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Carmela Soprano, ahora enfermera

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Enfermera Edie

Ser popular es la bendición y la cruz de los actores. Que cualquier fulano llegue algún día a reconocerte por la calle y a llamarte por tu nombre es el anhelo que compensa miles de noches poniendo copas en los bares y otras tantas mañanas memorizando separatas en las colas de los casting. Cuando llega el momento de la gloria, las marujas les paran en el supermercado pidiendo que estampen su firma en un paquete de cereales, las adolescentes se pisan unas a otras por conseguir un mechón de pelo y los raritos sin amigos les mandan cartas en las que nunca falta la frase “solo yo puedo entender tu soledad”. Los actores reivindican entonces su derecho al anonimato, cuando ya es tarde.

En este tema, como en muchos otros, se pone de relevancia la diferencia de clases que aún separa al cine de la tele. El espabilado productor llamado Tom Hanks no se cansa de subrayar que es en la pequeña pantalla donde se encuentran las grandes historias. Pero él, que no necesita dar tarjetas de visita en las reuniones para que los ejecutivos de las cadenas se queden con su cara, no va a protagonizar ninguna de ellas. ¿Para qué? La gente que trabaja todos los días en lugar de tres meses al año lo hace por obligación, no porque quiera. Y eso es igual en Hollywood o en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo.

EMMYSUn actor en activo en la tele, no sólo curra más que en el cine, sino que tienen un plus de molestia añadido a la popularidad: la versión cuerda de la esquizoide sensación “es como si fuera mi colega de toda la vida” que nos produce a los espectadores convivir con sus personajes, todos los martes, todos los domingos, todos los días los más adictos. Integramos sus ficticias historias en nuestro entorno cotidiano, les dedicamos más tiempo, a veces, que a un amigo o a un hermano. Obviamos al actor y adoptamos al personaje. Nueve de cada diez personas que coincidieran con Hugh Laurie en la cola del cine se sentirían tentados a charlar con él de manera espontanea, con toda confianza. No lo hacen, claro, sobre todo por miedo a que, al más puro estilo doctor House, el actor les espetara “¿le conozco de algo?”.

Toda una parrafada para justificar que se me ha hecho muy difícil enfrentarme al primer capítulo de Nurse Jackie aislando el hecho de que la prota sea Edie Falco. La Jackie del título, el personaje interpretado por Falco, es una experimentada y poco ortodoxa enfermera de urgencias de un hospital de Nueva York. Lo primero que me pasó por la cabeza cuando la vi aparecer, embutida en el pijama azul, fueron las uñas de Carmela Soprano, “¿cómo narices va a ser capaz de coger una vía esta mujer?”, pensé. Sin embargo, más allá del personaje, Falco es una actriz prodigiosa, así que, en pocos minutos, ya entendía de qué iba esta otra veterana de la vida, sufrida y apaleada, feminista y currante, en las antípodas de la gran dama de Nueva Jersey.

Nurse Jackie es marca Showtime y, como tal, está hecha a imagen y semejanza de las más exitosas producciones de la cadena en la que se emite. Jackie echa un polvo donde le pilla, toma drogas a diario e impone su propia ley. Californication, Weeds, Dexter. Muy bien escrita y muy bien grabada, una serie estupenda que no me ha enganchado nada. ¿Lo mejor? Ella. Sin medias tintas: está soberbia. Porque es un pedazo de actriz que valen un potosí. Como Glen Close o como Sally Field, estrellas de cine repudiadas que aún conservan su nombre propio y que, sin duda, preferirían hacer una peli al año y dedicarse a vivir los nueve meses restantes. Pero solo la tele les valora (o sea, les paga) la veteranía. A diferencia de ellas, Falco será siempre más Carmela que Edie. Que no poco.

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    Apuercalipsis

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Los latinos tenemos tanta herencia religiosa como sentido del humor. Afortunadamente, el llamado “temor de Dios” se compensa con una forma burlesca de entender la realidad que nos permite bromear sobre casi cualquier cosa. Es más, somos especialistas en sacarle punta cómica a los dramas y la gripe porcina (A o H1N1 o como se venga a llamar más adelante) que amenaza con exterminarnos como a chinches es un gran material para la mofa.

