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Crítica de cine: Harry Potter and the Half-Blood Prince
Por Fernando Mexía - Cine, featured - 12/07/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
La sexta entrega de Harry Potter es, ante todo, un capítulo de una larga saga y como tal cumple su papel. Más que ninguna otra, “Harry Potter and the Half-Blood Prince” es un filme de transición, un entretenido episodio necesario para preparar al espectador para el esperado desenlace de las aventuras del joven y poderoso mago creado por J.K. Rowling que llegará al cine partido en dos producciones, una en 2010 y otra en 2011.
Dicho esto, la cinta no es la mejor de las seis. Los seguidores de Potter echarán de menos algo más de magia y seguramente una trama donde el misterio y el suspense que rodea a los alumnos de Hogwarts tenga el protagonismo de sus predecesoras. En ese sentido “Half-Blood Prince” se queda a medias. El director David Yates rebajó los minutos de tensión y en su lugar utilizó el largometraje para ofrecer algunas de las claves fundamentales que empujarán la historia hacia su final. El filme viaja en el tiempo a través de los recuerdos de un nuevo profesor, Horace Slughorn, para mostrar a un joven Voldemort y su curiosidad por una magia muy negra. Unos detalles que se revelan ante Potter y que dejan entrever al espectador qué dirección podrían tomar las siguientes películas.
Un Draco Malfoy (Tom Felton) muy desmejorado, de rostro casi enfermizo, mueve la narración durante minutos, aunque se olvida prácticamente de hacerle la vida imposible a Potter (Daniel Radcliffe). Malfoy está demasiado preocupado por cumplir con la tarea que le encomiendan fuerzas malignas y tiene que demostrar de qué pasta está hecho. “Half-Blood Prince” apunta a un cambio en este enemigo acérrimo de Harry, aunque no voy a desarrollar esta idea para no especular demasiado.
El siempre sospechoso Severus Snapes desvela alguna de sus cartas en este capítulo y se posiciona de cara al final de estas aventuras donde está llamado a jugar un papel más que relevante y que podría deparar más de una sorpresa.
Los momentos más intensos se refugian en el último tercio del filme y llegan cargados de un drama que conlleva un “sacrificio”. Quiero destacar la secuencia en la que Potter y Dumbledore (Michael Gambon) se lanzan a la captura de un valioso objeto escondido en unos acantilados impactantes. La espectacular toma desde el mar resulta cautivadora y los seres con los que se enfrentan poco después, dignos de una pesadilla (si bien tienen un aire al Gollum de “The Lord of the Rings”).
Además de esa lucha entre el bien y el mal, la nueva entrega de Harry Potter está cargada de feromonas. Sí, la edad del pavo ha llegado a la escuela de magia, si bien se reduce a una sexualidad un tanto ingenua que no pasa de algunos besos sueltos, un par de escenas de celos, un hechizo de enamoramientos y algunos desencantos, todo con una dosis de humor que se agradece. El pelirrojo Ron (Rupert Grint) explota su atractivo y por momentos eclipsa a su gran amigo Potter. Cupido también altera a la tranquilidad de la cerebral Hermione (Emma Watson) a la que esta vez le pueden las emociones. Harry también se tira a la piscina del amor…
Finalmente la inquietante amenaza de Voldemort y sus secuaces hace que estos “affairs” se queden en tonteos de colegio y Harry Potter no derive en una cinta de romances de aspirantes a universitarios tan habituales en Hollywood.
“Harry Potter and the Half-Blood Prince” no es una obra maestra, tampoco un bodrio. Ocupa su lugar en el espacio y en el tiempo. No está pensada para crear adeptos, pero mantiene viva la llama de quienes sucumbieron a los encantos del niño mago más famoso del cine.
Continuará… (con “Harry Potter and the Deathly Hallows”)
Apuercalipsis
Por Fernando Mexía - headline, sociedad - 04/05/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Los latinos tenemos tanta herencia religiosa como sentido del humor. Afortunadamente, el llamado “temor de Dios” se compensa con una forma burlesca de entender la realidad que nos permite bromear sobre casi cualquier cosa. Es más, somos especialistas en sacarle punta cómica a los dramas y la gripe porcina (A o H1N1 o como se venga a llamar más adelante) que amenaza con exterminarnos como a chinches es un gran material para la mofa.
