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Más allá de “Full Monty”

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Una serie de catastróficas desdichas

La premisa argumental de Hung prometía: un entrenador de baloncesto al que no le llega la camisa al cuerpo,thomas_jane con muchas deudas y un miembro viril más que generoso, decide ofrecerse en páginas de contactos para sacarse un dinerito. La única foto que se filtró antes del estreno, además, mostraba al protagonista, Thomas Jane (una versión sexy de Christopher Lambert) en una sugerente postura de men at work, entre arrodillado y espatarrado. Esperaba encontrar una historia ligera sobre las vicisitudes de un gigolo novato. O una comedia negra sobre un madurito que tiene que conciliar la dualidad de ser padre respetable de día y prostituto de noche. Pues bien, el nuevo estreno de HBO no es ninguna de las dos cosas.

Hung es una entrañable tragicomedia sobre la crisis económica que nos empuja a observar la historia de unos fulanos cualquiera, vendan o no su cuerpo, y sus gestas cotidianas. Parafraseando aquel mantra buenrollero de John Lennon, para Ray Drecker “la vida es lo que pasa cuando tus planes se van al garete”. No es difícil imaginarle de adolescente, en los años mozos de instituto, dándose el palo con su novia bajo las gradas y soñando con llegar a ser atleta profesional. El guión de su peor pesadilla se hizo realidad, y un cuarto de siglo después su vida ha dado un giro… de 360 grados. Sigue exactamente en el mismo sitio, corriendo entre las mismas taquillas, botando la misma pelota frente a la misma canasta y volviendo a la misma casa donde se crió. La única novedad es que Ray ya no sueña con que las cosas sean diferentes. ¿Para qué?

El piloto de Hung se regodea en dibujarnos de forma exhaustiva la situación de Ray, abandonado, humillado y arruinado, y cómo este hace todo lo posible para encontrar una salida digna a su asfixiante situación financiera. El tempo del capítulo es lento y sin golpes de efecto: aburrido, como aburrida es la vida de Ray. Justo cuando, a la desesperada, se lanza en plancha al infierno, empieza a percibirse un cambio de ritmo que se convertirá en un estupendo swing. El protagonista se apunta a un curso de marketing para PYMES, un lugar espantoso donde se da cuenta de que no solo es un perdedor, un looser con L mayúscula, sino que es uno más. No es especial, no destaca, forma parte del grupo anodino de excedente social de su desvencijada ciudad, un Detroit avergonzado que intenta ocultar que alguna vez tuvo delirios de grandeza. Ray, como un crío sin juguetes y al borde de la pataleta, se baja simbólicamente los pantalones y muestra orgulloso al respetable lo que tiene entre las piernas, el último cartucho para reivindicar su excepcionalidad: “Yo la tengo grande”.

jane-adamsRay mete la p**** en su olla vacía, decidido a recuperar la autoestima y el saldo positivo en el banco. Acepta como proxeneta a Tanya (maravillosa Jane Adams, mejor que nunca en el personaje de siempre), una treintañera feúcha a la que se le está pasando el arroz, que planifica un negocio orientado a explotar el miembro de oro del entrenador, ofreciendo a las mujeres el compañero sexual perfecto. Nunca hubo nadie menos preparado para ser puta que Ray ni chulo más inútil que la romántica, frustrada y solitaria Tanya. Quizá por eso la serie resulte tan conmovedora.

P.S: Por si todo esto no fuera suficiente, hay que decir que en Hung encontramos (ya era hora) un personaje a la medida de Anne Heche: por fin un papel con el que no intenta hacerse la simpática. La ex mujer de Ray, histérica, pesetera y egoísta no pretende caernos bien. Qué gustazo poder odiarte, hija.

Hung se emite los domingos a las 22.00 (EST).

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    Carmela Soprano, ahora enfermera

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    Enfermera Edie

    Ser popular es la bendición y la cruz de los actores. Que cualquier fulano llegue algún día a reconocerte por la calle y a llamarte por tu nombre es el anhelo que compensa miles de noches poniendo copas en los bares y otras tantas mañanas memorizando separatas en las colas de los casting. Cuando llega el momento de la gloria, las marujas les paran en el supermercado pidiendo que estampen su firma en un paquete de cereales, las adolescentes se pisan unas a otras por conseguir un mechón de pelo y los raritos sin amigos les mandan cartas en las que nunca falta la frase “solo yo puedo entender tu soledad”. Los actores reivindican entonces su derecho al anonimato, cuando ya es tarde.

    En este tema, como en muchos otros, se pone de relevancia la diferencia de clases que aún separa al cine de la tele. El espabilado productor llamado Tom Hanks no se cansa de subrayar que es en la pequeña pantalla donde se encuentran las grandes historias. Pero él, que no necesita dar tarjetas de visita en las reuniones para que los ejecutivos de las cadenas se queden con su cara, no va a protagonizar ninguna de ellas. ¿Para qué? La gente que trabaja todos los días en lugar de tres meses al año lo hace por obligación, no porque quiera. Y eso es igual en Hollywood o en el Ayuntamiento de Villanueva del Pardillo.

    EMMYSUn actor en activo en la tele, no sólo curra más que en el cine, sino que tienen un plus de molestia añadido a la popularidad: la versión cuerda de la esquizoide sensación “es como si fuera mi colega de toda la vida” que nos produce a los espectadores convivir con sus personajes, todos los martes, todos los domingos, todos los días los más adictos. Integramos sus ficticias historias en nuestro entorno cotidiano, les dedicamos más tiempo, a veces, que a un amigo o a un hermano. Obviamos al actor y adoptamos al personaje. Nueve de cada diez personas que coincidieran con Hugh Laurie en la cola del cine se sentirían tentados a charlar con él de manera espontanea, con toda confianza. No lo hacen, claro, sobre todo por miedo a que, al más puro estilo doctor House, el actor les espetara “¿le conozco de algo?”.

