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Adelanto de “Avatar” de James Cameron
Por Fernando Mexía - Cine, headline - 02/06/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
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“Avatar”, seguramente la película más esperada del año, continuó aumentado hoy su leyenda cuando aún falta medio año para su estreno en EEUU -previsto para el 18 de diciembre-. Su director, James Cameron, se despachó a gusto sobre el argumento del filme en 3D que lleva más de cuatro años produciendo y del que se sabe bien poco.
Con las expectativas en todo lo alto, el cineasta mantuvo el nivel de entusiasmo sobre la cinta mientras defendía a capa y espada el virtuosismo del videojuego que acompaña a la película (de la empresa Ubisoft) y que llegará a las tiendas antes incluso que el largometraje de Cameron.
Los presentes en el evento de Ubisoft (en el marco de la feria del videojuego E3) nos quedamos con las ganas de ver algún adelanto de la película, si bien el trailer del videojuego se desvelará estos días. Por el momento sigue tocando esperar y conformarse con lo que cuenta Cameron.
“La historia la escribí hace 14 años y cuando se la llevé a mi equipo me dijeron que no podríamos hacerla porque aún no se había desarrollado la tecnología adecuada. Cuando vi el personaje de Gollum de ‘The Lord of the Rings’ pensé que había llegado el momento para intentarlo de nuevo”, explicó Cameron.
La trama de “Avatar” se desarrolla en un remoto planeta (en realidad una luna que orbita alrededor de un planeta mayor) llamado “Pandora” en el siglo XXII de nuestra era. Un tiempo en el que el desarrollo del ser humano ha llevado a la especie a la conquista del espacio. En esas estamos cuando topamos con “Pandora”.
“Es parecido a la Tierra aunque su atmósfera es irrespirable para el ser humano. Hay mucha vegetación y especies muy extrañas y exóticas. Árboles de 300 metros de altura y está habitado por una sociedad de seres gigantescos (de 3 metros de altura) y cuya cultura tiene un aspecto primitivo”, estos son conocidos como los Navi.
Según Cameron el estado natural de los Navi es “pacífico y viven en armonía, pero se vuelven fieros cuando ven como el ser humano trata de colonizar su tierra”.
Los humanos por su parte, para combatir el entorno hostil, crean unos seres con aspecto humano genéticamente preparados para sobrevivir a esa atmósfera. Sí, efectivamente, estos son los “avatares”. Estos individuos son controlados mentalmente y a distancia por los humanos (que tienen que entrar en un estado de coma o algo similar).
El filme trasciende al enfrentamiento bélico cuando surge el amor entre una navi y un humano a través de su avatar. El humano irá entendiendo la cultura y teniendo afecto por los navi y llegado el momento de la batalla final tendrá que decidir de qué lado está.
Cameron anticipó que la lucha última será un derroche de efectos visuales en el que se mostrará todo el poderío del armamento humano (en plan futurista) y la defensa más rústica pero inteligente de los duros navi, que quieren vender cara su derrota.
“La gente que ha visto algún trozo de la película dice que es como si estuviese viviendo un sueño”. No se es un espectador pasivo, “se toma parte en el viaje del filme”, explicó el cineasta.
Como anticipo no está mal, me inquieta, sin embargo, la despreocupación de Cameron por generar más expectativas sobre su proyecto, ya de antemano muy valorado. Es peligroso crear tanto entusiasmo porque suele conllevar decepciones. Habrá que esperar unos meses para saber más.
Crítica de cine: Wolverine
Por Fernando Mexía - Antonio Martín, Cine, Columnistas - 28/04/2009
X-Men Origins: Wolverine, por Antonio Martín
“X-Men Origins: Wolverine”: No mires atrás con ira
No sé si os habréis fijado pero Hollywood últimamente tiene gran querencia por echar la vista atrás. No hablo ya de los muy manidos remakes, sino por su gusto hacia la precuela, que viene a ser lo mismo sólo que con la excusa de viajar atrás en el tiempo y abundar en la psicología de los personajes, para explicar y dar sentido al porqué de sus acciones en películas que ya hemos visto.
Es el cuento de nunca acabar, la gallina de los huevos de oro para los estudios. Y las razones son muy sencillas: la falta de imaginación y el dinero fácil. Al albor de esta ecuación tenemos en los próximos días los estrenos de X-Men Origins: Wolverine, y de Star Trek, de la que dará buena cuenta Fernando.
