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Cadena perpetua
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, Juan Palop - 25/01/2010
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El mundo aplaudía regocijado en año nuevo por la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre China y los diez países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN). Los medios repetían alborozados que se trataba del mayor acuerdo liberalizador por población y del tercero por volumen comercial.
Pero me da que algunos de los países firmantes tienen poco de que alegrarse. Especialmente las economías emergentes del Sudeste Asiático con un sector manufacturero laboralmente voluminoso pero productivamente débil, como Vietnam, Camboya, Laos, Filipinas o Indonesia. Ellos son dolorosamente conscientes de que no pueden competir con las exportaciones chinas. Las quejas ya han empezado a producirse. Yakarta, la que más lejos ha llegado, anunció que iba a solicitar una prórroga de un año, pero luego se echó atrás. Durante esa tregua -casi imposible de conseguir- pretendía renegociar los aranceles de más de 450 productos y ayudar a la industria local a adaptarse. Leer el resto de la entrada »
Crónica de un día “freak”
Por Fernando Mexía - Vídeos, sociedad - 16/10/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Hoy he visto vomitar en directo en televisión poco antes de descubrir que alguien había inventado un baile ridículo para motivar a la gente a que se lave las manos. Justo el mismo día me enteré de que en China venden iPhones falsos que son de risa y reporté sobre una truculenta confusión; o cómo le llamas si no a que tomen por decoración de Halloween el cadáver de un vecino.
Claro, cómo iba a despedir la semana laboral con normalidad después de cubrir los premios MTV latinos la noche antes y tener que escuchar boquiabierto los improperios que soltaba el impresentable presentador. Lejos de reprimendas, el tipo se fue a casa con un premio y todo. Un relato de la actualidad que bien merece una crónica, aunque sea freak. Leer el resto de la entrada »
Timor Oriental, entre el infierno y el cielo
Por Fernando Mexía - Columnistas, Juan Palop, featured - 31/08/2009
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Timor Oriental, cumpleaños agridulce
Las calles de Dili, la capital de Timor Oriental, habitualmente somnolientas, gozan estos días de una peculiar efervescencia. El país más joven y pobre de Asia conmemora en estas fechas, henchido de orgullo pese a las dificultades, el décimo aniversario de su concepción nacional. El 30 de agosto de 1999 cuatro de cada cinco habitantes de esta antigua colonia portuguesa se pronunciaron a favor de la independencia en un referéndum auspiciado por Naciones Unidas. Nada querían con una Indonesia que, a pesar de la proximidad geográfica y -a grandes rasgos- cultural, los había invadido y maltratado sistemática y salvajemente durante un interminable cuarto de siglo, desde la retirada lusa en 1974.
Ahora se suceden en Dili los seminarios y los actos oficiales, acuden activistas de medio mundo a apoyar la causa, florecen exposiciones aquí y allá,… incluso una vuelta ciclista está recorriendo el escueto territorio timorense para recordar sus primeros pasos hacia la ansiada libertad. Leer el resto de la entrada »
Silencio histórico
Por Fernando Mexía - Columnistas, Juan Palop, featured, sociedad - 06/06/2009
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La primavera de Pekín
En China se protesta estos días en silencio. Este 4 de junio, como en los últimos veinte, el aniversario de la masacre de Tiananmen ha venido envuelta en el más absoluto vacío informativo. Redes sociales como Twitter y servidores de correo electrónico como Hotmail han sido bloqueados. La señal de las cadenas internacionales se ha interrumpido y el miedo se ha encargado de acallar a los medios locales. En la plaza donde murieron tiroteados y aplastados por los tanques unos 2.000 estudiantes hay más policías que turistas. Nadie ha osado a llevar flores al pie del Monumento de los Héroes del Pueblo, donde se hicieron fuertes los manifestantes que en la Primavera de Pekín de 1989, como en la de Praga de 1968, se levantaron en palabras exigiendo libertad, derechos y democracia. En este gran cementerio sin lápidas tuvo lugar la mayor humillación política del régimen comunista chino.