    Toda una parrafada para justificar que se me ha hecho muy difícil enfrentarme al primer capítulo de Nurse Jackie aislando el hecho de que la prota sea Edie Falco. La Jackie del título, el personaje interpretado por Falco, es una experimentada y poco ortodoxa enfermera de urgencias de un hospital de Nueva York. Lo primero que me pasó por la cabeza cuando la vi aparecer, embutida en el pijama azul, fueron las uñas de Carmela Soprano, “¿cómo narices va a ser capaz de coger una vía esta mujer?”, pensé. Sin embargo, más allá del personaje, Falco es una actriz prodigiosa, así que, en pocos minutos, ya entendía de qué iba esta otra veterana de la vida, sufrida y apaleada, feminista y currante, en las antípodas de la gran dama de Nueva Jersey.

    Nurse Jackie es marca Showtime y, como tal, está hecha a imagen y semejanza de las más exitosas producciones de la cadena en la que se emite. Jackie echa un polvo donde le pilla, toma drogas a diario e impone su propia ley. Californication, Weeds, Dexter. Muy bien escrita y muy bien grabada, una serie estupenda que no me ha enganchado nada. ¿Lo mejor? Ella. Sin medias tintas: está soberbia. Porque es un pedazo de actriz que valen un potosí. Como Glen Close o como Sally Field, estrellas de cine repudiadas que aún conservan su nombre propio y que, sin duda, preferirían hacer una peli al año y dedicarse a vivir los nueve meses restantes. Pero solo la tele les valora (o sea, les paga) la veteranía. A diferencia de ellas, Falco será siempre más Carmela que Edie. Que no poco.

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    Crítica de cine: Star Trek

    fer Fernando Mexía, El plumilla.

    Star Trek será un éxito, al menos en términos de taquilla y fans, precisamente lo que cualquier productor de Hollywood busca cuando invierte su capital en el séptimo arte. Habrá secuelas, al menos hasta completar una trilogía, aunque el USS Entreprise arranca motores de nuevo para una misión de cinco años, por lo que se podría especular con un largo futuro en el celuloide a los Kirk, Spock y compañía después del lifting rejuvenecedor sufrido por los personajes. Ése es mi pronóstico, fácil de hacer por otra parte cuando se cuenta con que el producto es famoso antes de nacer, los personajes son carismáticos y la dirección cuenta con un habilidoso J.J. Abrams, una de las manos que mece la cuna de la exitosa serie de televisión “Lost” (Perdidos).

    startrekNo obstante ni Abrams, ni sus colegas guionistas, ni los actores se aventuraron a hablar de nuevos capítulos hasta no ver cómo era el parto de la primera criatura, por aquello de evitar sonar presuntuosos o tener que desdecirse más adelante si las cosas se tuercen. De todas formas pareció evidente en la presentación con la prensa en Los Angeles que el equipo de Star Trek estaba moldeando una segunda parte. Chris Pine, el nuevo capitán Kirk (que originalmente encarnó William Shatner) dejó caer que todos los tripulantes del Entreprise se comprometieron a realizar tres filmes y Zoe Saldana, la joven responsable de comunicaciones Nyota Uhura, confesó que querría tener más protagonismo en las secuencias de acción en la segunda parte después de que fuese el objeto de deseo de Kirk y el Spock de Zachary Quinto; sí, el mismo que encarna al maquiavélico Sylar en “Heroes”.

    Lo mejor de la película es  cómo se retoman los personajes. La más difícil de las tareas a las que se enfretaban los responsables de retomar la saga por el hecho de que se mantienen los nombres de los protagonistas clásicos y se les cambia de cara y voz. Abrams explicó que el objetivo del filme era servir de puente entre las viejas historias y las que están por venir sin convertir a las nuevas películas en una reinterpretación de unos guiones ya escritos.

    Tanto Pine como Quinto como el resto de los miembros del Enterprise se enfundan el carácter impregnado por sus antecesores y resultan creíbles como jóvenes versiones de los veteranos tripulantes de la nave espacial. A partir de ahí aportan su propia identidad y facilitan una transición hacia un universo desconocido de aventuras. Se adueñan de los nombres y lo hacen bien.

    El lado oscuro de la película es cómo se desarrolla la acción en sí. Tan preocupados estaban Abrams y cia. de construir un escenario que permitiese retomar Star Trek desde los orígenes y sin pillarse los dedos con todo lo que se había contado hasta ahora que el nudo y el desenlace del filme flojea.

    Como redefinición de la esquilmada saga Star Trek es un triunfo, como producto independiente no pasará a la historia de las cintas de ciencia ficción. No aporta nada, no plantea nuevos desafíos, no deslumbra por sus costosos efectos especiales. Veremos si en la segunda parte el guión se centra más en engatusar al espectador que en solventar con diligencia la complejidad de reinventar la franquicia.

    La reaparición de Leonard Nimoy como Spock es un regalito para los fans pero su peso en la película es testimonial. De hecho, la imagen que ofrece de viejo cansado no juega a favor de la memoria del personaje. Nimoy en carne y hueso parece con más vitalidad que su personaje, creedme. El inteligente vulcano está ahora mejor en la piel de Quinto, aunque haya que hacer el esfuerzo mental de desligar el rostro de Nimoy del mítico alienígena de orejas puntiagudas.

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