Dejadme que os cuente algo sobre el lobito. No hay absolutamente nada en él que huela a nuevo. Ni por asomo. Y es una pena, porque el duelo interpretativo entre Hugh Jackman (Lobezno) y Liev Schreiber (su malvado hermanastro, Victor Creed/Dientes de Sable) apuntaba alto. Lo malo es que apenas existe. O no se le deja espacio suficiente para desarrollarlo.
Todo se queda en una sucesión de clichés manidos en el género mientras desfila una galería de personajes que aparecen y desaparecen sin que al espectador le importe tres pimientos lo que ocurra con ellos. Aunque imagino que el fan estará encantado de que aparezcan.
Que quede claro: esta película es Hugh Jackman, que para algo la ha producido. Si se hubiera prescindido de todos esos mutantes secundarios que no aportan nada a la historia, tal vez podríamos estar hablando de una reflexión interesante sobre la naturaleza humana cuando entra en conflicto consigo misma. Uff, suena complejo. Mejor obviarlo.
Pero precisamente la relación entre esos hermanos con poderes sobrehumanos al que les separa un abismo de rencor y odio es, de lejos, lo más interesante de la película, junto con los diez primeros minutos, donde se dan a conocer el origen del conflicto y las batallas que han vivido juntos.
Al final lo que quedan son unas cuántas réplicas graciosas y agudas, unos efectos especiales a la altura del producto, el carisma de Jackman, ese joven Clint Eastwood cuyo talento está muy por encima de estos productos alimenticios, y sobre todo, la presencia de Schreiber, un actorazo como la copa de un pino, al que le bastan un par de gestos para llevarse de calle al espectador.
Su Victor Creed es todo lo cínico, violento y cabrón que se puede esperar. Un bad-ass en toda regla. Sí, vamos, que roba por completo la película, aunque aún nadie haya osado a acusarle de ser quien filtró esa versión pirata que anda por Internet desde hace un mes…
Hasta los “huesos” por Boreanaz
Por Fernando Mexía - Columnistas, Kubelick - 23/04/2009
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Being David Boreanaz
Viendo cualquier capítulo de Bones a una le entran ganas de usar aquel jingle de Les Luthier para preguntarle a David Boreanaz: “usted, que está habituado a que los hombres lo respeten y las mujeres lo admiren; usted, ¿nos puede decir cómo hace?” Con cuatro muecas como único repertorio gestual Boreanaz ha conseguido que su Seeley Booth, el agente del FBI que resuelve misterios junto a la forense Temperance Huesos (Bones) Brennan, sea ese tío simpático al que todos quieren llevarse de cañas. Para las chicas, Booth es simplemente adorable, por usar uno de esos adjetivos en desuso y tan habituales en los doblajes de los ochenta. Le va al pelo, además, porque Bones es una serie antigua en los valores y también en la forma, con protagonistas que no disimulan un patriotismo modelo administración Reagan y que dialogan como Maddie Hayes y David Addison en Moonlighting.
Admitámoslo: esos ratos compartidos en el coche camino a levantar el enésimo cadáver, con carga extra de metralla dialéctica y sin más tema que el “pues anda que tú”, son deliciosos. Cualquier día estallarán la burbuja de la tensión sexual (la serie va por su cuarta temporada y no va a pasar mucho más tiempo antes de que los enrollen) y, tras un apoteósico beso y coito en elipsis, la cuadriculada Brennan le pedirá al emocional Booth que se case con ella porque, según todas las teorías antropológicas, el matrimonio es la consecuencia del amor. Booth dirá que sí, claro; no porque sea conservador, que lo es, sino porque es ese tío que siempre hace lo que hay que hacer. Que sea tan salao es lo único que evita que su americanismo no nos dé grima: él mismo reconoce, con toda la gracia, que “si hubiera sido policía en la época de los colonos, les hubiera reunido a todos y les hubiera convencido para que se rindieran, y aún seríamos ingleses”.
