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The Colony, un “reality” postapocalíptico

fer Fernando Mexía, El plumilla.

La civilización se ha ido al cuerno tras una catástrofe global dejando tras de sí montañas de chatarra, algunos edificios y un grupo de 10 supervivientes que tienen que emplearse a fondo para recuperar parte de aquella sociedad reducida a un estado de barbarie a lo “Mad Max”. Lejos de ser un escenario real (por fortuna), éste es el panorama del último gran “reality” producido en EEUU: “The Colony”.

Experiencia televisiva que lleva un paso más allá la fórmula exitosa de “Survivors”, “The Colony” traslada a los participantes a una jungla de asfalto que poco tiene que ver con las paradisiacas playas tropicales de los náufragos de la pequeña pantalla, más higiénicas y menos productivas, que siempre terminaban ofreciendo escenas de concursantes tomando el sol y embriagándose de zumo de coco mientras se los comían los mosquitos. Leer el resto de la entrada »

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Crítica de cine: District 9

fer Fernando Mexía, El plumilla.

District 9 es la mejor película de ciencia ficción desde Matrix. Así, sin medias tintas. Ha habido que esperar una década para que alguien ingeniase un filme fresco, dinámico, lleno de interrogantes y que dibujase una realidad imposible que mantuviese al espectador pegado al asiento tratando de asimilar lo que está viendo.

El hecho de que esté realizada como si por momentos se estuviese viendo un documental es un acierto del director, el novato Neill Blomkamp, quien ha sabido contar una historia de alienígenas con una perspectiva hiperrealista que lleva el típico conflicto entre las diferentes civilizaciones del espacio a un contexto tan terrícola como la xenofobia. Leer el resto de la entrada »

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Crítica de cine: G.I. Joe: The Rise of Cobra

fer Fernando Mexía, El plumilla.

Si te apasiona la saga de The Mummy y disfrutaste con la secuela de Transformers es muy probable que G.I. Joe: The Rise of Cobra sea la película que estabas esperando este verano para matar el gusanillo de acción a raudales y derroche de efectos especiales. Un filme con guión muy poco exigente que presenta de forma oficial en la gran pantalla a los exitosos juguetes de Hasbro, ese cuerpo de soldados de élite de EEUU que combaten día sí y día también al peligroso Cobra y sus esbirros. Una batalla vista en dibujos animados a la que ahora dan vida Dennis Quaid (The Day After Tomorrow) o un cada vez más popular Channing Tatum (Step Up).

El secretismo practicado por Paramount con la prensa para ocultar a los críticos el debut de los “Joes” antes del estreno oficial -para evitar reacciones negativas- carece a la postre de fundamento. Un miedo injustificado a la vista del resultado en taquilla de la denostada por los medios Transformers: Revenge of the Fallen, posiblemente una de las peores historias de los últimos años que sin embargo supera ya los 800 millones de dólares de recaudación en todo el mundo. G.I Joe va dirigida al mismo tipo de público y nace con vocación de saga. A su favor, el guión está algo más elaborado que el de la última de robots; en su contra, los efectos especiales no están tan cuidados como deberían.

G.I. Joe: The Rise of Cobra introduce al espectador en el seno de la organización secreta de militares de élite puesta en marcha por EEUU para combatir en la sombra amenazas globales cuyo potencial pone en evidencia la tecnología de las fuerzas de seguridad convencionales.  Unos cuerpos especiales dirigidos por el General Hawk (Quaid) que reclutan por accidente a un par de aguerridos soldados, Duke (Tatum) y Ripcord (Marlons Wayans), con el objetivo de proteger -primero- y  recuperar -después- una sofisticada arma nanotecnológica capaz de hacer añicos cualquier cosa que se le ponga por delante. El resto de la unidad de Joes protagonistas son la “camuflada” Scarlett (Rachel Nichols) , Heavy Duty (Adewale Akinnuoye-Agbaje), Snake Eyes (Ray Park) y el tecnológico Braker (Saïd Taghmaoui). La sorpresa es un breve cameo de Brandon Fraser, un declarado fanático de los G.I. Joe y amigo del director Stephen Sommers, a quien le pidió que le diera un papelito en la historia mientras estaban grabando la tercera parte de The Mummy.

