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Crisis sin remedio oriental
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, featured, Óscar García Muñoz - 13/04/2009
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La salvación no vendrá de Asia
Tal vez no llegue la salvación de Asia, pero sí que pueden llegar pautas anticipadas de lo que nos resta por ver. El economista español Pablo Bustelo, especialista en Asia, ha publicado recientemente dos artículos sobre los paralelismos de la crisis japonesa con la crisis actual y el papel que puede tener China en la recuperación económica del mundo. Este último es especialmente interesante, ya que desmonta dos mitos que se han generado sobre China: que la economía china se va a derrumbar este año y que será el motor de la recuperación global gracias a su pronta recuperación.
Desde luego, no cabe duda de que la hora de Asia es sólo cuestión de tiempo, pero todavía no ha llegado plenamente. De momento, un profesor universitario chino afirma que su país será el gran ganador de esta crisis. El hecho de que más de la mitad de la población mundial se concentre en Lejano Oriente es motivo más que suficiente para pensar que cabe la población es un factor importante en las economías. El problema, como dice Bustelo, es que el peso de China en el PIB mundial es todavía pequeño si lo confrontamos con la UE, Estados Unidos y Japón y su mercado de consumo todavía es estrecho. Si el capitalismo tiene uno de sus fundamentos en el consumo, no será China quien lo sostenga.
Hay una cosa que me preocupa en el artículo de Bustelo: no habla de hasta dónde podría llegar china con las inmensas reservas de dólares y con el manejo de la deuda de Estados Unidos. Tal vez no haya querido crear más miedo. En cuanto al artículo sobre Japón, el énfasis se vuelve sobre el sistema bancario. Las medidas de la reunión del G-20 plantean reformas en los sistemas financieros, pero como todas las declaraciones políticas, quedan demasiado difusas. En cualquier caso, se empieza a apostar cada vez más por un periodo largo de estancamiento, consecuencia de los excesos (aquella “exuberancia irracional” de la que hablaba el ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, antes venerado y hoy defenestrado) de un periodo dorado de la economía. ¿Será el decenio 1995-2005 el equivalente histórico a los años veinte? Lo que sí parece claro es que Asia no será el motor de la recuperación, aunque a la larga será el gran beneficiado.
Imagen: stock.xchng
Obama podría “desenchufar” internet
Por Fernando Mexía - headline, sociedad, tecnología - 04/04/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Internet, vaya con internet. Estamos metidos en el ciberespacio hasta la coronilla, un universo con el que nos vamos atragantando, incluso aunque procuremos estar actualizados. La fascinante herramienta web viene sin libro de instrucciones y su regulación casi brilla por su ausencia. La red es el “far west” del siglo XXI donde una legión de usuarios vamos lanzados hacia la “conquista” de este singular Oeste mayoritariamente americano (estadounidense, quiero decir). Un mundo con muchas oportunidades y pocos “sheriffs” que pone nervioso a Washington, corrijo, muy nervioso.
El pasado miércoles 1 de abril dos senadores, el demócrata John Rockefeller y la republicana Olympia Snowe, presentaron The Cybersecurity Act of 2009, una propuesta de ley que incide en la gran amenaza que supone internet para la seguridad nacional de EE.UU. Entre las medidas que se sugieren destaca la postestad presidencial para apagar o limitar el tráfico en la web en caso de emergencia o el acceso a información privada confidencial a criterio del secretario de estado de Comercio.
Esta iniciativa sería como poner en el despacho oval un botón rojo para conectar o desconectar la web según los
intereses estadounidenses sin ni tan siquiera pasar por el Congreso de EE.UU., o exponer nuestras miserias y secretos protegidos con las claves más indescifrables a la curiosidad de un político en función de las estrategias de turno para luchar contra el ciberterrorismo. Todo sin necesidad de pedir permiso a nadie.
El presidente, en el plazo de un año después de la aprobación de esta ley, podrá desarrollar un a estrategia de ciberseguridad comprensible que podrá incluir una visión a largo plazo del futuro de la ciberseguridad nacional y un plan que englobe todos los aspectos de seguridad nacional, incluyendo la participación del sector privado, operadores y gestores fundamentales; puede declarar una emergencia de ciberseguridad y ordenar la limitación o apagado del tráfico de internet desde o hasta cualquier infraestructura de información del gobierno Federal o red o sistema estadounidense; puede designar una agencia para que se responsabilice de coordinar la respuesta y la restauración de cualquier infraestructura fundamental afectada por una declaración de emergencia de ciberseguridad [...]; puede ordenar la desconexión de cualquier infraestructura de información estadounidense o del gobierno Federal en defensa de la seguridad nacional.