La legión de admiradores de David Boreanaz se lleva acumulando desde mediados de los noventa. La primera de la que tenemos noticia fue una amiga de la entonces guionista y ahora productora ejecutiva Jane Espenson. Viviendo en carne propia lo que decía Hannibal Lecter de que “la codicia empieza por lo que vemos cada día” la buena mujer se obsesionó con un chico que paseaba al perro por su urbanización a la misma hora que ella volvía del trabajo. “No te puedes hacer una idea de lo guapo que es, Jane”. Tras escuchar la descripción, Espenson se convenció de que el vecino de su amiga era el veinteañero que los productores de su serie andaban buscando como locos: un actor que encarnara la fantasía adolescente del “chico mayor” que no se parece a los pajilleros de clase, el Angel perfecto para acompañar a Buffy, the Vampire Slayer.
Aunque de cerca bizquea, David Boreanaz era lo que las abuelas llaman un buen mozo: alto, limpito y
delgado sin ser tirillas, en el punto justo de tío bueno, vaya. Guapo, muy guapo, y también soso como la comida de un hipertenso. Angel podría haber sido el vampiro humanizado, de alma torturada y aire de doliente perpetuo y nada más. Otro galán blandito, demasiado varonil para ser ambiguo pero un pelín castrado, a la sombra de una novia que le daba sopas con honda a Van Dame en lo del Kick Boxing. Josh Weddon, el creador del Buffyverso, es cualquier cosa menos tonto; vio que el personaje se le amariconaba y le hizo a Boreanaz el regalo que cambiaría su carrera: reconvirtió al luminoso guaperas en el mismísimo Lucifer. Transformó a un lánguido Louis en el más retorcido Lestat. Como todos, Angel, cuando era bueno estaba bien, pero de malo era muchísimo mejor y, siguiendo un proceso de calentón tradicional, las niñas pasaron en muy pocos capítulos de suspirar por sus huesitos a desear que les mordiera el cuello. El revuelo hormonal fue suficiente como para que a principios de la tercera temporada de Buffy…, ya tuviera firmado un spin off con nombre propio. Que Angel, la serie, no fuera más que una réplica de segunda categoría del original no es culpa del esqueje Boreanaz, que floreció según lo previsto a medida que se independizaba del vampiro y se convertía en estrella. Ganó peso bruto (se puso fondoncillo) y específico (con gramos extra de experiencia y toneladas de ironía), y empezó a mirar a los cuarenta con una sonrisa de medio lado.
Booth como Angel está lejos de ser perfecto. También él tiene un pasado sanguinolento del que se arrepiente (trabajó como francotirador para el ejército). Sin embargo es un diligente padre soltero que babea cada vez que Huesos Brennan cae en uno de sus impúdicos alardes de conocimiento. Está encantado siendo el músculo (y el corazón) tras el cerebro de su compañera. En el primer capítulo, el muy chulito, le dejó claro que si ella tenía un doctorado, él tenía placa y pistola. Ideas antiguas para un personaje que, de nuevo, tiene en enfrente a una mujer que puede, sin ayuda, con todo. Él, que ya se sabe el papel, ante la amenaza de los malos le suelta frases como, “vale, ya has demostrado que eres una mujer fuerte, segura y… no vas a volver a salir nunca más sola”. Ella está encantada porque, será todo lo tarugo que quieras, pero ha hecho realidad otra fantasía adolescente: la de que la empollona, al final, se queda con el capitán del equipo de fútbol.”
¡Me gusta la tele!
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick - 22/03/2009
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R. I. P.
Hace pocos meses que murió Michael Crichton, escritor de best sellers y mente calenturienta que parió argumentos demenciales como Disclosure (¿qué varón heterosexual protestaría si Demi Moore se le tirase al cuello?) o Twister (¿perseguir tornados es una profesión?), amén del trozo de resina más rentable de la Historia (con permiso del hachís, Jurasic Park recaudó en taquilla la friolera de mil millones de dólares). Todo esto es suficiente como para que yo le hubiese declarado odio eterno y, sin embargo, le estaré por siempre agradecida, porque fue gracias a Michael Crichton que yo salí del armario.
En mi casa, cuando yo era pequeña, que te gustara la tele era, en el mejor de los casos, una pérdida de tiempo.