La guapa Sienna Miller será la cara “dulce” del opaco universo Cobra, que se define según va avanzando el filme -posiblemente lo más interesante de la producción- que termina de forma inquietante; un final que no se sostiene sin una segunda parte.

Los aficionados a la serie de dibujos y aquéllos que jugaron con los muñecos podrían llegar a sentirse defraudados por la superficialidad con la que se tratan algunos de los personajes o el papel que tienen algunos, como el General Hawk, que queda K.O a mitad de película y se limita a arengar a sus pupilos sin verse involucrado directamente en la acción. Tampoco toma decisiones fundamentales. La relación amorosa entrelos personajes de Tatum y Miller que tiene por objeto trasladar el conflicto entre el bien y el mal a un plano emocional resulta en ocasiones fuera de lugar. La historia sí se detiene en los orígenes del misterioso Snake Eyes y su pique con Storm Shadow (Byung Hun Lee), que se remonta a la infancia en una escuela de artes marciales de Japón.

Los efectos especiales, por otra parte, se muestran inconsistentes, con secuencias bastante conseguidas, como la persecución en las calles de  París y la destrucción resultante, aunque suspende a menudo en los pequeños detalles que son los que terminan por definir la calidad de un producto. Llama la atención el acabado de algunas imágenes,  más propio de una estética de videojuego que poco tiene que ver con la resolución alcanzada por Michael Bay en Transformers.

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    Julie & Julia, para chuparse los dedos

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Julie & Julia es una película para chuparse los dedos. Una oda a la cocina de puchero, doméstica, a esa que se huele desde la calle al pasar, la que salpica, mancha y llena todo el plato. El filme está llamado a convertirse en un fenómeno del paladar que traspasará las pantallas como ocurriera con Sideways (Entre copas) en 2004, cuando Hollywood puso de moda la cultura del vino -especialmente de la variedad de uva Pinot Noir- entre los consumidores de palomitas.

    La tradición culinaria francesa se convierte en el hilo argumental de esta historia basada en hechos reales que entrecruza la vida de sus dos protagonistas, Julia Child (Meryl Streep) y Julie Powell (Amy Adams), dos mujeres que nunca se conocieron, criadas en épocas distintas, a las que unió su pasión por la cocina.

    Tanto Julie como Julia encontraron en la comida su camino hacia la realización personal, ambas apoyadas por sus maridos, ambas sin expectativas de éxito pero las dos con un contagioso entusiasmo y optimismo, que recoge con éxito esta producción llena de buenos valores, algo poco frecuente en las creaciones de la meca del cine.

    La trama se mueve en el paralelismo vital de Julie y Julia y toma sus referencias de los libros Julie and Julia de J. Powell y My Life in France de J .Child, que hilvana con acierto moderado la guionista Nora Ephron (When Harry Met Sally, 1989), una fanática del buen comer que también dirigió el filme.

    La narración traslada al espectador a una Francia en reconstrucción tras la II Guerra Mundial donde Julia fue a vivir con su marido, un diplomático estadounidense, y desarrollo su talento como chef. Acto seguido el espectador viaja en el tiempo al barrio neoyorquino de Queens, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, donde se muda Julie con su pareja. Allí esta joven a punto de entrar en la treintena, y desencantada con su día a día consolando a las víctimas del ataque terrorista, decide poner en marcha un blog en el que se propone contar sus experiencias preparando las 524 recetas de Mastering the Art of French Cooking en 365 días; el libro que convirtió a Julia en la década de los 60 en una celebridad en EEUU, primero en las librerías y después en la televisión.

    Lo que nace como un inocente blog terminará por elevar a la entrañable Julie en una escritora de best sellers que en diciembre de este mismo año (curiosa coincidencia con la aparición del filme) sacará a la venta su segunda obra titulada Cleaving.

    Streep vuelve a demostrar por qué es la actriz más nominada a los Óscar y a los Globos de Oro de toda la historia al ponerse en la piel de la risueña y positiva Julia, y deja un convincente trabajo de Amy Adams, que alterna desesperación y dulzura en su recreación de Julie Powell.

    Streep y Adams coincidieron ya en 2008 en Doubt que les supuso sendas candidaturas a las estatuillas, algo que podría repetirse con esta producción en la que también destaca la labor de Stanley Tucci como el comprensivo Paul Child. Tucci también compartió pantalla con Streep en The Devil wears Prada (2004).

