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NBC, un pavo real descabezado
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick, featured - 25/06/2009
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The Philanthropist
Hay un pájaro metido en la plantilla de la NBC que está haciendo un trabajo finísimo hundiendo en la miseria a la decana de las grandes cadenas. Todos tenemos en nuestra oficina al típico inútil con suerte, ese personaje que no da una y que, desafiando a cualquier ley lógica, siempre va hacia arriba y no hacia abajo. Ya lo dijo Conan O’Brien en la estupenda intro musical de los Emmy de 2006: “al ejecutivo de la NBC que pasó de Lost (serie que terminó adquiriendo su directa competidora, la cadena ABC), en vez de despedirle, le promocionaron”. Debe ser ese el figura cuya proyección personal es inversamente proporcional a los rendimientos de la cadena.
De otra forma no se explica que el canal lleve tanto tiempo intentando solucionar su imparable pérdida de audiencia “como se ha hecho toda la vida”, o sea, ofreciendo más de lo mismo, en lugar de tirarse a la piscina. No asume que se ha producido un cambio global y que a la tele no la conoce ya ni la madre que la parió. Ellos se han quedado viéndolas caer, atrincherados tras el prestigio del Saturday Night Live, mientras “el programa de las cajas sorpresa” (el Deal or no Deal americano que en España se tituló Allá tú), el único que realmente les funcionaba, pagaba las facturas. Acongojaditos, han dicho adiós este año a esta rentable franquicia de Endemol, así como a “matusalén” ER, producto que han explotado hasta dejar exangüe, como a un anciano al que un año tras otro se le retrasaba una merecida jubilación.
Durante los noventa, apostaron por la calidad, y ganaron en audiencia. Tuvieron lo que había que tener para dar luz verde a una serie imprescindible para la historia de la televisión: The West Wing, que demostró durante sus siete años en antena que el público aguantaba (y celebraba) frases mucho más largas que los tradicionales punch lines de las comedias de situación. Hoy la NBC es como ese deportista de élite que, quince años después del récord, vive de recordar sus glorias pasadas. El orgulloso pavo real (la cadena es así conocida por la forma de su logo) ha estado sin cabeza, desnortado durante demasiados años, y han terminado por merendárselo entre todos.
Es que hay que ser cegatón perdido para asumir que una serie tan mala como Joey va a funcionar solo porque es un spin off de la sitcom más rentable de la historia (Friends). Los poquísimos riesgos que la NBC ha asumido en los últimos tiempos, además, le han salido rana. Heroes es un buen ejemplo. Tras una primera temporada
brillante, el comic de Tim Kring perdió la mitad de sus espectadores (yo entre ellos) intentando alargar sin sentido tramas agotadoramente ridículas. Que levante la mano quien no le haya deseado la muerte por tajo de catana al pringado de Hiro Nakamura solo porque su soporífera historia en el s.XVII acabase de una vez. La serie sobrevive gracias a un grupo cada vez más reducido de incondicionales. La audiencia sigue cayendo pero la cadena no se atreve a matar a esta gallinita, aunque ya no dé oro sino bisutería barata.
Esta semana llega una apuesta para el prime time veraniego de NBC propia del ya mencionado ejecutivo patoso, quienquiera que sea. The Philanthropist arranca el próximo miércoles 24 a las diez de la noche. En ella el Marco
Antonio de Rome, James Purefoy, encarna a un tipo podrido de pelas que decide cruzarse a pie (y descalzo) la jungla nigeriana para repartir vacunas entre los niños enfermos. El personaje que interpreta Purefoy no ha hecho ninguna promesa a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro; tan solo es un pijo adicto a los subidones de adrenalina que una mañana despertó y se dio cuenta de que, cual lunar inoportuno, le había salido una conciencia.
The Philanthropist es algo así como meter a Bruce Wayne (Batman), sin traje de murciélago, a protagonizar The Constant Gardener. Una brillante idea que pretende combatir la modorra estival con secuencias de quince minutos de paseo por el follaje selvático, sin diálogos, y con una voz en off tipo versión light de The Thin Red Line. Me juego el cuello que, antes de que acabe el año, al inútil lo hacen CEO.