¿Leer? Cuanto más, mejor, pero engancharte a una serie era considerado un delito de lesa disciplina. Así que tuve que disfrutar de mi amor por Remington Steele a escondidas, gracias a la complicidad de aquel primer VHS y de una cinta (la única que teníamos) machacada, que fastidiaba los cabezales en cuanto desaparecía tras la alargada lengüeta. Aún hoy el crepitar del celofán me pone la carne de gallina; recuerdo el dedo sobre el botón de tracking y, poco a poco, las rayas que iban desapareciendo…
Yo pensaba que en la universidad todo sería diferente, pero no. Podías colar una cita de Woody Allen en cada conversación y nadie te consideraba una friki. Al contrario: eras la más guay. Pero ay de ti si se te ocurría confesar que encendías el televisor en soledad (en grupo, también estaban permitido ver fútbol) para algo más que estar al tanto de las noticias o ver Blood Simple en el Cineclub de madrugada. Conozco a uno que se atrevió a reconocer que, en su época de instituto, había echado un vistazo a algún capítulo de Farmacia de guardia: pasó de inmediato a convertirse en un paria intelectual. Fueron unos años muy duros.
Un martes del invierno de 1996, creada por Michael Crichton, E. R. apareció en el prime time de Televisión Española. Nunca había visto nada parecido. Desde que arrancaron los créditos no pude apartar los ojos de la pantalla. La cámara volaba, literalmente, por los pasillos del County General de Chicago. Igual que el pardillo llamado Carter procuraba no liarme, entre la incesante actividad y el exceso de información. Conocía la teoría pero, como el residente novato, estaba a punto de perder la virginidad y enfrentarme al mundo real: realización, diálogos, dirección, iluminación, trama, dirección artística, personajes, se materializaron y se combinaron con agilidad, espectáculo, riesgo, trasgresión, elegancia, pulcritud, naturalidad. No había duda, aquella era la serie perfecta. Estaba en éxtasis. Envalentonada por la euforia, al día siguiente, en mitad de una tertulia de sesudos plumillas, como un kamikaze del batallón de la cultura de los integrados, declararé orgullosa: “¡Me gusta la tele!”.
Vaya si han cambiado las cosas desde entonces. Hoy en día, por ejemplo, tener un abuelo republicano está pasadísimo; ahora lo que se lleva es presumir de que, en los noventa, ninguno podíamos despegarnos de Twin Peaks. Yo confieso que nunca me puso lo más mínimo tanto enano raro, tanta frase surrealista y tanto secundario de West Side Story. De todas las series que han pasado por mi vida E. R. ha sido quizá la más determinante y, sin duda, la más duradera hasta la fecha. Televisión Española se empeñó desde el principio en que lo nuestro no funcionara, cambiando los horarios de emisión y retirándola sin previo aviso. Yo, como la sufrida esposa de un médico, esperaba un nuevo encuentro ansiosa, despierta hasta altas horas de la mañana.
Después de diez años, la cosa se enfrió. No es que ya no me gustara pero las circunstancias cambiaron mucho. Estalló una revolución y, de la noche a la mañana resultó que ya no teníamos que estar sujetos a la dictadura de las cadenas de televisión. Empezaron a aparecer series por todas partes, frescas, arrebatadoras; muchas eran solo fachada, bien es cierto, pero tardé en darme cuenta. La carne es débil y los primeros cinco minutos eran tan contundentes… me dejé seducir.
Continué sabiendo de ella por lo que leía y lo que me contaban. Lejos de perderse como lágrimas en la lluvia, los buenos momentos que pasé con E. R. vuelven ahora, justo cuando su vida se extingue, como recortes en un álbum. Recopilados, un puñado de proezas televisivas: un falso documental emitido en directo (dos veces en la misma noche: una para la costa Este, otra para la costa Oeste), un episodio tipo “Memento”, construido a base de pequeños tramos que, desde el final, recapitulan la historia; un emocionante secuestro en el que un escocés llamado Ewan McGregor nos tiene sin salir de una pequeña tienda, y con el corazón en un puño, durante 45 minutos; ejercicios de virtuosismo narrativo donde el principio de un día de guardia transcurre paralelo al final de la noche… de ese mismo día. En otra página, un hijo sordo que cura la soberbia de Benton, un esquizofrénico que abre en canal a Lucy, un helicóptero que amputa el brazo de Romano, un pequeño terminal al que Doug alivia con la dosis de morfina adecuada, una bombero que enseña a Weaver que es sano ser gay, el nacimiento de las gemelas de Carol, la muerte de Marc…
En fin, las cosas que pasan en un hospital.
Descanse en paz.
