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Crítica de cine: District 9
Por Fernando Mexía - Cine, featured, headline - 14/08/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
District 9 es la mejor película de ciencia ficción desde Matrix. Así, sin medias tintas. Ha habido que esperar una década para que alguien ingeniase un filme fresco, dinámico, lleno de interrogantes y que dibujase una realidad imposible que mantuviese al espectador pegado al asiento tratando de asimilar lo que está viendo.
El hecho de que esté realizada como si por momentos se estuviese viendo un documental es un acierto del director, el novato Neill Blomkamp, quien ha sabido contar una historia de alienígenas con una perspectiva hiperrealista que lleva el típico conflicto entre las diferentes civilizaciones del espacio a un contexto tan terrícola como la xenofobia. Leer el resto de la entrada »
Crítica de cine: G.I. Joe: The Rise of Cobra
Por Fernando Mexía - Cine, featured, headline - 06/08/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Si te apasiona la saga de The Mummy y disfrutaste con la secuela de Transformers es muy probable que G.I. Joe: The Rise of Cobra sea la película que estabas esperando este verano para matar el gusanillo de acción a raudales y derroche de efectos especiales. Un filme con guión muy poco exigente que presenta de forma oficial en la gran pantalla a los exitosos juguetes de Hasbro, ese cuerpo de soldados de élite de EEUU que combaten día sí y día también al peligroso Cobra y sus esbirros. Una batalla vista en dibujos animados a la que ahora dan vida Dennis Quaid (The Day After Tomorrow) o un cada vez más popular Channing Tatum (Step Up).
El secretismo practicado por Paramount con la prensa para ocultar a los críticos el debut de los “Joes” antes del estreno oficial -para evitar reacciones negativas- carece a la postre de fundamento. Un miedo injustificado a la vista del resultado en taquilla de la denostada por los medios Transformers: Revenge of the Fallen, posiblemente una de las peores historias de los últimos años que sin embargo supera ya los 800 millones de dólares de recaudación en todo el mundo. G.I Joe va dirigida al mismo tipo de público y nace con vocación de saga. A su favor, el guión está algo más elaborado que el de la última de robots; en su contra, los efectos especiales no están tan cuidados como deberían.
G.I. Joe: The Rise of Cobra introduce al espectador en el seno de la organización secreta de militares de élite puesta en marcha por EEUU para combatir en la sombra amenazas globales cuyo potencial pone en evidencia la tecnología de las fuerzas de seguridad convencionales. Unos cuerpos especiales dirigidos por el General Hawk (Quaid) que reclutan por accidente a un par de aguerridos soldados, Duke (Tatum) y Ripcord (Marlons Wayans), con el objetivo de proteger -primero- y recuperar -después- una sofisticada arma nanotecnológica capaz de hacer añicos cualquier cosa que se le ponga por delante. El resto de la unidad de Joes protagonistas son la “camuflada” Scarlett (Rachel Nichols) , Heavy Duty (Adewale Akinnuoye-Agbaje), Snake Eyes (Ray Park) y el tecnológico Braker (Saïd Taghmaoui). La sorpresa es un breve cameo de Brandon Fraser, un declarado fanático de los G.I. Joe y amigo del director Stephen Sommers, a quien le pidió que le diera un papelito en la historia mientras estaban grabando la tercera parte de The Mummy.
La guapa Sienna Miller será la cara “dulce” del opaco universo Cobra, que se define según va avanzando el filme -posiblemente lo más interesante de la producción- que termina de forma inquietante; un final que no se sostiene sin una segunda parte.
Los aficionados a la serie de dibujos y aquéllos que jugaron con los muñecos podrían llegar a sentirse defraudados por la superficialidad con la que se tratan algunos de los personajes o el papel que tienen algunos, como el General Hawk, que queda K.O a mitad de película y se limita a arengar a sus pupilos sin verse involucrado directamente en la acción. Tampoco toma decisiones fundamentales. La relación amorosa entrelos personajes de Tatum y Miller que tiene por objeto trasladar el conflicto entre el bien y el mal a un plano emocional resulta en ocasiones fuera de lugar. La historia sí se detiene en los orígenes del misterioso Snake Eyes y su pique con Storm Shadow (Byung Hun Lee), que se remonta a la infancia en una escuela de artes marciales de Japón.
Los efectos especiales, por otra parte, se muestran inconsistentes, con secuencias bastante conseguidas, como la persecución en las calles de París y la destrucción resultante, aunque suspende a menudo en los pequeños detalles que son los que terminan por definir la calidad de un producto. Llama la atención el acabado de algunas imágenes, más propio de una estética de videojuego que poco tiene que ver con la resolución alcanzada por Michael Bay en Transformers.