    Si de algo peca Julie & Julia, además de glotonería y exceso de mantequilla, es quizá de metraje al rondar las dos horas de proyección, aunque eso no resta méritos a la película más apetecible de las estrenadas en 2009 hasta la fecha.

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    Anexo (12 de agosto 2009): /TE RECOMIENDO QUE NO SIGAS LEYENDO HASTA QUE NO VEAS LA PELÍCULA/

    Algunos días tras escribir este post encuentro la respuesta a la única incógnita que me dejó “Julie & Julia”: ¿por qué a la risueña Julia Child no le gustó la idea de su admiradora Julie Powell de hacer un blog siguiendo su recetario?

    Pues bien, el diario Los Angeles Times publicó hoy un artículo de una periodista que escribió sobre el blog de Powell cuando aún no era famoso y que se puso en contacto con Child para conocer su opinión. La veterana chef, retirada en 2001, no sabía de aquel proyecto pero tras estudiarlo unos días le comentó a la reportera lo siguiente:

    “Bueno, ella no parece muy seria,  ¿verdad? Trabajé muy duro en ese libro. Probé y volví a probar aquellas recetas durante ocho años para que todo el mundo pudiera cocinarlas y mucha, mucha gente lo hizo. No entiendo cómo ella habría tenido problemas con eso. No debe de tener mucho de cocinera”.

    Child estaba convencida de que sus libros eran muy fáciles de seguir para el americano medio, aunque en la práctica resultaban menos sencillos de lo que creía.

  • La estadística aplicada a los Óscar
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    Crítica de cine: Brüno

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Sacha Baron Cohen no deja títere con cabeza en “Brüno”, una insultante e irreverente caricatura del mundo del famoseo que traspasa las fronteras de Hollywood y ridiculiza sin mesura a diseñadores, padres deseosos de que su bebé salga en televisión, adopciones de niños africanos (como Madonna), a los gays, a los homófobos, a los problemas en Oriente Medio, el abuso a los inmigrantes y un sinfín más de episodios aislados que en conjunto forman una película que pretende asimilar el éxito de su predecesora, “Borat”.

    La interesante apuesta inicial de Cohen (burlarse del famoso) a través del personaje de Brüno, un periodista homosexual austríaco especializado en la moda que está dispuesto a todo por ser una celebridad, termina convirtiéndose en un relato con altibajos, bastante inconexo, y con un más que sobrado contenido sexual tratado de forma soez que hace que uno se pregunte si el filme cruza la línea del género porno.

    Sin entrar en detalle en las secuencias diré que la producción es fiel al estilo de la cámara oculta, que aparecen algunos rostros conocidos (especialmente para el público estadounidense), está envuelta la marca de la española Ágatha Ruíz de la Prada y tenía una escena con La Toya Jackson que fue finalmente suprimida después de la muerte de Michael Jackson (a quien Brüno quería llamar para hacerle una entrevista).

    “Brüno” es un filme pensado para hacer pensar mientras se pasa un buen rato, pero únicamente el espectador que acuda al cine con intención de no tomar partido y distanciarse de las ofensas conseguirá reírse y disfrutar entre tanta falta de respeto.

    El ritmo de la cinta es consistente, se pasa de una historia a otra sin dejar tiempo a digerir lo que acaba de ocurrir. Una concatenación de hechos con más o menos sentido.

    El reto final de “Brüno”, al margen evidentemente de ofender a quienes pueda, es batir los 260 millones de dólares logrados por “Borat”, otra obra de Cohen que fue duramente criticada en Kazajistán -de donde se supone que es el protagonista-, pero que fue recibida con los brazos abiertos en EEUU.

    Reconozco que en el pase de la película al que acudí la sala estaba llena y hubo muchas carcajadas, aunque al final el público se fue dejando un tibio aplauso (muy común en EEUU aplaudir en el cine). Veremos si el mundo entiende las bromas o se queda con los insultos.