P. S. ¡Qué despiste!, casi se me olvida mencionar que E. R., como todo el mundo sabe, descubrió para el gran público a un actor que llevaba años defendiendo secundarios en la tele y que, gracias a su paso por el County General, vio despegar una brillante trayectoria profesional: desde luego, William H. Macy tiene mucho que agradecer a E. R.
La revolución de las 3D
Por Fernando Mexía - Cine - 16/03/2009
Una idea casi tan antigua como el propio cine cambiará la forma que tenemos de disfrutar del séptimo arte de ahora en adelante. Llegan las tres dimensiones a la gran pantalla, y esta vez parace que va en serio. Hollywood piensa en este formato como en la solución a gran parte de sus problemas y se está rascando los bolsillos para llevar sus producciones al mundo estereoscópico; sí, el que hasta ahora vivía marginado en un pequeño número de salas donde se proyectaba en 3D, aunque la experiencia se parecía más a la visita a un parque de atracciones que al ritual cinematográfico. Se acabaron los documentales de animales, el jurásico, las pirámides o los viajes en helicóptero sobre acantilados. La nueva 3D viene cargada de argumentos, historias con principio, nudo y desenlace, actores conocidos y llama a la puerta de los Óscar; esto lo digo sin temor a equivocarme. Leer el resto de la entrada »
Favoritos para el Óscar
Por Fernando Mexía - Antonio Martín, Cine, Columnistas, Kubelick, headline - 02/02/2009

Los columnistas cinéfilos de El plumilla, Antonio Martín y Kubelick, junto con la colaboración especial desde Nueva York del periodista especializado en cine David Valenzuela, hacen sus apuestas sobre quiénes se llevarán a casa una estatuilla en la próxima gala de los Óscar, que tendrá lugar el 22 de febrero en Los Angeles. Unos pronósticos en los que también participa el autor de este blog, Fernando Mexía.
Antonio Martín,
Kubelick (sigue su blog aquí),
David Valenzuela y
Fernando Mexía.
Mejor película:
Tal y como se debate en Hollywood, los votos de los expertos de El plumilla son inconcluyentes. El duelo entre la revelación “Slumdog Millionaire” y “The Curious Case of Benjamin Button” por la estatuilla a la mejor película perdurará hasta el día de la ceremonia.
Slumdog Millionaire “ha sido la gran sorpresa del año” capaz de dejarte “anclado en la butaca con ganas de reír y llorar”, explica Valenzuela, para quien el filme te deja con la “sensación de haber visto algo nuevo”. Mi voto fue también para esta cinta porque ha arrasado en todos los premios concedidos hasta la fecha, por encima de Benjamin Button. Parece la gran favorita.
No obstante, Antonio Martín defendió el drama protagonizado por Brad Pitt y confía en que la Academia se decante “por un título casero. Tiene magia, tiene nombres conocidos, es larga… muchos ingredientes que gustan a quienes votan”, dijo. Si bien, Martín no cree que esta cinta logre ningún otro premio importante.
Kubelick describió el duelo Slumdog-Button como una lucha épica de “David contra Goliat”, la independiente india contra la superproducción estadounidense. A pesar de que todo apunta a la victoria de “Slumdog Millionaire” para la analista de El plumilla, ella entrega su voto a Benjamin Button en virtud de la química tándem Marshall- Kennedy, veteranos productores de Hollywood y aliados de Spielberg en la saga de “Indiana Jones” o “ET”, entre otras.
Una baza que parece empezar a jugar a favor de Benjamin Button es, curiosamente, el exceso de éxito de Slumdog Millionaire. Tras el baño de premios, la prensa estadounidense ha empezado a sacarle pegas a la historia, que fracasa en taquilla en la India, y algunos ya la acusan de pasar de puntillas por la pobreza de los barrios de Bombai como excusa para contar una enternecedora historia romántica.
Mejor actriz:
El Óscar tiene un nombre propio: Kate Winslet.
“Que se lo den a Kate Winslet que ya va siendo hora”, comentan Kubelick y Valenzuela y no les falta razón. La británica suma con “The Reader” su sexta candidatura sin haber conquistado aún la estatuilla. La actriz ha convencido con su interpretación en ese filme a casi todos los jurados y es la gran favorita, con la salvedad de que en esta ocasión compite con “The Reader” como actriz protagonista y no como secundaria, tal y como ocurrió en los Globos de Oro o en los premios del Sindicato de Actores.