Éste es un extracto de la propuesta de ley (sección 18, Autoridad y responsabilidades en ciberseguridad, pág. 43) que también apuesta por la creación de un asesor presidencial en materia de ciberseguridad. Si bien es entendible que cualquier país, especialmente el más poderoso del mundo, quiera tomar medidas contra posibles ciberamenazas es cuestionable si estas medidas, que afectarían a toda la red ya que la mayor parte de los movimientos en internet nacen o pasan por EE.UU., son de recibo por cualquiera que tenga dos dedos de frente.
Si por algo internet se ha convertido en una revolución es porque permite a cualquiera navegar, emitir contenidos e intercambiar información con un coste muy bajo y un grado de libertad muy elevada. Internet es lo que es por las posibilidades que les da a los usuarios para construir la red, generar aplicaciones, etc. Un cierre provisional de la red, o la posibilidad de que eso ocurra, tendría también un efecto desestabilizador en la economía que cada vez vive más en el mundo virtual.
La propuesta de ley, que parece sacada de la era del miedo promocionada por la Administración Bush, fue justificada por Rockefeller y Snowe como una vía ineviatable para enfrentarse con los delincuentes de la web.
“Debemos proteger nuestras inraestructuras fundamentales a cualquier precio -desde nuestra agua a nuestra electricidad, banca, señalización y los registros de sanidad virtuales- la lista continúa”, dijo el demócrata. “Si fracasamos en actuar con rapidez, nosostros, lamentablemente, nos arriesgamos a un ciber-Katrina”, explicó Snowe.
Evidentemente también hay voces que alertan sobre el excesivo control que daría a la Casa Blanca esta ley en caso de aprobarse, que atentaría directamente contra los derechos fundamentales que se presuponen a un país democrático forjado en la defensa de las libertades civiles.
La caída del “cuarto poder”
Por Fernando Mexía - Economía, Periodismo, headline - 23/03/2009
La crisis económica tiene su rostro más visible en el desempleo. Todos los sectores se ven afectados por el recorte de plantillas, desde las finanzas al mundo del automóvil, desde la construcción al turismo; una lista de víctimas entre las que no falta, por supuesto, el periodismo. Las cifras son espantosas. En España, por ejemplo, un 16 por ciento de estos profesionales buscan trabajo y más de 2.000 reporteros han sido despedidos desde que se desató el cáncer crediticio. En EE.UU. 30.000 “plumillas” se quedaron en la calle durante 2008 y las cosas no pintan bien para este año en vista de que los recortes de personal siguen a la orden del día. El grupo Tribune (poseedor de cabeceras como LA Times, Chicago Tribune y muchos otros), CNN, Conde Nast (revistas como Vanity Fair, Vogue) o Time, por citar unos cuantos, se han desprendido de parte de sus equipos para superar el mal trago económico. La cosa está mal en todas partes, la prensa no iba a ser menos ¿no? Sin embargo bajo este “fusilamiento” de periodistas subyacen unos efectos secundarios de alcance que van más allá de la reducción de las páginas de un periódico: la crisis está minando la capacidad de los medios de comunicación para cumplir su papel de vigilante de los políticos, está torpedeando la línea de flotación del “cuarto poder”.
En EE.UU., país de referencia en el periodismo de investigación, las bajas de reporteros de renombre (de altos salarios) ha hecho que varios articulistas comiencen a preocuparse por la salud de la cobertura informativa que se hace de la gestión de las autoridades.
James Rainey del LA Times señalaba en esa dirección en su columna del día 20 de marzo.
“Los periódicos continúan, hasta cierto punto, con su papel histórico de conducir y dar forma al debate político
pero han rebajado drásticamente sus plantillas, a menundo perdiendo a sus reporteros más experimentados (y con el salario más alto), debido a la espantosa recesión y la fuga de publicidad a internet”, comentó Rainey, a quien varios asesores políticos aseguraron que el efecto de la crisis se está dejando notar ya en la calidad de la información que logran los periodistas de las autoridades.
La primera consecuencia visible es que los partidos están utilizando la irrupción en escena de jornaleros de la información poco experimentados para “venderles” como noticias contenidos propagandísticos que antes tendrían que haber pagado para verlos publicados en papel.
