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Temor a deflación

foto-oscar-muñoz1 Óscar García Muñoz, síguelo en otros blogs aquí.

Europa ya fabrica dinero

Al final, todo es cuestión de tiempo. El pasado jueves 7 de mayo, el Banco Central Europeo (BCE) no sólo rebajaba los tipos de interés al 1%, una medida considerada histórica, sino que anunciaba una serie de medidas extraordinarias. La más importante (e inquietante, a mi juicio) es la compra de deuda. El BCE anunció que comprará 60.000 millones de euros en cédulas hipotecarias (unos títulos respaldados en créditos para vivienda que emiten los bancos para refinanciarse y disponer de liquidez), lo cual significa una cosa: Jean-Claude Trichet, presidente del banco emisor europeo, ya ha dado la orden de darle velocidad a la imprenta de billetes, o dicho de otro modo, igual hay miedo a la deflación.

La medida está lejos de la compra masiva de deuda que se plantea la Reserva Federal de EEUU (como ya comentamos en un artículo anterior), pero sin duda es sintomática. El BCE se caracteriza por su profundo conservadurismo monetario: Dios libre al consejo de gobierno de tomar medidas precipitadas. Yo diría: Dios libre al BCE de tomar medidas a tiempo.

trichetPosiblemente, cuando los historiadores económicos tengan tiempo de ver los acontecimientos en perspectiva, van a hacer a Trichet y sus directivos algunos reproches serios. Es cierto que los datos de 2007 mostraban un fuerte crecimiento del crédito y que la inflación tendió al alza debido a la presión del petróleo y los alimentos. En ese momento, el BCE tomó la peor decisión posible: subir los tipos de interés al 4,25%. De repente, rompió el mercado crediticio, al ahogar a las familias con las hipotecas.

En agosto de 2007 empezó la Bolsa a desplomarse, los bancos acudían ávidos a las subastas del banco emisor para proveerse y empezaron las subastas especiales. El “credit crunch” había comenzado. Luego fue la vorágine conocida: balances con activos dudosos, yo no me fío de prestarte, no vaya a ser que no me lo devuelvas, el interbancario se colapsa y ¡tachán! contracción del crédito y los datos ya empiezan a hablar de que la crisis financiera llegará a la economía real.

Ahora, poniéndonos bíblicos, llega el llanto y el rechinar de dientes. La velocidad de la rebaja del precio del dinero en la UE ha sido todo menos ágil, al contrario que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra (este último partía de un nivel del 5,25%). Ahora, las medidas extraordinarias no serán inmediatas, sino a partir de junio. Como si no estuviéramos para unas prisas, vaya.

No obstante, si el BCE, que aplica el catenaccio a la política monetaria, ya opta por estas medidas, ¡cómo debe estar el sistema financiero y la economía real! No hay que ir muy lejos, porque la Comisión Europea prevé un desplome del PIB europeo del 4%, nada menos. No obstante, aún con esta situación, no está claro que vaya a haber nuevas rebajas: ya lo dijo Axel Weber, presidente del Bundesbank alemán y conocido “halcón” en la política monetaria. Recientemente, vino a decir que el 1% era el suelo del precio del dinero. Ya veremos, Herr Weber.

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    La culpa es de la crisis

    mariab María Benito, periodista

    ¿Echaremos de menos la crisis?

    Estamos en crisis, no hay duda. Y los datos son terribles. Eso lo sabe cualquiera, no hace falta que lea los periódicos, donde durante meses se vienen sucediendo las noticias negativas hasta convertirse en una fuente de desánimo. Pero hay quien se esfuerza por verle el lado positivo, aunque los argumentos no siempre convenzan. Para algunos, la crisis es una oportunidad, tanto individual –tal vez, si uno tiene dinero ahora pueda comprarse una casa- como colectiva –podemos llevar a cabo un cambio en nuestro modelo de crecimiento.