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    Crítica de cine: Public Enemies

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    No recomendaría “Public Enemies” a cualquiera, aunque sea una buena película; la primera del año con cierto regusto a Óscar. Le sobran ingredientes para seducir a la crítica: un reconocido y respetado director (Michael Mann), un reparto de lujo (Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard), una cuidada banda sonora y un guión con momentos memorables. Sin embargo, el filme sobre la historia del gánster John Dillinger requiere de un espectador paciente que disfrute con la dramatización de las secuencias, planos largos y silencios oportunos. “Public Enemies” es una película de mafiosos pero ni tiene la atmósfera de “The Godfather” ni el ritmo de “The Untouchables”. Es una película de un ladrón de bancos en la que lo de menos son los atracos, que se limitan a unos cuantos minutos de acción sin introducción previa, sin preparativos. Es una película sobre los inicios del FBI, aunque la organización está tan en pañales que no se le puede exigir una de esas investigaciones cinematográficas a las que Hollywood nos tiene acostumbrado.

    “Public Enemies” es un relato determinista, pegado a la realidad de unos hechos que ocurrieron entre 1933 y 1934 en EEUU, que acerca a la audiencia al personaje de un Dillinger desafiante y seguro de sí mismo, sin miedo a morir pero que respetaba la vida. Un gánster que se aprovechó de las deficiencias del sistema, las nuevas armas de la época y el abaratamiento de los nuevos automóviles para robar a los bancos que produjeron la crisis financiera de 1929 y sumieron a EEUU en la Gran Depresión; aquélla que tanto recuerda a la situación económica que vivimos en la actualidad.

    Que los fans de Mann no esperen un duelo de protagonistas como en “Heat”, ni el suspense de “Collateral” o “The Insider”. Salvando las distancias, el filme tiene un poso más parecido a “Ali”  que a “Miami Vice”. Es una cinta sobre Depp y su capacidad para controlar sus instintos interpretativos y constreñirlos en un moderadamente trastornado Dillinger; posiblemente uno de los personajes más “normales” en la carrera del actor, según él mismo admitió en la presentación de la película.

    Depp está bien como “robin hood” del hampa, sin llegar a la excelencia, aunque regala un par de momentos memorables. Su contundente discurso para conquistar a la chica (Cotillard) y un final sin diálogo en el que su mirada lo dice todo.

    Bale, sin embargo, decepciona un poco. Los seguidores de las últimas producciones de este actor se quedarán con las ganas de ver al intérprete de Batman y Terminator desarrollando un trabajo que se prestaba a mayores matices y que se queda en un policía aprendiz de Harry “el sucio” sin vida privada, de insensibilidad forzada y difícil identificación por parte del espectador. Posiblemente Bale se limitió a ceñirse al guión de su personaje, pero hubiera sido deseable una mayor inmersión en Melvin Purvis, sobre todo porque su caza de Dillinger acabó empujándole al suicidio (no es un spoiler, el dato está en los libros de historia), algo difícil de justificar por lo que se ve en la película.

    Destaca y se agradece la aportación de Cotillard, sin duda el corazón y la candidez amarga del filme. Suya fueron las principales emociones, suya el necesario toque femenino en una cinta con demasiados tipos duros y suya una escena final de esas que gustan a los amantes de los clásicos. A mi juicio Cotillard está de nuevo a una gran altura y no sería de extrañar que su trabajo tuviese el reconocimiento de la industria del cine.

    La película se rodó en alta definición y no en cine por expreso deseo de Mann, que quería dar una estética visual contemporánea a la historia para que el espectador sientiese que estaba viviendo una experiencia de los años 30 y no viendo un filme de la época. Los puristas echarán de menos el toque granulado de la película de toda la vida, si bien eso no daña la narración. Los más inquietos podrán sentir que la historia se alarga sin sentido, pero quien pague por ver “Public Enemies” podrá estar tranquilo de que no tirará su dinero a la basura.

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    Crítica de cine: Transformers 2

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Transformers: Revenge of the Fallen es una película no apta para mayores de 10 años. Ese fue el sabor de boca que me dejó la secuela de Michael Bay (Armageddon, 1998) después de algo más de dos horas de derroche de efectos especiales, acción trepidante hasta el punto del mareo y un hilo argumental que puede sumirte en el mayor de los sueños; como le pasó a la persona que se sentó a mi lado (que se despertaba sobresaltado con cada estruendo).

    Los 200 millones de dólares de presupuesto de este proyecto, el más caro del año -si mis datos son correctos- , se evaporaron en convertir la cinta en un producto a medio camino entre un videojuego descomunal de portentosos robots y una película de serie B que tiene en nómina a Shia Labeouf y a Megan Fox, dos de las estrellas jóvenes más de moda del momento en Hollywood. Algo que también se paga, evidentemente.