Un panorama que poco se parece a las condiciones en las que trabajaron Woodward y Bernstein para destapar el escándalo Watergate en The Washington Post en 1972. Es cuestionable si a día de hoy algún medio está en disposición de dedicar tantos recursos a investigar un caso similar y esto es algo preocupante, además de triste.”Imagina que conduces por la 5 (una autopista interestatal estadounidense). Solía haber un par de patrulleros de la policía para mantener a la gente bajo control. Ahora se han ido y todo el mundo lo sabe. Esto puede desenvocar rápidamente en una situación parecida a ‘Mad Max’ (clásico del cine sobre una sociedad apocalíptica donde regía la ley del más fuerte)” dijo Chris Lehane, veterano consultor del partido Demócrata, quien no dudó en calificar a los periodistas como los agentes de la ley de la política que velan porque los gobernantes no se emborrachen de poder.
Es indudable que las altas fiebres que sufre el periodismo por culpa de la crisis pueden tener otra lectura y ser el principio de un cambio -para muchos inevitable- del papel a la web. En la vanguardia de esta transición está el Seattle Post-Intelligencer, uno de los grandes periódicos estatales de EE.UU. que el 17 de marzo echó el cierre a su edición física y concentró sus esfuerzos en informar a los usuarios de internet.
La red es sin duda un universo de posibiliades comunicativas, habitualmente un maremagnum de noticias, que sufre de falta de credibilidad en muchos casos. Internet es también un refugio para firmas de prestigio, que pueden seguir escribiendo sobre lo que ocurre alrededor incluso después de ser despedidos, aunque sin el amparo de un grupo mediático que pueda proteger su trabajo cuando tengan entre manos un tema candente. La web es aún un cajón desastre donde cada uno hace la guerra por su cuenta, donde el reportero se expone en primera persona ante los elementos.
No es lo mismo que The Washington Post publique un caso de corrupción o que lo haga un bloguero en su portal de internet, sin duda, no lo es. ¿Se podría destapar un nuevo ‘Watergate’ y sostener la investigación desde un blog? En el futuro quizá, hoy lo dudo.
Este período oscuro económico ha dejado en evidencia la debilidad de los medios para cumplir con rigor con su papel social, insuficientes recursos en la prensa tradicional y demasiada responsabilidad como para cargarla sobre los hombros de los florecientes blogs.
Unas conclusiones que van en la misma sintonía que el último informe del Pew Project for Excellence in Journalism sobre el estado del periodismo en EE.UU. durante 2008. Interesante estudio en el que se evidencian los problemas de financiación de los medios, la caída de las investigaciones sobre los políticos y el giro hacia internet, tanto por parte de los grandes grupos mediáticos como, sobre todo, por los periodistas a título personal.
Los enamorados de ese periodismo de “Watergate” podrán disfrutar en unas semanas de “State of Play”, filme en el que Russell Crowe recupera la figura del reportero callejero, de “perro viejo” que hace preguntas incómodas y es incapaz de modernizar sus métodos. Crowe investiga un suceso relacionado con un senador que le llevará a desvelar una historia que no imaginaba. La recomiendo.
Oro agrícola
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, Óscar García Muñoz - 08/03/2009
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Alimentos a precio de oro
Los precios de los alimentos básicos, como los cereales, alcanzaron niveles desconocidos durante 2008, con picos que superaron, por ejemplo, los 2.200 dólares por bushel (1 bushel = 4,6 dm³) en abril de 2008, frente a los 1.200 dólares actuales que se pagan en el mercado de materias primas de Chicago, o los 800 dólares en el caso del maíz en julio, en comparación con los actuales 350 dólares. Los precios se moderaron, pero todavía se mantienen en niveles altos. La tendencia no mejorará, según un informe que publicó el año pasado la FAO, la organización de la ONU para la agricultura, y la OCDE, uno de los clubs de países ricos del mundo.
Ha habido una razón económica básica: el desajuste entre oferta y demanda, causado por una serie de cosechas malas en algunas de las granjas del mundo (como la zona del Mar Negro y Australia) unida al incremento de la demanda por parte de India y China, sobre todo de cereales para la alimentación animal. Sin embargo, hay otras causas que también han echado leña al fuego. El apoyo del anterior Gobierno de Estados Unidos al cultivo de maíz para biocombustibles disparó los precios de este cereal y desvió la producción de muchas tierras a este producto para fines energéticos, cuando es parte de la dieta básica en Sudamérica y uno de los productos fundamentales para piensos animales. Por otro lado, la especulación tuvo su papel, si bien no ha sido tan intenso como cabe pensar, según señalan desde el think-tank especializado en políticas agrarias IFPRI, aunque coincidió con un aumento del volumen de negociación de las materias primas, que recibieron los fondos que huían de las bolsas.