Estrellas sin brillo en el cine de 2008
Por Fernando Mexía - Cine - 21/12/2008
A falta de saber si Brad Pitt ganará su primer Óscar por el caso de Benjamin Button, si Meryl Streep volverá a reinar en Hollywood por su papel de estricta e inquisitiva monja o Penélope Cruz se hará un hueco en el “olimpo” del celuloide por la desequilibrada María Elena, el año dejó ya visto para sentencia a otros famosos pesos pesados de la actuación que pasaron con más pena que gloria por las pantallas de todo el mundo.
Si hay unas estrellas que hace tiempo que han dejado de brillar con intensidad esas son indiscutiblemente Robert de Niro y Al Pacino, posiblemente dos de los intérpretes más admirados de las últimas décadas (casi todo el mundo los tiene entre sus cinco actores preferidos). Lamentablemente, ambo sobreviven de las rentas desde hace unos años.
Impusieron su ley en los 70, 80 y principios de los 90, pero la racha terminó, al menos por el momento.
En 2008 volvieron a jugar al gato y al ratón, tal y como ocurrió en la exitosa “Heat” con “Righteous Kill”, filme que solo gracias a la taquilla internacional consiguió recuperar lo invertido para producir la cinta (De Niro cobra unos 20 millones de dólares por película y Al Pacino unos 11, según imdb.com). El público también les dio la espalda en sus proyectos individuales, como “What Just Happened” (De Niro) y “88 Minutes” (Al Pacino). Nuevos resbalones en la carrera de estas dos figuras que parece rodar colina abajo.
Otro ganador de Óscar, Nicolas Cage, tropezó con “Bangkok Dangerous”, uno de los grandes fracasos de este año. Ni tan siquiera se vendieron entradas suficientes en EEUU para pagar el caché del actor.
También se le atragantó el año (nuevamente, podríamos decir) a Kevin Costner, de quien es difícil recordar un filme que superase la barrera psicológica de los 100 millones de dólares en taquilla en todo el planeta (”Message in a Bottle, 1999). En 2008, este “intocable” que en el pasado investigó la muerte de “JFK”, un trabajo que compaginó con el de “guardaespaldas” después de arrasar cuando “bailó con lobos”, salió escaldado con su oportunista título electoral “Swing Vote”. La película cosechó 17 millones de dólares en todo el mundo (Costner tiene un sueldo de 15 millones por película). Sin duda, una mala inversión.
Entre los grandes fracasos, con todas las letras, están “City of Ember” con Tim Robins, Bill Murray y la producción de Tom Hanks (no cubrió costes) y “Speed Racer”, que tuvo un pésimo resultado a pesar de contar con los creadores de “The Matrix”, Susan Sarandon, John Goodman o Christina Ricci.
No le fue tan mal a Richard Gere, que salvó el año sin tirar cohetes con su “Nights in Rodanthe”, o a Keanu Reeves, quien sigue buscando un “Matrix” para levantar cabeza. Reeves pasó discretamente con su “Street Kings”, y volvió a demostrar que lo suyo es la ciencia ficción, en vista de los primeros resultados de “The Day the Earth Stood Still”.
Una de cal y otra de arena, pensará Edward Norton, a quien le valió la pena ponerse verde de furia en “Hulk”, uno de los taquillazos del año en EEUU, pero perdió el norte con “Pride & Glory”. Ni tan siquiera el hecho de compartir producción con Colin Farrel salvó el filme de un lpobre resultado; ésta es otra de las películas que perdió dinero en 2008.
Los seguidores internacionales de Russell Crowe y Leonardo DiCaprio salvaron los muebles de “Body of Lies”, que a punto está de superar los 100 millones en taquilla, aunque solo un 40 por ciento de estos ingresos fueron en EEUU. La película costó 70 millones.
2008 dejó poco hueco para las féminas protagonistas, aunque las que consiguieron un papel principal resolvieron mejor sus compromisos que los varones. Angelina Jolie sigue siendo efectiva en la taquilla, lo volvió a demostrar con Wanted. Meryl Streep triunfó otro año más, esta vez con “Mamma Mia!”, y las chicas de “Sex and the City” rompieron moldes en la versión cinematográfica.
Entre las mujers se puede destacar la pobre taquilla de “The Duchess” con Keira Knightley, o lo flojito que ha abierto “Australia”, un largo largometraje (valga la redundancia) protagonizado por Nicole Kidman.