    La historia de esta secuela se remonta al principio de la Humanidad, vincula a los malvados Decepticons con el pasado egipcio en una reinvención arqueológica a modo de licencia artística para darle forma a un guión poco profundo que requiere escasa exigencia mental del espectador. La segunda parte de Trasnformers es, como dijo Bay, “una película para el verano”, con todo lo que conlleva esta afirmación que suena a justificación de padre ante un hijo que decepciona.

    La cinta da mucho protagonismo a los robots, tanto es así que las interpretaciones de los actores se reducen a los ratos en los que las máquinas alienígenas no están enfrascadas en un combate hasta la última gota de aceite. Hay secuencias de acción que duran tanto que puedes llegar a olvidarte de por qué se estaban pegando unos y otros. Eso sí, al margen de la exagerada velocidad que hacía muy difícil de seguir muchas de las tomas -imagino que con el fin de darle realismo- los enfrentamientos robóticos en varios escenarios naturales son de una calidad técnica bastante impresionante.

    Al finalizar el visionado, en medio de mi perplejidad y confusión por lo que acababa de contemplar, me crucé con una pandilla de niños que habían tenido el privilegio de ser los primeros de su colegio, seguramente,  en ver el filme. Parecían extasiados, ojos abiertos de para en par y sonrisa de oreja a oreja. Fue entonces cuando le escuché a uno de ellos decir convencido: “It’s the best movie ever” (que traduciría como: ‘es la mejor película de todos los tiempos’) . Entonces fue cuando dejé a un lado mis juicios de valor periodísticos y pensé que lejos de estrellarse, Transformers 2 iba a hacer muchos millones de dólares en taquilla.

    Un colega periodista me dijo más tarde que esta película estaba pensada para un espectador  de seis años, yo le daría un poco más de crédito y subiría hasta los diez. Después de todo esto, a nadie le extrañará que como regalo promocional dieran un monopatín a la prensa.

    Una cosa más. Admito que mi predilección por  John Turturro me hace poco objetivo a la hora de criticarlo,  pero el punto de comicidad que le dio a la película fue de agradecer.

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    Aclaración: Cuando hablo de la edad, en ningún caso tengo la intención de ofender a los seguidores de la saga o a las personas a las que les haya gustado el filme, simplemente considero que la película está pensada para asombrar en todos los sentidos a niños, que normalmente le piden menos al guión que un adulto que ha visto muchas películas. Los niños llenan los vacíos con imaginación. Eso no quita para que le pueda gustar a más gente pero es más que evidente que el equipo del filme se preocupó muy poco de que la historia estuviese a la altura de tanto presupuesto.

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    Mundo real(ity)

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Las zancadillas de unas becarias trepas por conseguir un empleo en la revista de moda Marie Claire, la muerte en alta mar de los pescadores de Alaska, el hambre y la soledad de un hombre aislado en su lucha contra los elementos, la búsqueda de un nuevo amor para un millonario/a o la desesperación de unos padres que quieren que su hijo/a deje a su pareja son algunas de las historias enlatadas con las que las cadenas de televisión estadounidense tratan de seducir a unos espectadores que lo ha visto ya casi todo. El denostado género del reality show ofrece su mejor y peor cara en EEUU, donde la maestría de sus profesionales de la televisión a la hora de crear situaciones de interés y los ingentes medios técnicos que poseen permitirían llevar con éxito a la pequeña pantalla la vida de cualquiera de nosotros.

    Más allá de los internacionales Big Brother, American Idol o  Dancing with the Stars hay un sinfín de producciones más o menos conocidas en las que se aplican con inteligencia cinematográfica una y otra vez los ingredientes fundamentales que hacen que cualquiera pueda ver durante media hora cómo un perro malcriado por sus dueños desiste en su actitud rebelde cuando tiene ante sí a un auténtico “pack leader” (Dog Whisperer).

    El de adiestrador de perros (los puristas quizá le llamaría psicólogo al mexicano César Millán) es uno de los muchos trabajos televisables a los que han metido mano las grandes cadenas de EEUU. Uno de los más fascinantes es el de pescador del cangrejo rey en las aguas del estrecho de Bering, en Alaska, que se cuenta en Deadliest Catch. Unos rudos marineros que se baten con olas imposibles mientras recogen unas gigantescas nasas y tratan de llenar sus bodegas con crustáceos para regresar a puerto cuanto antes y obtener el precio más alto en la lonja.