No obstante, hay un grave problema que se debe considerar: la restauración de las reservas estratégicas. Por ejemplo, la Unión Europea las canceló a principios de siglo dentro del proceso de eliminación de los mecanismos de intervención de la Política Agraria Común. Actualmente, los alimentos acumulados permiten cubrir las necesidades de unas pocas semanas y prima la política de “stock cero”. Cualquier suceso catastrófico generaría una espiral alcista de precios o la dificultad de abastecimiento. La dialéctica de los últimos años abogaba por el fin de la intervención en los mercados, para que fueran las propias fuerzas del mismo quienes determinaran los precios. Esta lógica neoliberal se está cuestionando con la actual crisis y ya ha habido voces que defendían volver a imponer barreras o restricciones comerciales, como ya ocurrió el año pasado en el sureste asiático y Argentina. No es la restricción a los intercambios comerciales, sino los controles de los mercados agrícolas, lo que se necesita para volver a estabilizar los precios de algo fundamental para la Humanidad: los alimentos.
Hechos consumados
Por Fernando Mexía - Política, sociedad - 13/01/2009
Somos consumidores de hechos consumados. Víctimas de la doctrina del caradura, la que sigue el espíritu mafioso del “primero dispara y luego pregunta”. Forma parte de nuestro ADN ciudadano. El abuso del sinvergüenza se ha convertido en un pequeño precio a pagar por la convivencia pacífica. Un pacto silencioso en el que los dóciles y cívicos ponen reclamaciones sobre papel mojado mientras los causantes del mal se frotan las manos satisfechos por salirse con la suya, o ponen cara de inocente y el grito en el cielo cuando se les da caza.
Uno tiene la sensación de que ser buen ciudadano no sale a cuenta gran parte de las veces.
Al final quedan tres opciones vitales: llevar el cuchillo entre los dientes un día sí y otro también, vivir resignado a poner la otra mejilla, o entrar en el juego suicio y pasar de víctima a verdugo. La primera, la figura del justiciero social, garantiza la infelicidad más absoluta bajo un régimen permanente de cabreo; la segunda ofrece la tranquilidad de la oveja refugiada en su rebaño y el consuelo de saber que casi todos somos víctimas en algún momento; la tercera es un arma de doble filo que puede generar satisfacción a corto plazo, pero que suele venir acompañada de una buena ración de remordimientos que tarde o temprano suelen hacer su efecto. Para ser un canalla hay que tener estómago, y no todo el mundo lo tiene.
Estos roles son fácilmente imaginables en cualquier cola de supermercado. Hay quienes pasan por delante del resto, armados de decisión, con la cabeza alta, transmitiendo un aura de razón y dispuestos a evitar la tediosa espera. Si nadie les dice nada, objetivo cumplido. Un clásico en esto de los hechos consumados. Usualmente, muchos de los que están guardando el orden miran para otro lado para evitar la situación violenta y se preguntan en silencio si esa persona estaba primero, si era familia del dependiente o si estaba en su derecho porque “como nadie dice nada”. Si alguno de los presentes se solivianta suele hacerlo en solitario, con algunos apoyos tímidos del resto que piensan que esa no es su guerra, y suele concluir con el caradura reculando; si bien no hasta el lugar que le correspondería. En definitiva: el que trata de aprovecharse de los demás suele sacar tajada y mejorar su situación.
Si traducimos los pequeños altercados diarios a una escala global, aunque cambien los protagonistas, los papeles se mantienen y los resultados también.
Una variable se acentúa, la estrategia de los hechos consumados suele estar vinculada a los que tienen más poder, a los que ponen las leyes para que las cumplan otros.
Un ejemplo de manual ha sido el plan ruso de invadir Georgia o de cerrar el grifo del gas a Ucrania, dejando congelada media Europa. Con excusas un tanto sibilinas, el gobierno mecido por Putin hizo bueno el “primero dispara y después pregunta”. No le gustaba lo que ocurria en la ex república soviética y entró con los tanques mientras la comunidad internacional miraba para otro lado o presentaba una queja al libro de reclamaciones de Naciones Unidas. Que es, como dirían en mi tierra, como reclamar al “maestro armero”. Nada de nada. Ahora decidió enfriar los ánimos europeos como punto de partida para negociar un acuerdo de precios sobre el gas. Una jugada inteligente para salirse con su objetivo, pero fuera de cualquier normativa de buena vencidad. Nuevamente, ganaron los hechos consumados.
