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Más allá de “Full Monty”
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick, featured - 07/07/2009
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Una serie de catastróficas desdichas
La premisa argumental de Hung prometía: un entrenador de baloncesto al que no le llega la camisa al cuerpo,
con muchas deudas y un miembro viril más que generoso, decide ofrecerse en páginas de contactos para sacarse un dinerito. La única foto que se filtró antes del estreno, además, mostraba al protagonista, Thomas Jane (una versión sexy de Christopher Lambert) en una sugerente postura de men at work, entre arrodillado y espatarrado. Esperaba encontrar una historia ligera sobre las vicisitudes de un gigolo novato. O una comedia negra sobre un madurito que tiene que conciliar la dualidad de ser padre respetable de día y prostituto de noche. Pues bien, el nuevo estreno de HBO no es ninguna de las dos cosas.
Hung es una entrañable tragicomedia sobre la crisis económica que nos empuja a observar la historia de unos fulanos cualquiera, vendan o no su cuerpo, y sus gestas cotidianas. Parafraseando aquel mantra buenrollero de John Lennon, para Ray Drecker “la vida es lo que pasa cuando tus planes se van al garete”. No es difícil imaginarle de adolescente, en los años mozos de instituto, dándose el palo con su novia bajo las gradas y soñando con llegar a ser atleta profesional. El guión de su peor pesadilla se hizo realidad, y un cuarto de siglo después su vida ha dado un giro… de 360 grados. Sigue exactamente en el mismo sitio, corriendo entre las mismas taquillas, botando la misma pelota frente a la misma canasta y volviendo a la misma casa donde se crió. La única novedad es que Ray ya no sueña con que las cosas sean diferentes. ¿Para qué?
El piloto de Hung se regodea en dibujarnos de forma exhaustiva la situación de Ray, abandonado, humillado y arruinado, y cómo este hace todo lo posible para encontrar una salida digna a su asfixiante situación financiera. El tempo del capítulo es lento y sin golpes de efecto: aburrido, como aburrida es la vida de Ray. Justo cuando, a la desesperada, se lanza en plancha al infierno, empieza a percibirse un cambio de ritmo que se convertirá en un estupendo swing. El protagonista se apunta a un curso de marketing para PYMES, un lugar espantoso donde se da cuenta de que no solo es un perdedor, un looser con L mayúscula, sino que es uno más. No es especial, no destaca, forma parte del grupo anodino de excedente social de su desvencijada ciudad, un Detroit avergonzado que intenta ocultar que alguna vez tuvo delirios de grandeza. Ray, como un crío sin juguetes y al borde de la pataleta, se baja simbólicamente los pantalones y muestra orgulloso al respetable lo que tiene entre las piernas, el último cartucho para reivindicar su excepcionalidad: “Yo la tengo grande”.
Ray mete la p**** en su olla vacía, decidido a recuperar la autoestima y el saldo positivo en el banco. Acepta como proxeneta a Tanya (maravillosa Jane Adams, mejor que nunca en el personaje de siempre), una treintañera feúcha a la que se le está pasando el arroz, que planifica un negocio orientado a explotar el miembro de oro del entrenador, ofreciendo a las mujeres el compañero sexual perfecto. Nunca hubo nadie menos preparado para ser puta que Ray ni chulo más inútil que la romántica, frustrada y solitaria Tanya. Quizá por eso la serie resulte tan conmovedora.
P.S: Por si todo esto no fuera suficiente, hay que decir que en Hung encontramos (ya era hora) un personaje a la medida de Anne Heche: por fin un papel con el que no intenta hacerse la simpática. La ex mujer de Ray, histérica, pesetera y egoísta no pretende caernos bien. Qué gustazo poder odiarte, hija.
Hung se emite los domingos a las 22.00 (EST).