Valenzuela pide el Óscar para Winslet, “porque Meryl Streep ya tiene un par de estatuillas, aunque a su juicio la nominación debería haber sido por “Revolutionary Road”.
Martín por su parte no lo ve tan claro. “Es uno de los premios más reñidos, a mi entender. Es posible que Winslet se lo lleve, pero también que le vuelvan a dar con la puerta en las narices. Y la historia de una recién llegada a los Óscar con una gran actuación siempre tira”, señaló refiriéndose a su elegida, Anne Hathaway.
Por mi parte, creo es el turno de Winslet y considero que su nominación por “The Reader” en la categoría principal ha sido un gesto de la Academia para garantizarle el éxito y evitar que la actriz hiciese doblete como protagonista y secundaria.
Mejor actor:
Sean Penn lleva ventaja en los prónosticos de El plumilla, aunque por poco porque la votación ha estado bastante disputada.
Valenzuela se decantó por Penn y su transformación en Harvey Milk. Una interpretación de quitarse el sombrero sin duda para este consagrado actor. Reconozco que mi voto fue para el protagonista de “Mystic River” en el último momento, porque tenía previsto confiar en Mickey Rourke por las mismas razones por las que lo ha hecho Martín: “Hollywood y las resurreciones, una historia de amor sin fin. Sólo podría hacerle sombra Sean Penn, pero la gente está acostumbrada a que éste clave sus papeles”, dijo.
En esas estaba yo hasta que vi como los propios actores se decantaban por Penn en los premios de su sindicato. Una señal de que el regreso de Rourke no ha generado tantas simpatías como se podía presuponer.
Kubelick, no obstante, se la juega por Jenkins, quien sin grandes campañas ni taquillas se ha colado entre los cinco mejores actores del año para la Academia.
“Varios mitos del Olimpo cinematográfico recopilados en esta categoría: el omnipresente Penn, el pluscuamperfecto Pitt, el secundario de lujo Langella y el resucitado Rourke. Qué vértigo, casi mejor trasladarse A dos metros bajo tierra y homenajear al muerto más vivo de la tele. Lo reconozco, me haría mucha ilusión ver al patriarca de los Fisher recoger un Óscar”, indicó Kubelick.
Mejor actriz secundaria:
Única categoría en la que ha habido consenso. Penélope Cruz se llevará el Óscar. Sin Winslet en el horizonte para hacerle sombra y tras cosechar múltiples premios de la crítica en EEUU, “Pé” tiene la estatuilla a punto de caramelo.
“En justicia, esa Maria Elena mediterránea, arrabalera y glamurosa es lo único bueno de la horterada de película ( Vicky Cristina Barcelona) que le ha pagado unas vacaciones por Europa al genio de Manhattan (Woody Allen). Espero que la bendición de los secundarios de Woody Allen caiga sobre Penélope Cruz y que, igual que Wiest, Sorvino y Caine antes que ella, gane el Oscar y se lo traiga a España a lucirlo. La prensa tendría entonces que dejar de insinuar que es más arrogante y aprovechada que buena actriz, empezar a barrer para casa y cantar sus alabanzas. Estoy deseando ver el reportaje de Informe Semanal (programa de la televisón pública española): De Alcobendas a Sunset Boulevard”, afirmó Kubelick.
En la misma línea se pronunciaron Martín y Valenzuela. “Creo que brilla tanto en la peli de Allen porque el resto es mediocre. Ojalá se lo lleve y podamos contarlo. Sin Winslet en la carrera, tiene vía libre. Lo contrario sería una sorpresa”, aseguró Martín. “Pese a todo, esta madrileña es de lo mejor que ha dado el cine español. Cruz ha sido capaz de debutar con Woody Allen y dejar por los suelos a Scarlett Johansson y al mismísimo Bardem, además de salvar una película que, si ella no apareciera, no pasaría de reportaje de viajes un pelín manido”, destacó Valenzuela.
Mejor actor secundario:
Podría parecer que el difunto Heath Ledger tiene el Óscar en el bolsillo, pero las opciones del maléfico “Joker” a las estatuillas pueden haber llegado un poco cascadas. A fin de cuentas hace ya más de un año de su fallecimiento y muchos meses desde que se estrenó la última secuela de Batman. Por mi parte, creo que su papel merece el Óscar, pero que “El caballero oscuro” ha dejado en la sombra a otras grandes actuaciones.