    Hace unas semanas, David Marsh publicaba en la web financiera Market Watch un artículo que fue bastante comentado y que comenzaba recordando las palabras de Richard Nixon cuando en 1962 les dijo a un grupo de periodistas que le echarían de menos cuando dejase la presidencia: “You won´t have Nixon to kick around any more” (Ya no podréis seguir maltratando/responsabilizando a Nixon).

    grafica-320x200La idea del artículo de Marsh es que, en el fondo, la crisis ha servido de amortiguador de culpas: si algo va mal, es por la crisis y nos fijamos menos en las meteduras de pata de Bush. Y, además, la crisis puede servir para que la sociedad cambie y mejore en algunos aspectos: abandonando la avaricia y pensando más “en verde”. Esta idea la comparte otro artículo, de Kurt Andersen, que apareció a finales de marzo en la revista Time y que se titulaba “The end of excess: is the crisis good for America?” (El fin de los excesos: ¿es la crisis buena para América?) , en el que analiza cómo la crisis puede ser un punto de inflexión histórico que ponga fin al periodo de expansión vivido en los últimos años. Porque Andersen considera que el espíritu de la década de 1980 no terminó y se prolongó durante los años noventa y hasta 2008, cree que los estadounidenses veían venir lo que ha sucedido, pero que miraron para otro lado y que tal vez la crisis sirva para que los americanos abandonen el espíritu de la cigarra y retomen el carácter de la hormiga. Espera que la avaricia se reduzca y se invierta más en lo social.

    Por su parte, Marsh cree que la crisis ha servido para que los cajeros de los bancos nos atiendan mejor, pero considera que cuando superemos la crisis, desaparecerán las sonrisas. Entre los efectos beneficiosos de la crisis, Marsh destaca la caída de precios, es el momento de comprar determinadas cosas. Y es cierto, ahora la vivienda es más asequible y hay descuentos en supermercados y tiendas de ropa, así como en tiendas de electrodomésticos. Claro, que para comprar una casa hace falta que el individuo tenga algunos ahorros, un trabajo seguro y pase el examen del banco para obtener una hipoteca. Muchos de los afectados por la crisis no pueden pensar en adquirir una vivienda o son incapaces de afrontar la hipoteca que ya tenían… Además, aunque defiendo que los precios estaban artificialmente hinchados y debían ajustarse, una caída generalizada de precios continuada no nos ayudaría, a medio o largo plazo a ninguno.

    Uno de los puntos más criticados del artículo de Marsh es en el que expone los beneficios para la salud que la crisis está teniendo: la gente camina más para ahorrar en transporte y come menos, así que la crisis contribuye a combatir la obesidad. Lo que me preocupa del argumento es que no se fije en que la gente ha gastado menos en comer, cierto, pero se han incrementado las ventas de comida rápida y de gran aporte calórico…Y ahorrar en combustible es bueno para casi todos, menos para petroleras y para los países cuyas economías dependen del oro negro, lo que me lleva a pensar que a medio plazo quizá también nos afectaría a todos negativamente, porque si algo ha quedado claro con la crisis es que la teoría del efecto mariposa está más vigente que nunca y que lo que le pasa a una empresa en Hong Kong puede influir en que el Sr. López tenga que cerrar su negocio en Zamora…

    Marsh cree que el abandono de la avaricia que muchos esperan como consecuencia de la crisis será pasajero. Pero tal vez tenga razón Andersen en su artículo (“se ha pulsado el botón de ‘reset’”) y sea un buen momento para repensar el modelo de crecimiento y efectuar un cambio. Andersen no recomienda abstinencia, sino moderación. Y cree que algunos hábitos saludables pueden perdurar.

    El problema de la crisis es que para muchas familias ha sido un golpe muy duro y les costará bastante recuperarse, sobre todo a las que tenían menos recursos o para las que tienen a todos sus miembros en el paro (en España hay 1.068.400 hogares en esta situación). El otro día iba en el cercanías y dos señoras que estaban sentadas enfrente de mí iban comentando las desgracias de una tercera. La conversación derivó hasta centrarse en la crisis (porque, como ya he dicho, ahora todo es sobre la crisis y se habla de ella no sólo en los medios, sino también en el bar o en el mercado). Y una de ellas sentenció: “Si crisis ha habido siempre… la crisis de los pobres”.

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