    “La crisis primero, ahora la gripe… parece el apocalipsis”, decía un ama de casa mexicana en una encuesta callejera para la televisión esta semana.  El finmundismo se contagió como un virus entre la población que, puestos a morir, bautizó el fenómeno como el apuercalipsis. Al fin y al cabo es menos fatalista imaginarse a los cuatro jinetes bíblicos a lomos de puercos que sobre unos caballos que echen espumaracos por la boca. Al menos así nos garantizamos la güasa en el Juicio Final.

    En sintonía con las sonrisas que se esconden detrás de las inquietantes mascarillas cubre bocas,  que muchos han tuneado para quitarle hierro al asunto,  comenzaron a proliferar por internet comentarios jocosos y decenas de fotos, dibujos y algún que otro vídeo para recontar la historia de esta gripe cerda.

    ninocerdosimpson La web ofrece posibles orígenes del virus más allá de análisis de laboratorio. Una imagen vale más que mil palabras dicen. En esta pugna están el ya archiconocido niño que lame el morro del cerdo y también el torpe Homer Simpson, cuyo historial de desastres encaja con el perfil de responsable de desatar una pandemia, aunque sea en la ficción.

    No faltan tampoco teorías conspirativas para explicar este descenso a los infiernos de moco, tos seca y fiebre alta.

    La paranoia del colectivo señaló con el dedo al gobierno de EEUU que, como siempre, es el blanco perfecto para especulaciones maquiavélicas. En esta línea tenemos quien dice que la gripe es un ataque biológico encubierto producido por la primera potencia mundial en el que estarían involucrado el ejéricito, las empresas farmacéuticas y hasta el Partido Republicano en su intento por hacer fracasar a Obama.

    Los hay que creen que los cárteles de la droga mexicanos lanzaron el virus, otros estiman que fue Al Qaeda, y he leído acusaciones  contra los productores de vacuno y carne de pollo  que supuestamente habrían tratado de  arruinar a sus rivales del sector porcino.

    Otros dicen que la gripe solo fue creada para matar a mexicanos o que lleva algún tipo de componente anti hispano (hasta ahora los muertos son todos de origen latino).

    Más allá de la argumentación basada en un ataque está el modelo cortina de humo. Según este punto de vista, la gripe A o H1N1 sería un complot para distraer a la opinión pública de asuntos más relevantes como la crisis económica y el cambio climático.

    Lo cierto es que aún se investiga cómo se inicio este brote y la composición exacta del virus para generar una una respuesta médica apropiada. También parece cierto que esta gripe no es cosa de cerdos, es más, los contagios se están produciendo al revés: un candiense contagió a su piara.

    El apuercalipsis tuvo especial acogida entre los dibujantes, como JR. Mora y otros que plasmaron con audacia la mal llamada amenaza porcina.

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    No faltaron los creadores de juegos en internet como el Swinefighter que consiste en fulminar a virus con cara de cerdo con una aguja hipodérmica mientras revolotean sobre el planeta alocadamente. En una semana este “matapuercos” recibió más de 600.000 visitas. Otra aportacion reseñable en este contexto son los vídeos musicales caseros que se multiplican en YouTube. Como por ejemplo la Cumbia de la influenza o el rap de la influenza.


    El efecto puerco llegó en México hasta el punto de que según algunas informaciones las precauciones sanitarias se infiltraron en las exitosas telenovelas y ahora los Carlos Alberto  Hernández y Adelaida Esperanza Ramírez de turno  tienen que reemplazar los besos en los labios por otros gestos de amor para evitar que los actores se  puedan contagiar los unos a los otros.

    La enfermedad ha resultado muy prolífica en materia de chiste, bromas y chascarrillo, la mayor expresión artística del ingenio del ciudadano medio.

    “¿Ya oíste que México se ha convertido en una potencia mundial?”, reza un chiste. “Cuando estornuda, todo el planeta se enferma”.

    “Por una gripe normal, hacemos atchís, pero por una gripe porcina, hacemos ¡atchoiiiink”.

    “Doctor, mi marido come como un cerdo, ¿piensa que se contagió la gripe porcina?”.