Martín defiende a Ledger con vehemencia. “No hay posible discusión ni es cuestión de morbo. Digan lo que digan. Es que este hombre se sale en este papel”. Pero Valenzuela cree que Michael Shannon está por encima de las fatalidades del actor australiano. Convencido de la calidad de “Revolutionary Road”, este periodista cree que la interpretación de Shannon “junto a la de Winslet en este filme de Sam Mendes, es de lo mejor del año”.
Kubelick optó sin embargo por Josh Brolin, por “el papel más políticamente incorrecto del 2008″ y sirvió de portavoz de la legión de cinéfilos que dudan de que Ledger hubiese ganado el Óscar sin el “plus” que da en Hollywood aquello de morir joven: ”¿habría ganado el premio Heath Ledger por un personaje histrión como su Joker de estar hoy vivo? Lo dudo. Para recoger premios, Shannon aún tiene tiempo y Hoffman ya tiene muchos. ¿Irán de nuevo los tiros por el rollito necrófilo? ¿Asistiremos a otro sonrojante standup ovation, en loor del bonito cadáver?”, dijo.
Mejor director:
Danny Boyle lo ha ganado todo este año, no creo que el Óscar se le escape. En esas están también Antonio Martín y David Valenzuela quienes creen que la Academia premiará al británico por “arriesgarse hacia lo desconocido sin ser consciente de la gran película que estaba dirigiendo” (Valenzuela) y porque Hollywood se decantará por el “toque ‘indie’” (Martín).
“Esta especie de “Ciudad de Dios” made in India tendrá que conformarse con este premio. Y yo encantado, que me encanta Boyle. Pero es muy posible que Fincher se lo arrebate”, aclaró Martín.
No sin cierta indignación, Kubelick arremetió contra la elección de la Academia y se decantó por David Fincher.
“Cuatro de los cinco nominados este año están en mi ranking personal de directores más sobrevalorados de todos los tiempos; Stephen Daldry y Danny Boyle, además, ocupando lugares destacados. Las pelis con los que ambos saltaron a la fama, las noventeras (¿se usa ya este término?) ‘Trainspotting’ (Boyle) y ‘Billy Elliot’ (Daldry) acumulan puntos extra por el agravante de oportunismo generacional. Gus Van Sant cayó en picado en mi escalafón desde que los críticos se la juraron por copiar ‘Psicosis’ plano a plano. Subiendo y bajando en esa lista está también Ron Howard, según le den premios inmerecidos (Una mente maravillosa) o no. El quinto de los directores que optan al Oscar este año encabeza otra lista muy diferente: “nombres imprescindibles para entender el cine de los últimos quince años”.
Mejor guión original:
“Creo que este premio deberían dárselo a cualquier guionista de Pixar que quiera ir a recogerlo al Kodak Theatre. Al fin y al cabo, animación o acción real, esta gente se dedica a contar historias. Y hace bastante tiempo ya que las suyas son siempre las más divertidas del año”, argumentó Kubelick al dar su voto a “Wall-E“. El filme del robot solitario en una Tierra postapocalíptica peleó para entrar en las nominaciones de mejor película del año, aunque finalmente se tuvo que contentar con la nada desdeñable candidatura de mejor cinta animada de 2008, galardón que ganará. A mi juicio, el premio del guión podría ser el reconocimiento extra de la Academia para “Wall-E”.
Antonio Martín prefirió el toque “indie” de “Frozen River” y Valenzuela apostó por la victoria de “Mike Leigh, para ver si a la sexta va la vencida y se lleva el Óscar de una vez con una película, “Happy-Go-Lucky”, que es capaz de reconciliar con la vida al mayor de los amargados”.
NOTAS
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//La papeleta de con los nombres de los candidatos mostrada en la última imagen de este post es la misma que reciben este año los miembros de la Academia de Hollywood para decidir los ganadores de los Óscar. Estos premios se votan con papel y lápiz. Desde Spielberg hasta George Clooney votan a sus filmes y actores preferidos rellenando un formulario como ese y reenviándolo a la empresa que se encarga del recuento antes del 17 de febrero.//