Así, el desconocimiento de la tragedia en el gigante asiático es abismal. Asusta. La inmensa mayoría de los universitarios del país nunca ha visto la archiconocida fotografía del hombre que plantó cara a los tanques, icono de la resistencia pacífica del pueblo frente a la violencia del Estado.
Tan sólo en la ciudad de Hong Kong, que por su pasado colonial británico dispone de una gran autonomía, se permiten las protestas. Recuerdo como si hubiese sido ayer la vigilia en memoria de las víctimas de Tiananmen que yo viví en la ciudad de los rascacielos. Fue un acto muy emotivo. Aquella noche de bochorno húmedo, varias decenas de miles de chinos con velas se concentraron en el mayor parque de la metrópoli para impedir que el tiempo y los cambios entierren en olvido tantísimas muertes.
Porque eso es lo que pretende Pekín. Que la mejora de la calidad de vida de cientos de millones de ciudadanos, aliñada con una buena dosis de desinformación, anestesie las demandas políticas y sociales de las nuevas generaciones. Silencio y progreso. Porque, de hecho, uno de los escasos cambios que siguió a la masacre fue la aceleración de las reformas económicas que han llevado a China a convertirse en el gigante que es.
Crisis sin remedio oriental
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, featured, Óscar García Muñoz - 13/04/2009
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La salvación no vendrá de Asia
Tal vez no llegue la salvación de Asia, pero sí que pueden llegar pautas anticipadas de lo que nos resta por ver. El economista español Pablo Bustelo, especialista en Asia, ha publicado recientemente dos artículos sobre los paralelismos de la crisis japonesa con la crisis actual y el papel que puede tener China en la recuperación económica del mundo. Este último es especialmente interesante, ya que desmonta dos mitos que se han generado sobre China: que la economía china se va a derrumbar este año y que será el motor de la recuperación global gracias a su pronta recuperación.
Desde luego, no cabe duda de que la hora de Asia es sólo cuestión de tiempo, pero todavía no ha llegado plenamente. De momento, un profesor universitario chino afirma que su país será el gran ganador de esta crisis. El hecho de que más de la mitad de la población mundial se concentre en Lejano Oriente es motivo más que suficiente para pensar que cabe la población es un factor importante en las economías. El problema, como dice Bustelo, es que el peso de China en el PIB mundial es todavía pequeño si lo confrontamos con la UE, Estados Unidos y Japón y su mercado de consumo todavía es estrecho. Si el capitalismo tiene uno de sus fundamentos en el consumo, no será China quien lo sostenga.
Hay una cosa que me preocupa en el artículo de Bustelo: no habla de hasta dónde podría llegar china con las inmensas reservas de dólares y con el manejo de la deuda de Estados Unidos. Tal vez no haya querido crear más miedo. En cuanto al artículo sobre Japón, el énfasis se vuelve sobre el sistema bancario. Las medidas de la reunión del G-20 plantean reformas en los sistemas financieros, pero como todas las declaraciones políticas, quedan demasiado difusas. En cualquier caso, se empieza a apostar cada vez más por un periodo largo de estancamiento, consecuencia de los excesos (aquella “exuberancia irracional” de la que hablaba el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, antes venerado y hoy defenestrado) de un periodo dorado de la economía. ¿Será el decenio 1995-2005 el equivalente histórico a los años veinte? Lo que sí parece claro es que Asia no será el motor de la recuperación, aunque a la larga será el gran beneficiado.