    Ese reality pone a sus camarógrafos en convivencia con la tripulación y les permite captar imágenes tan dramáticas como el rescate de marineros caídos por la borda en una situación real de via o muerte o la recuperación de los cuerpos de otros lobos de mar que tuvieron el infortunio de naufragar en las gélidas aguas del océano.

    La cuestión laboral es tratada con acierto por Dirty Jobs, donde un presentador con pocos escrúpulos realiza los empleos menos apetecibles, aunque sin duda la temática predominante en estos espacios de televisión tiene que ver con la estética y el glamour.

    Millionaire Matchmaker es un asombroso programa (de esos que hace dudar de su veracidad) en el que una autoritaria empresaria entendida en relaciones de pareja presenta a sus millonarios clientes un menú de pretendientes con el objetivo de que surja el amor.

    El mundo de las bodas tiene una colección de realities, desde aquel en el que se sigue a las dependientas de una tienda de vestidos de novia en su jornada laboral (Say yes to the dress), hasta el estrés de una organizadora de bodas en Whose Wedding is it Anyway? pasando por la esperpéntica celebración de los llamados “paletos” estadounidenses en My Big Redneck Wedding.

    Para ver peluqueros en acción basta con conectar con Split Ends y cuando se trata de interiorismo, en fin… la lista de programas cuyo fundamento es mejorar la apariencia de las casas de los espectadores es interminable: Dress My Nest, Clean House, Design on a Dime o Spice up my Kitchen, son un ejemplo.

    La moda nos deja a los asesores estéticos How do I Look? que intentan rescatar del horterismo a sus participantes y diversos concursos en los que unos tratan de encontrar a los nuevos rostros de la pasarela en EEUU (Make Me a Supermodel, American Next Top Model) y otros exprimen el talento de futuros diseñadores en Project Runaway y The Fashion Show.

    La cocina nos deja los retos culinarios de Top Chef y su edición de cocineros consagrados,  Top Chef Masters.

    En términos de supervivencia tenemos el magnífico Survivorman en el que un hombre se enfrenta en soledad  (incluso se graba a sí mismo) durante siete días a entornos hostiles en los que es abandonado por los miembros del equipo sin alimentos y comida suficientes para sobrevivir.

    En esa línea hay otros productos como Surviving Alaska, donde los concursantes sufren el frío y la penuria mientras marchan por increíbles parajes, y el llamativo Man vs. Wild (todos en Discovery Channel).

    El esperpento llega de la manolos programas conllevan múlitples secuencias humillantes para los protagonistas y donde prolifera el sentimiento de vergüenza ajena.

    En Running in heels varias aspirantes a periodistas de moda en la revista Marie Claire juegan sucio en su intento desesperado por conseguir un empleo. Pero el podium del no-va-más tiene sus líderes en otros espacios.

    Parental Control muestra como unos padres, molestos con la novia/o de su hijo/a, buscan en un casting a un par de posibles sustitutos/as. Después hay una citas y finalmente el/la hijo/a decide si sigue con su pareja o la cambia por las novedades.

    La cosa no acaba aquí, en MTV tenemos en estos momentos la segunda temporada de Paris Hilton’s My New BFF donde la millonaria nieta del fundador de la cadena hotelera pone en un brete a unos jóvenes con pocos principios que intentan convertirse en la mejor amiga de esta princesa del trono mediático.

    Hace un tiempo pudimos ver Kid Nation, una comunidad de niños que viven sin padres y se organizan como si fueran adultos, aunque el premio se lo lleva, en mi opinión, Extreme Makeover, donde se convierte en historia televisiva las operaciones de cirugía estética de diversos personajes de estado mental cuestionable.

    En español también tenemos lamentables productos como El Ticketero, programa que sigue los pasos de agentes-pone-multas a la caza de vehículos mal estacionados. Un espacio evidentemente pactado para crear una falsa realidad y donde el supuesto empleado municipal termina discutiendo con furiosos conductores que tratan por todos los medios de evitar el ticket.

    Esto es una muestra representativa de los realities en EEUU, los que triunfan, los que te ponen los pelos punta y los que hacen que uno tenga ganas de apagar la televisión para siempre.

