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Temor a deflación
Por Fernando Mexía - Economía, featured, Óscar García Muñoz - 08/05/2009
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Europa ya fabrica dinero
Al final, todo es cuestión de tiempo. El pasado jueves 7 de mayo, el Banco Central Europeo (BCE) no sólo rebajaba los tipos de interés al 1%, una medida considerada histórica, sino que anunciaba una serie de medidas extraordinarias. La más importante (e inquietante, a mi juicio) es la compra de deuda. El BCE anunció que comprará 60.000 millones de euros en cédulas hipotecarias (unos títulos respaldados en créditos para vivienda que emiten los bancos para refinanciarse y disponer de liquidez), lo cual significa una cosa: Jean-Claude Trichet, presidente del banco emisor europeo, ya ha dado la orden de darle velocidad a la imprenta de billetes, o dicho de otro modo, igual hay miedo a la deflación.
La medida está lejos de la compra masiva de deuda que se plantea la Reserva Federal de EEUU (como ya comentamos en un artículo anterior), pero sin duda es sintomática. El BCE se caracteriza por su profundo conservadurismo monetario: Dios libre al consejo de gobierno de tomar medidas precipitadas. Yo diría: Dios libre al BCE de tomar medidas a tiempo.
Posiblemente, cuando los historiadores económicos tengan tiempo de ver los acontecimientos en perspectiva, van a hacer a Trichet y sus directivos algunos reproches serios. Es cierto que los datos de 2007 mostraban un fuerte crecimiento del crédito y que la inflación tendió al alza debido a la presión del petróleo y los alimentos. En ese momento, el BCE tomó la peor decisión posible: subir los tipos de interés al 4,25%. De repente, rompió el mercado crediticio, al ahogar a las familias con las hipotecas.
En agosto de 2007 empezó la Bolsa a desplomarse, los bancos acudían ávidos a las subastas del banco emisor para proveerse y empezaron las subastas especiales. El “credit crunch” había comenzado. Luego fue la vorágine conocida: balances con activos dudosos, yo no me fío de prestarte, no vaya a ser que no me lo devuelvas, el interbancario se colapsa y ¡tachán! contracción del crédito y los datos ya empiezan a hablar de que la crisis financiera llegará a la economía real.
Ahora, poniéndonos bíblicos, llega el llanto y el rechinar de dientes. La velocidad de la rebaja del precio del dinero en la UE ha sido todo menos ágil, al contrario que la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra (este último partía de un nivel del 5,25%). Ahora, las medidas extraordinarias no serán inmediatas, sino a partir de junio. Como si no estuviéramos para unas prisas, vaya.
No obstante, si el BCE, que aplica el catenaccio a la política monetaria, ya opta por estas medidas, ¡cómo debe estar el sistema financiero y la economía real! No hay que ir muy lejos, porque la Comisión Europea prevé un desplome del PIB europeo del 4%, nada menos. No obstante, aún con esta situación, no está claro que vaya a haber nuevas rebajas: ya lo dijo Axel Weber, presidente del Bundesbank alemán y conocido “halcón” en la política monetaria. Recientemente, vino a decir que el 1% era el suelo del precio del dinero. Ya veremos, Herr Weber.
Dólares, no gracias
Por Fernando Mexía - Columnistas, Economía, Óscar García Muñoz - 13/01/2009
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¿Qué pasaría si Estados Unidos dejara de pagar la deuda o devaluara?
Puede ser una pregunta que nadie se la quiera plantear, pero que me asalta desde que la Reserva Federal de EEUU anunció a finales de noviembre pasado que inyectaría 800.000 millones de dólares mediante la fabricación de billetes. Es una medida que muestra la desesperación, primero, ante unos mercados financieros que no acaban de funcionar para lo que se concibieron (prestar dinero), y segundo, para reactivar la demanda, como Keynes en sus mejores tiempos.
Según el último informe del Departamento del Tesoro, la deuda pública de EEUU ascendió a 10,6 billones de dólares a 31 de diciembre de 2008. De esa cifra, 3 billones son propiedad de extranjeros. El 40% de ellos lo tiene China y Japón, según la misma fuente, aunque los datos son de octubre. Ahora vamos a la deuda externa: la cifra asciende a 13 billones de dólares, de la que 10 billones está denominada en dólares. El 40% de esta última cantidad es a corto plazo.
De momento, el dólar se mantiene débil por la recesión, aunque su caída se ve amortiguada porque el resto del mundo también está en crisis. La emisión de moneda y la bajada de los tipos de interés hasta la trampa de liquidez son devaluaciones encubiertas. En un diario electrónico, un analista apunta a los riesgos de la inversión en deuda durante este año. Invertir en deuda estadounidense puede ser peligroso, no sólo porque el riesgo de impago, vistas las cifras, pueda cobrar fuerza, sino también porque la deuda comprada puede valer poco si, de repente, las autoridades deciden una devaluación competitiva frente al euro, la libra y el yen.
El nuevo presidente, Obama, propone inyectar otros 800.000 millones de dólares. ¿Tanto da de sí la máquina de fabricar dinero de una economía en recesión? ¿Hasta qué punto va a poder financiar el resto del mundo la deuda de EEUU con las dificultades que existen en los mercados financieros? China y Japón lo hacen con su superávit comercial, que les permite comprar títulos estadounidenses, pero ¿será igual de factible la colocación de deuda en las circunstancias actuales? Los alemanes, recientemente, han tenido problemas para colocar la suya.
La filosofía de Paco Pérez (ante la crisis financiera)
Por Fernando Mexía - Economía - 29/09/2008
La admisión de que el mundo es injusto por naturaleza nos ahorra a los seres humanos horas de indignación y sufrimiento. Es parte de la receta de la felicidad: un pastillita de sana resignación, de conformidad con el statu quo, y a la cama en busca de un sueño reparador donde el orden de las cosas sea más razonable con la situación de cada cual y los méritos conseguidos con el esfuerzo diario. Esa es la filosofía de Paco Pérez [...] Leer el resto de la entrada »


Una industria que debe buscar una solución a su situación más allá de la caridad de los gobiernos que, al fin y al cabo, les exigirán todo el dinero que les han prestado. Renovarse o morir deberá ser su lema, puesto que el ideal de coche americano, grande y potente, sin importar cuánta gasolina consuma, ha quedado obsoleto.