Imagen: stock.xchng
Tensión en el Tíbet como hace 50 años
Por Fernando Mexía - Columnistas, Juan Palop, sociedad - 05/03/2009
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Marzo, mes maldito en Pekín
Marzo promete ser un mes complicado para Pekín. En unos días, coincidiendo con la grandilocuente celebración de la Asamblea Nacional del Pueblo, comenzarán en el altiplano tibetano las conmemoraciones de medio siglo de represión china. En marzo de 1959, el Ejército de Liberación Popular entró a sangre y fuego en Lhasa y sofocó una poderosa revuelta popular. En la masacre murieron 90.000 personas y la esperanza de que el antiguo reino de los Himalaya pudiese regularse con cierta autonomía dentro de la República Popular, como se había acordado ocho años antes. Tenzin Gyatso, el actual Dalai Lama, marchó al exilio para no volver.
Los ecos de aquella brutal represión siguen presentes. El año pasado, aprovechando que el mundo entero tenía los ojos puestos en la China olímpica, el rescoldo de aquella rebelión volvió a avivarse. El resultado: más de un centenar de muertos (veinte, según Pekín), miles de detenidos y la confirmación de que, a pesar de la apertura económica, el Partido Comunista chino sigue instalado en el más rancio y trasnochado autoritarismo. Las flagrantes violaciones de los Derechos Humanos de aquellos días, desde las detenciones arbitrarias hasta el vacío informativo, dejaron en evidencia las cloacas del poder en el que se sustenta Pekín a tan sólo unos meses de su puesta de largo ante la comunidad internacional.
La situación en la actualidad es aún mas tensa que el año pasado, me cuenta Aritz Parra, un periodista español que lleva más de tres años trabajando en China y ha viajado recientemente por la zona. Las protestas ya han empezado a extenderse, aunque de manera sutil, por la periferia de la meseta tibetana y los controles se han incrementado de forma notable en previsión de disturbios. La situación podría degenerar en violencia en cualquier momento.
Da la sensación de que Pekín está asustado. Que es consciente de que su poder se sustenta únicamente en la fuerza y de que su doble estrategia, la de la mejora económica -la inyección de miles de millones de yuanes y la construcción de modernas infraestructuras- y la de la disolución cultural -la inmigración incentivada de chinos de raza Han a la región- ha fracasado. Los tibetanos, uno de los pueblos más espirituales que he visto, no se sienten tentados en absoluto por el pragmatismo chino. Las ansias de autogobierno, aunque sea bajo los designios de un líder religioso de tintes feudales, siguen ahí, intactas, como hace medio siglo. Y con ellas, las de muchas otras minorías étnicas en China.
fotografía: stock.xchng
Hechos consumados
Por Fernando Mexía - Política, sociedad - 13/01/2009
Somos consumidores de hechos consumados. Víctimas de la doctrina del caradura, la que sigue el espíritu mafioso del “primero dispara y luego pregunta”. Forma parte de nuestro ADN ciudadano. El abuso del sinvergüenza se ha convertido en un pequeño precio a pagar por la convivencia pacífica. Un pacto silencioso en el que los dóciles y cívicos ponen reclamaciones sobre papel mojado mientras los causantes del mal se frotan las manos satisfechos por salirse con la suya, o ponen cara de inocente y el grito en el cielo cuando se les da caza.
Uno tiene la sensación de que ser buen ciudadano no sale a cuenta gran parte de las veces.
Al final quedan tres opciones vitales: llevar el cuchillo entre los dientes un día sí y otro también, vivir resignado a poner la otra mejilla, o entrar en el juego suicio y pasar de víctima a verdugo. La primera, la figura del justiciero social, garantiza la infelicidad más absoluta bajo un régimen permanente de cabreo; la segunda ofrece la tranquilidad de la oveja refugiada en su rebaño y el consuelo de saber que casi todos somos víctimas en algún momento; la tercera es un arma de doble filo que puede generar satisfacción a corto plazo, pero que suele venir acompañada de una buena ración de remordimientos que tarde o temprano suelen hacer su efecto. Para ser un canalla hay que tener estómago, y no todo el mundo lo tiene.