“La crisis primero, ahora la gripe… parece el apocalipsis”, decía un ama de casa mexicana en una encuesta callejera para la televisión esta semana. El finmundismo se contagió como un virus entre la población que, puestos a morir, bautizó el fenómeno como el apuercalipsis. Al fin y al cabo es menos fatalista imaginarse a los cuatro jinetes bíblicos a lomos de puercos que sobre unos caballos que echen espumaracos por la boca. Al menos así nos garantizamos la güasa en el Juicio Final.
En sintonía con las sonrisas que se esconden detrás de las inquietantes mascarillas cubre bocas, que muchos han tuneado para quitarle hierro al asunto, comenzaron a proliferar por internet comentarios jocosos y decenas de fotos, dibujos y algún que otro vídeo para recontar la historia de esta gripe cerda.

La web ofrece posibles orígenes del virus más allá de análisis de laboratorio. Una imagen vale más que mil palabras dicen. En esta pugna están el ya archiconocido niño que lame el morro del cerdo y también el torpe Homer Simpson, cuyo historial de desastres encaja con el perfil de responsable de desatar una pandemia, aunque sea en la ficción.
No faltan tampoco teorías conspirativas para explicar este descenso a los infiernos de moco, tos seca y fiebre alta.
La paranoia del colectivo señaló con el dedo al gobierno de EEUU que, como siempre, es el blanco perfecto para especulaciones maquiavélicas. En esta línea tenemos quien dice que la gripe es un ataque biológico encubierto producido por la primera potencia mundial en el que estarían involucrado el ejéricito, las empresas farmacéuticas y hasta el Partido Republicano en su intento por hacer fracasar a Obama.
Los hay que creen que los cárteles de la droga mexicanos lanzaron el virus, otros estiman que fue Al Qaeda, y he leído acusaciones contra los productores de vacuno y carne de pollo que supuestamente habrían tratado de arruinar a sus rivales del sector porcino.
Otros dicen que la gripe solo fue creada para matar a mexicanos o que lleva algún tipo de componente anti hispano (hasta ahora los muertos son todos de origen latino).
Más allá de la argumentación basada en un ataque está el modelo cortina de humo. Según este punto de vista, la gripe A o H1N1 sería un complot para distraer a la opinión pública de asuntos más relevantes como la crisis económica y el cambio climático.
Lo cierto es que aún se investiga cómo se inicio este brote y la composición exacta del virus para generar una una respuesta médica apropiada. También parece cierto que esta gripe no es cosa de cerdos, es más, los contagios se están produciendo al revés: un candiense contagió a su piara.
El apuercalipsis tuvo especial acogida entre los dibujantes, como JR. Mora y otros que plasmaron con audacia la mal llamada amenaza porcina.
No faltaron los creadores de juegos en internet como el Swinefighter que consiste en fulminar a virus con cara de cerdo con una aguja hipodérmica mientras revolotean sobre el planeta alocadamente. En una semana este “matapuercos” recibió más de 600.000 visitas. Otra aportacion reseñable en este contexto son los vídeos musicales caseros que se multiplican en YouTube. Como por ejemplo la Cumbia de la influenza o el rap de la influenza.
El efecto puerco llegó en México hasta el punto de que según algunas informaciones las precauciones sanitarias se infiltraron en las exitosas telenovelas y ahora los Carlos Alberto Hernández y Adelaida Esperanza Ramírez de turno tienen que reemplazar los besos en los labios por otros gestos de amor para evitar que los actores se puedan contagiar los unos a los otros.
La enfermedad ha resultado muy prolífica en materia de chiste, bromas y chascarrillo, la mayor expresión artística del ingenio del ciudadano medio.
“¿Ya oíste que México se ha convertido en una potencia mundial?”, reza un chiste. “Cuando estornuda, todo el planeta se enferma”.
“Por una gripe normal, hacemos atchís, pero por una gripe porcina, hacemos ¡atchoiiiink”.
“Doctor, mi marido come como un cerdo, ¿piensa que se contagió la gripe porcina?”.
“¿Qué siembran los campesinos? ¡El terror!”.
“Se dice que todo el mundo está tranquilo en Estados Unidos porque la gripe porcina no puede venir de México. Es seguro, la frontera no deja pasar nada, absolutamente nada”.
“Creo que tengo la gripe porcina. Tengo una urgencia repentina de comer beicon y morro de cerdo”.
Que no falte una buena dosis de humor, para cosas más serias siempre nos quedarán los organismos oficiales.