HBO hace series malas
Por Fernando Mexía - Columnistas, Espectáculos, Kubelick - 02/04/2009
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HBO hace series malas
De un tiempo a esta parte oigo un montón lo de “yo es que solo veo series de la HBO”, como nota de distinción para desmarcarse de la chusma que disfruta con Brothers and Sisters, How I met your mother y otros estupendos productos de esa tele estilo marca blanca de Carrefour. “¿Has visto ya The Tudors? ¡Es magnífica! Si es que, todo lo que hace HBO…” Ante argumentos como estos, donde lo que prima es la etiqueta, de poco sirve comentar que la serie protagonizada por Jonathan Rhys Meyers es una pieza vintage que no merece tanto aspaviento, hecha al rebufo de la estupenda Roma que, por cierto, sí emitió y produjo HBO. En un alarde de concreción innecesario, le sueltas a tu interlocutor: “The Tudors no se emite en la HBO sino en el canal Showtime”. Lo normal es que el pijo de la tele se te quede mirando, con todo el odio del mundo, como si le hubieses arrancado el cocodrilo del polo.
Nadie es infalible. Terminemos con el axioma de que la HBO es el Midas de la calidad en la tele: invito al respetable a que recuerde (vía Youtube) aquella horterada llamada Lucky Louie, sitcom rancia y zafia donde las haya, que sufrimos hace un par de veranos y cuya única cualidad era que solo duraba media hora. Eso es mucho más de lo que puedo decir de The No. 1 Ladies’ Detective Agency: nada más y nada menos que 109 minutos de premiere se cascó la más molona de las cadenas de Time Warner en la noche del domingo 29 de marzo. Dirigida por Anthony Minghella (The English Patient), producida por Sydney Pollack (Out of Africa) y escrita por Richard Curtis (Love Actually), o sea, todo etiquetas de primera, esta nueva serie está inspirada en unas novelas policiacas escritas por Alexander McCall Smith (no, yo tampoco sabía quién era este señor hasta que vi la serie), un intelectual escocés que combina con los otros tres como una pañoleta palestina con una camisa Burberry: es el toque de mercadillo alternativo justo y necesario para ser supercool.
Y aún así, The No. 1 Ladies’ Detective Agency no pasa de ser una serie muy mala llena de buenas intenciones.
Cuenta la historia de Precious Ramotswe, una chica de Botsuana que decide usar la herencia de su padre para hacer algo de provecho. En un país donde la esperanza de vida es cincuenta años y casi el 40% de la población está infectada con el VIH, a Precious le podía haber dado por montar una ONG pero no, ella cree que lo que los habitantes de Gaborone están pidiendo a gritos es una agencia de detectives dirigida por una mujer. Contra todo pronóstico le empiezan a llover casos: cornudas, desaparecidos, fraudes, conflictos que igual podrían darse en Harlem, en Des Moines o en Alcorcón, y que esta Jessica Fletcher africana resuelve porque sí, porque “las mujeres nos fijamos en cosas a las que los hombres no dais importancia”… Siendo un procedural drama (series tipo Cold Case, CSI o Bones, en las que se resuelve un caso por capítulo) The No. 1 Ladies’ Detective Agency se queda con lo peor del género, lo superficial de sus personajes, y se olvida de lo divertido, el procedure (procedimiento), el desenredar la madeja. Empeñados en conseguir un amable alegato feminista surge una fábula pueril tan aburrida que haría dar cabezadas al Oso de la Casa Azul. Esta nueva serie es un manual de Educación para la Ciudadanía trasnochado, donde lo único que brilla es la maravillosa sonrisa Jill Scott, su protagonista; una deslumbrante dentadura que está tan fuera de lugar en un poblado del sur de África como desubicada está The No. 1 Ladies’ Detective Agency en la HBO, a cuyo sello de calidad le luce este nuevo estreno como a un santo dos pistolas.
The No. 1 Ladies’ Detective Agency se emite todos los domingos a las 20.00 hora de la costa este de EE.UU. en HBO.








