la “W” como imagen de marca.
Columbia
Columbia Pictures fue fundado en 1919, el logo fue diseñado en 1924 y era la personificación de América en una mujer. Nunca se supo a ciencia cierta quien fue la modelo aunque no faltaron rumores: Claudia Dell, Amelia Batchler o una desconocida Jane Bartholomew. El logo fue rediseñado en 1993 con la modelo Jenny Joseph, una ama de casa.
Walt Disney
El logo de Walt Disney era la firma del propio Walt Disney, algo más estilizada y retocada pero inspirada totalmente en ella. A partir de ese momento el logo ha tenido muchas versiones, siempre manteniendo la firma pero con añadidos. Para el estudio se incluyó el castillo de Magic Kingdom detrás, basado en el Castillo Neuschwanstein (en Alemania).
Dos vídeos electorales que no hay que perderse
Por Fernando Mexía - Espectáculos, Política - 31/10/2008
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=tFyhFJjVWVg]
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=LK64R_axNPs]
El futuro de Sarah Palin podría estar en televisión
Por Fernando Mexía - Espectáculos, Política - 24/10/2008
Candidata a la vicepresidencia de EEUU, gobernadora de Alaska, madre conservadora aficionada al hockey… Sarah Palin es ahora también una estrella televisiva. Sus posiciones ideológicas, su aspecto y su forma de expresarse la han convertido en un reclamo para los estadounidenses. Bien sea por que la adoran, bien sea porque la odian, las aparaciones de Palin en la pequeña pantalla se cuentan por éxitos de audiencia. No es de extrañar que en Hollywood estén pensando en la manera de sacar partido a la política republicana como estrella del showbusiness una vez pasen las elecciones. Entre las opciones más plausibles para la gobernadora es encuentra presentar un programa magazine, dirigir un espacio informativo de debate o incluso algunos apuntan, con sorna, poner en marcha un reality show sobre su familia: “The Palins”. Leer el resto de la entrada »
Los extraterrestres que no vinieron. Dossier
Por Fernando Mexía - Espectáculos - 15/10/2008
Pasó el 14 de octubre y ni rastro de naves espaciales en el firmamento, algo que no debería extrañarle a nadie. Aún así, y teniendo en cuenta el interés despertado por el acontecimiento en internet, decidí echarle un vistazo a los que se “cocía” por la web tras el fracaso del avistamiento.
Teorías conspiratorias aparte, a nadie se le escapa que la llegada de alienígenas a nuestros cielos habría supuesto una noticia que casi cualquier periodista querría contar, cualquier noticiero querría dar y millones de personas querrían ver. En suma, que muchas empresas querrían usarlo para anunciar sus productos y, por tanto, sería un gran negocio… Leer el resto de la entrada »