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    Adelanto de “Avatar” de James Cameron

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Leer crítica del filme aquí

    “Avatar”, seguramente la película más esperada del año, continuó aumentado hoy su leyenda cuando aún falta medio año para su estreno en EEUU -previsto para el 18 de diciembre-. Su director, James Cameron, se despachó a gusto sobre el argumento del filme en 3D que lleva más de cuatro años produciendo y del que se sabe bien poco.
    Con las expectativas en todo lo alto, el cineasta mantuvo el nivel de entusiasmo sobre la cinta mientras defendía a capa y espada el virtuosismo del videojuego que acompaña a la película (de la empresa Ubisoft) y que llegará a las tiendas antes incluso que el largometraje de Cameron.
    Los presentes en el evento de Ubisoft (en el marco de la feria del videojuego E3) nos quedamos con las ganas de ver algún adelanto de la película, si bien el trailer del videojuego se desvelará estos días. Por el momento sigue tocando esperar y conformarse con lo que cuenta Cameron.
    “La historia la escribí hace 14 años y cuando se la llevé a mi equipo me dijeron que no podríamos hacerla porque aún no se había desarrollado la tecnología adecuada. Cuando vi el personaje de Gollum de ‘The Lord of the Rings’ pensé que había llegado el momento para intentarlo de nuevo”, explicó Cameron.
    La trama de “Avatar” se desarrolla en un remoto planeta (en realidad una luna que orbita alrededor de un planeta mayor) llamado “Pandora” en el siglo XXII de nuestra era. Un tiempo en el que el desarrollo del ser humano ha llevado a la especie a la conquista del espacio. En esas estamos cuando topamos con “Pandora”.
    “Es parecido a la Tierra aunque su atmósfera es irrespirable para el ser humano. Hay mucha vegetación y especies muy extrañas y exóticas. Árboles de 300 metros de altura y está habitado por una sociedad de seres gigantescos (de 3 metros de altura) y cuya cultura tiene un aspecto primitivo”, estos son conocidos como los Navi.
    Según Cameron el estado natural de los Navi es “pacífico y viven en armonía, pero se vuelven fieros cuando ven como el ser humano trata de colonizar su tierra”.
    Los humanos por su parte, para combatir el entorno hostil, crean unos seres con aspecto humano genéticamente preparados para sobrevivir a esa atmósfera. Sí, efectivamente, estos son los “avatares”. Estos individuos son controlados mentalmente y a distancia por los humanos (que tienen que entrar en un estado de coma o algo similar).
    El filme trasciende al enfrentamiento bélico cuando surge el amor entre una navi y un humano a través de su avatar. El humano irá entendiendo la cultura y teniendo afecto por los navi y llegado el momento de la batalla final tendrá que decidir de qué lado está.
    Cameron anticipó que la lucha última será un derroche de efectos visuales en el que se mostrará todo el poderío del armamento humano (en plan futurista) y la defensa más rústica pero inteligente de los duros navi, que quieren vender cara su derrota.
    “La gente que ha visto algún trozo de la película dice que es como si estuviese viviendo un sueño”. No se es un espectador pasivo, “se toma parte en el viaje del filme”, explicó el cineasta.
    Como anticipo no está mal, me inquieta, sin embargo, la despreocupación de Cameron por generar más expectativas sobre su proyecto, ya de antemano muy valorado. Es peligroso crear tanto entusiasmo porque suele conllevar decepciones. Habrá que esperar unos meses para saber más.

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    El dinero virtual: la revolución monetaria

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Las crisis son puntos de inflexión que anticipan un cambio. Cuanto más crítica es la situación más revolucionaria es la respuesta que surge de los afectados. El infarto sufrido por el sistema financiero internacional, que ha quedado al borde del coma, es un campo de cultivo idóneo para el surgimiento de nuevas formas pago, de una nueva economía sin reservas federales ni bancos centrales. Llega el momento de las divisas virtuales.

    virtualHasta ahora el dinero siempre ha tenido una forma física, aunque sea como tarjeta de plástico con banda magnética, pero nos encontramos a las puertas del “boom” del billete que no se puede tocar creado a través de las populares redes sociales. El fenómeno no es nuevo pero sí disperso. Plataformas como Hi5 tiene ya su Hi5 Coins, mundos de videojuego como “Second Life” cuentan con sus Linden Dollars y en Twitter surgieron los poco conocidos Twollars. Meros ejemplos de una larga lista de “dineros” aceptados en el llamado ecosistema virtual que, sin embargo, no interactúan entre ellos. Vamos, no se han establecidos los tipos de cambio para estas “divisas”.