En la misma línea actúa Israel, país dispuesto a reclamar sangre palestina para resarcirse de los ataques terroristas de Hamas. No solucionará el problema en Oriente Próximo, pero al menos calmará sus ansias de venganza. Es absurdo esperar represalias internacionales. El ataque israelí terminará cuando lo consideren oportuno. Luego vendrán los acuerdos de paz, que se romperan, de nuevo, cuando interese. Por la misma regla de tres, se me ocurre que la fuerza de los palestinos estaría en organizarse y cruzar todos el mismo día a la misma hora las fronteras isralíes. Una marcha verde estilo marroquí en el Sahara Occidental transportada a la franja de Gaza. No hay suficientes balas para frenar semajante avance. Tampoco acabaría con el conflicto, pero fastidiaría.
Otro experto en hechos consumados es EEUU que atacó Irak por su cuenta y riesgo o que abrió la prisión de Guantánamo para evitar su propio sistema legal, por citar un par. Las políticas nucleares de Irán y Corea del Norte siguen el mismo principio: “yo lo hago y luego ya veremos”. La lista de estos actores es interminable.
En todos los casos, estos países actuarían con el perfil del que abusa, del que aplica la doctrina de hechos consumados. Un papel que alterna con el de mirar hacia el otro lado cuando interesa. El rol del que protesta suele recaer en naciones pequeñas y débiles, que aún creen que la ONU es un organismo que merece confianza, y también la Union Europea.
La institución comunitaria vive enterrada bajo papelos, reuniones ministeriales, encuentros bilaterales, cumbres y recumbres, casi siempre borrascosas, que sirven para aumentar la burocracia, hacer un par de fotos, hablar de derechos humanos, dar palmaditas en la espalda y proyectar ilusión en la bondad de los actores internacionales. No se trata de ingenuidad, sino de falta de acuerdos internos para tener una visión común que les permita convertirse en abusadores, como el resto.
Pocas veces la UE ha sido eficaz para apaclar los ánimos de los sinvergüenzas, que al igual que en la cola del supermercado, suelen salir ganando algo incluso cuando parece que pierden. Los remordimientos brillan por su ausencia.
Fotografía de stock.xchng
Dólares, no gracias
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, Óscar García Muñoz - 13/01/2009
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¿Qué pasaría si Estados Unidos dejara de pagar la deuda o devaluara?
Puede ser una pregunta que nadie se la quiera plantear, pero que me asalta desde que la Reserva Federal de EEUU anunció a finales de noviembre pasado que inyectaría 800.000 millones de dólares mediante la fabricación de billetes. Es una medida que muestra la desesperación, primero, ante unos mercados financieros que no acaban de funcionar para lo que se concibieron (prestar dinero), y segundo, para reactivar la demanda, como Keynes en sus mejores tiempos.
Según el último informe del Departamento del Tesoro, la deuda pública de EEUU ascendió a 10,6 billones de dólares a 31 de diciembre de 2008. De esa cifra, 3 billones son propiedad de extranjeros. El 40% de ellos lo tiene China y Japón, según la misma fuente, aunque los datos son de octubre. Ahora vamos a la deuda externa: la cifra asciende a 13 billones de dólares, de la que 10 billones está denominada en dólares. El 40% de esta última cantidad es a corto plazo.
De momento, el dólar se mantiene débil por la recesión, aunque su caída se ve amortiguada porque el resto del mundo también está en crisis. La emisión de moneda y la bajada de los tipos de interés hasta la trampa de liquidez son devaluaciones encubiertas. En un diario electrónico, un analista apunta a los riesgos de la inversión en deuda durante este año. Invertir en deuda estadounidense puede ser peligroso, no sólo porque el riesgo de impago, vistas las cifras, pueda cobrar fuerza, sino también porque la deuda comprada puede valer poco si, de repente, las autoridades deciden una devaluación competitiva frente al euro, la libra y el yen.
El nuevo presidente, Obama, propone inyectar otros 800.000 millones de dólares. ¿Tanto da de sí la máquina de fabricar dinero de una economía en recesión? ¿Hasta qué punto va a poder financiar el resto del mundo la deuda de EEUU con las dificultades que existen en los mercados financieros? China y Japón lo hacen con su superávit comercial, que les permite comprar títulos estadounidenses, pero ¿será igual de factible la colocación de deuda en las circunstancias actuales? Los alemanes, recientemente, han tenido problemas para colocar la suya.





cinta que también dirigió, y la mejor actriz fue a las manos de Anne Hathaway por “Rachel Getting Married”.
Ambos intérpretes ya entraban en las quinielas para los Óscar y los Globos de Oro pero con menos opciones que Brad Pitt, Leonardo DiCaprio, Kate Winslet y Meryl Streep.
en lugar del que parece gran favorito del año para este galardón, el difunto Heath Ledger (The Dark Knight). La mejor actriz de reparto fue para Penélope Cruz por “Vicky Cristina Barcelona”.