Estos roles son fácilmente imaginables en cualquier cola de supermercado. Hay quienes pasan por delante del resto, armados de decisión, con la cabeza alta, transmitiendo un aura de razón y dispuestos a evitar la tediosa espera. Si nadie les dice nada, objetivo cumplido. Un clásico en esto de los hechos consumados. Usualmente, muchos de los que están guardando el orden miran para otro lado para evitar la situación violenta y se preguntan en silencio si esa persona estaba primero, si era familia del dependiente o si estaba en su derecho porque “como nadie dice nada”. Si alguno de los presentes se solivianta suele hacerlo en solitario, con algunos apoyos tímidos del resto que piensan que esa no es su guerra, y suele concluir con el caradura reculando; si bien no hasta el lugar que le correspondería. En definitiva: el que trata de aprovecharse de los demás suele sacar tajada y mejorar su situación.
Si traducimos los pequeños altercados diarios a una escala global, aunque cambien los protagonistas, los papeles se mantienen y los resultados también.
Una variable se acentúa, la estrategia de los hechos consumados suele estar vinculada a los que tienen más poder, a los que ponen las leyes para que las cumplan otros.
Un ejemplo de manual ha sido el plan ruso de invadir Georgia o de cerrar el grifo del gas a Ucrania, dejando congelada media Europa. Con excusas un tanto sibilinas, el gobierno mecido por Putin hizo bueno el “primero dispara y después pregunta”. No le gustaba lo que ocurria en la ex república soviética y entró con los tanques mientras la comunidad internacional miraba para otro lado o presentaba una queja al libro de reclamaciones de Naciones Unidas. Que es, como dirían en mi tierra, como reclamar al “maestro armero”. Nada de nada. Ahora decidió enfriar los ánimos europeos como punto de partida para negociar un acuerdo de precios sobre el gas. Una jugada inteligente para salirse con su objetivo, pero fuera de cualquier normativa de buena vencidad. Nuevamente, ganaron los hechos consumados.
En la misma línea actúa Israel, país dispuesto a reclamar sangre palestina para resarcirse de los ataques terroristas de Hamas. No solucionará el problema en Oriente Próximo, pero al menos calmará sus ansias de venganza. Es absurdo esperar represalias internacionales. El ataque israelí terminará cuando lo consideren oportuno. Luego vendrán los acuerdos de paz, que se romperan, de nuevo, cuando interese. Por la misma regla de tres, se me ocurre que la fuerza de los palestinos estaría en organizarse y cruzar todos el mismo día a la misma hora las fronteras isralíes. Una marcha verde estilo marroquí en el Sahara Occidental transportada a la franja de Gaza. No hay suficientes balas para frenar semajante avance. Tampoco acabaría con el conflicto, pero fastidiaría.
Otro experto en hechos consumados es EEUU que atacó Irak por su cuenta y riesgo o que abrió la prisión de Guantánamo para evitar su propio sistema legal, por citar un par. Las políticas nucleares de Irán y Corea del Norte siguen el mismo principio: “yo lo hago y luego ya veremos”. La lista de estos actores es interminable.
En todos los casos, estos países actuarían con el perfil del que abusa, del que aplica la doctrina de hechos consumados. Un papel que alterna con el de mirar hacia el otro lado cuando interesa. El rol del que protesta suele recaer en naciones pequeñas y débiles, que aún creen que la ONU es un organismo que merece confianza, y también la Union Europea.
La institución comunitaria vive enterrada bajo papelos, reuniones ministeriales, encuentros bilaterales, cumbres y recumbres, casi siempre borrascosas, que sirven para aumentar la burocracia, hacer un par de fotos, hablar de derechos humanos, dar palmaditas en la espalda y proyectar ilusión en la bondad de los actores internacionales. No se trata de ingenuidad, sino de falta de acuerdos internos para tener una visión común que les permita convertirse en abusadores, como el resto.
Pocas veces la UE ha sido eficaz para apaclar los ánimos de los sinvergüenzas, que al igual que en la cola del supermercado, suelen salir ganando algo incluso cuando parece que pierden. Los remordimientos brillan por su ausencia.
Fotografía de stock.xchng