    Compañías como Spare Change o Jambool (con su SocialGold) han intentado llenar ese hueco y ofrecen el cambio de moneda real por moneda virtual que es aceptada para operaciones en centenares de juegos y redes sociales como MySpace. Un paso intermedio hacia la creación de un sistema monetario virtual universal. No obstante, la cristalización de estas nuevas formas de pago necesitará del liderazgo de la figura dominante del “networking”, Facebook (Facebook payments: Think virtual)

    Más de 200 millones de usuarios en todo el mundo convierten a este sistema de comunicación en la mejor vía para naturalizar la aceptación de una divisa que pueda cuajar más allá de la propia red y sea aceptada como valor fiable en transacciones ordinarias, como contratar un crucero por el Caribe, hacer la compra por internet, o adquirir unas entradas para un concierto.

    Los directivos de Facebook están detrás de esta idea. Hoy por hoy el uso del dinero virtual en esa red se reduce a comprar “regalos” -como mandar unas flores virtuales o una tarta de cumpleaños para felicitar a un amigo a un precio simbólico- Algo que podría parecer ridículo y que sin embargo está deparando muchos beneficios. Con la expansión de Facebook por los cinco continentes (es la plataforma social más internacional) la posibilidad de universalizar un sistema de pago a través de créditos de Facebook no es algo descabellado.

    Facebook tiene en mente aumentar el uso de sus créditos como si fueran una divisa mediante la aceptación de los mismos de quienes hacen aplicaciones para su red. Estos pueden canjear sus ingresos en “moneda” Facebook a dólares, por poner un ejemplo, pero puede que en el futuro prefieran mantener las divisas virtuales.

    La “magia” económica comenzaría a producirse cuando ese dinero virtual fuese ampliamente aceptado con la confianza de que en cualquier momento uno puede cambiarlo en billetes reales. En ese momento ya no habría estrés para canjear las divisas ¿qué más da una que otra si valen todas? Un paso que requeriría un tipo de cambio “Facebook – dólar- euro” (por ejemplo).

    A partir de ahí, no habría diferencias aparentes en el funcionamiento económico. Las compras por internet son ampliamente aceptadas a día de hoy; superadas las dudas iniciales, quien más o quien menos ha usado su número de tarjeta alguna vez para adquirir algo a través de la red. Es el pan nuestro de cada día. Con la moneda virtual sería igual, pero en vez de respaldar la compra el sistema bancario lo haría Facebook, o en su caso una red de entidades generadoras de crédito virtual que podría incluir también a MySpace, Hi5, así como productores de videojuegos “online”.

    Es más, podría llegarse a la producción de tarjetas con dinero virtual para pagar en establecimientos, igual que se hace con el dinero conocido. Los más ricos en esas divisas podrían a su vez dar créditos con intereses a usuarios de internet sin necesitarse una mediación vía dólar o euro. Comenzaría la especulación virtual, la creación de “millonarios de divisas de internet” y también de pobres de la red, que como consecuencia lo serían también en la vida real. Igual que ocurre en un casino cuando uno cambia sus dinero por fichas, pero el casino sería global y las fichas imaginarias.

    Esta realidad es plausible con las condiciones económicas actuales y el éxito de las redes sociales. En esa dirección caminan las redes sociales. Al fin y al cabo, todo lo que tiene que ver con los sistemas de pago se basa en una pura relación de confianza entre las personas que realizan la transacción.

    Obviamente, la creación de esta economía paralela sin entidades controladoras y movida por intereses privados generaría incertidumbre sobre la solidez y la seguridad del sistema.

    “Hay un enorme pontencia para el fraude en lo que sería el equivalente a un comercio interno, y como esas economías estarían bajo el control de un propietario virtual mundial sería muy fácil causar una masiva hiperinflación”, comentó el abogado Mark Methenitis en un artículo sobre las “divisas virtuales” para la CNN.

    Puesto a vaticinar, intuyo que este sistema será el origen de la próxima gran crisis económica que llegará, como toda crisis, después de tener un éxito desmesurado.

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