    “¿Qué siembran los campesinos? ¡El terror!”.

    “Se dice que todo el mundo está tranquilo en Estados Unidos porque la gripe porcina no puede venir de México. Es seguro, la frontera no deja pasar nada, absolutamente nada”.

    “Creo que tengo la gripe porcina. Tengo una urgencia repentina de comer beicon y morro de cerdo”.

    Que no falte una buena dosis de humor, para cosas más serias siempre nos quedarán los organismos oficiales.

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    Asignatura pendiente

    juan-palopJuan Palop, sigue su blog asiático aquí

    El Jemer Rojo no se estudia

    En los colegios de Camboya no se enseña qué fue el Jemer Rojo. En las aulas no se explica quién fue Pol Pot, ni cuál fue el despiadado experimento maoísta que perpetró en su Kampuchea democrática. En Camboya no se escribe en las pizarras que de 1975 a 1979 más de 1,5 millones de personas, un quinto de la población del país, fueron asesinadas en purgas políticas o murieron de hambre, agotamiento o enfermedades en deportaciones masivas y campos de trabajo. Apenas nadie conoce el término “autogenocidio”, que se acuñó específicamente para designar su tragedia nacional. Y muchos jóvenes siguen sin saber, a pesar del bombo mediático, que hace unos días comenzó en Phnom Penh el juicio contra Kaing Guek Eav, Duch, el jefe de los torturadores del Jemer Rojo.

    jemer-800x600Duch, que antes de empaparse con la sangre de miles de compatriotas era profesor de matemáticas, dirigió la prisión secreta de Tuol Sleng, el centro S-21. El historiador David Chandler describe el lugar de manera escalofriante: “eran unas instalaciones para interrogar y torturar más que una prisión. A pesar de que hubo gente confinada y castigada allí, nunca nadie fue puesto en libertad. El centro era, básicamente, la antesala de la muerte”. A Duch, ahora un envejecido hombre de 66 años con mirada húmeda y canas alborotadas, se le podrían imputar hasta 26.000 muertes.

    ¿Por qué un juicio así no logra interesar a los que sufrieron en su propia piel la tragedia? La cuestión no es solamente que la mayoría esté dedicada en cuerpo y alma a la supervivencia. No, aunque la pobreza extrema siga siendo una lacra en Camboya. Según observadores internacionales como el periodista español Jordi Calvet, que vive y trabaja en Phnom Penh, el verdadero problema es que para muchos el Jemer Rojo fue algo muy real, desoladoramente tangible, y que este proceso auspiciado por Naciones Unidas no resulta creíble.

    La comunidad internacional está sufragando los costes del tribunal (y quiere, en consecuencia, resultados). Y la sombra del gobierno de Camboya es alargada. Negociaron durante años los límites de la fiscalía, el período en estudio, a quién se imputaba,… no vaya a ser que acaben sentando en el banquillo al actual primer ministro, ex jemer, y seguir tirando del hilo, quién sabe si hasta Washington o Beijing. Para colmo, la imparcialidad e integridad de los jueces locales está más que en duda. Y ya se han descubierto casos de corrupción en el tribunal.

    Los camboyanos deberían estudiar su pasado y aprender de él para que barbaries como el Jemer Rojo no vuelvan a repetirse. Algo que, por otra parte, podríamos aplicarnos muchos pueblos. Pero dejando a un lado la política.

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    Se dice, se comenta: Australia, Milk y Doubt

    Resulta que “Australia” es un fiasco o eso parece por los comentarios que he oído por aquí. Sus casi tres horas de metraje son una losa sobre la atención de los espectadores. Los críticos aseguran que el filme, promocionado con bombo y platillo no cumple con las expectativas y peca de clichés australianos.
    australia4Dicho de otra forma, el que quiera verla que vaya mentalizado y se compre el supercombo de palomitas de maíz y refesco gigante para pasar el rato. Alguien me dijo que dista mucho de ser una película épica sobrecogedora, ni una cinta de acción espectacular, ni un melodrama superlativo como “Titanic”. En defintiva, “Australia” es el primer gran descarte en las quinielas de los Óscar. Leer el resto de la entrada »

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