Crítica de cine: Public Enemies
Por Fernando Mexía - Cine, featured, headline - 01/07/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
No recomendaría “Public Enemies” a cualquiera, aunque sea una buena película; la primera del año con cierto regusto a Óscar. Le sobran ingredientes para seducir a la crítica: un reconocido y respetado director (Michael Mann), un reparto de lujo (Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard), una cuidada banda sonora y un guión con momentos memorables. Sin embargo, el filme sobre la historia del gánster John Dillinger requiere de un espectador paciente que disfrute con la dramatización de las secuencias, planos largos y silencios oportunos. “Public Enemies” es una película de mafiosos pero ni tiene la atmósfera de “The Godfather” ni el ritmo de “The Untouchables”. Es una película de un ladrón de bancos en la que lo de menos son los atracos, que se limitan a unos cuantos minutos de acción sin introducción previa, sin preparativos. Es una película sobre los inicios del FBI, aunque la organización está tan en pañales que no se le puede exigir una de esas investigaciones cinematográficas a las que Hollywood nos tiene acostumbrado.
“Public Enemies” es un relato determinista, pegado a la realidad de unos hechos que ocurrieron entre 1933 y 1934 en EEUU, que acerca a la audiencia al personaje de un Dillinger desafiante y seguro de sí mismo, sin miedo a morir pero que respetaba la vida. Un gánster que se aprovechó de las deficiencias del sistema, las nuevas armas de la época y el abaratamiento de los nuevos automóviles para robar a los bancos que produjeron la crisis financiera de 1929 y sumieron a EEUU en la Gran Depresión; aquélla que tanto recuerda a la situación económica que vivimos en la actualidad.
Que los fans de Mann no esperen un duelo de protagonistas como en “Heat”, ni el suspense de “Collateral” o “The Insider”. Salvando las distancias, el filme tiene un poso más parecido a “Ali” que a “Miami Vice”. Es una cinta sobre Depp y su capacidad para controlar sus instintos interpretativos y constreñirlos en un moderadamente trastornado Dillinger; posiblemente uno de los personajes más “normales” en la carrera del actor, según él mismo admitió en la presentación de la película.
Depp está bien como “robin hood” del hampa, sin llegar a la excelencia, aunque regala un par de momentos memorables. Su contundente discurso para conquistar a la chica (Cotillard) y un final sin diálogo en el que su mirada lo dice todo.
Bale, sin embargo, decepciona un poco. Los seguidores de las últimas producciones de este actor se quedarán con las ganas de ver al intérprete de Batman y Terminator desarrollando un trabajo que se prestaba a mayores matices y que se queda en un policía aprendiz de Harry “el sucio” sin vida privada, de insensibilidad forzada y difícil identificación por parte del espectador. Posiblemente Bale se limitió a ceñirse al guión de su personaje, pero hubiera sido deseable una mayor inmersión en Melvin Purvis, sobre todo porque su caza de Dillinger acabó empujándole al suicidio (no es un spoiler, el dato está en los libros de historia), algo difícil de justificar por lo que se ve en la película.
Destaca y se agradece la aportación de Cotillard, sin duda el corazón y la candidez amarga del filme. Suya fueron las principales emociones, suya el necesario toque femenino en una cinta con demasiados tipos duros y suya una escena final de esas que gustan a los amantes de los clásicos. A mi juicio Cotillard está de nuevo a una gran altura y no sería de extrañar que su trabajo tuviese el reconocimiento de la industria del cine.
La película se rodó en alta definición y no en cine por expreso deseo de Mann, que quería dar una estética visual contemporánea a la historia para que el espectador sientiese que estaba viviendo una experiencia de los años 30 y no viendo un filme de la época. Los puristas echarán de menos el toque granulado de la película de toda la vida, si bien eso no daña la narración. Los más inquietos podrán sentir que la historia se alarga sin sentido, pero quien pague por ver “Public Enemies” podrá estar tranquilo de que no tirará su dinero a la basura.
Crítica de cine: Transformers 2
Por Fernando Mexía - Cine, featured, headline - 23/06/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Transformers: Revenge of the Fallen es una película no apta para mayores de 10 años. Ese fue el sabor de boca que me dejó la secuela de Michael Bay (Armageddon, 1998) después de algo más de dos horas de derroche de efectos especiales, acción trepidante hasta el punto del mareo y un hilo argumental que puede sumirte en el mayor de los sueños; como le pasó a la persona que se sentó a mi lado (que se despertaba sobresaltado con cada estruendo).
Los 200 millones de dólares de presupuesto de este proyecto, el más caro del año -si mis datos son correctos- , se evaporaron en convertir la cinta en un producto a medio camino entre un videojuego descomunal de portentosos robots y una película de serie B que tiene en nómina a Shia Labeouf y a Megan Fox, dos de las estrellas jóvenes más de moda del momento en Hollywood. Algo que también se paga, evidentemente.
La historia de esta secuela se remonta al principio de la Humanidad, vincula a los malvados Decepticons con el pasado egipcio en una reinvención arqueológica a modo de licencia artística para darle forma a un guión poco profundo que requiere escasa exigencia mental del espectador. La segunda parte de Trasnformers es, como dijo Bay, “una película para el verano”, con todo lo que conlleva esta afirmación que suena a justificación de padre ante un hijo que decepciona.
La cinta da mucho protagonismo a los robots, tanto es así que las interpretaciones de los actores se reducen a los ratos en los que las máquinas alienígenas no están enfrascadas en un combate hasta la última gota de aceite. Hay secuencias de acción que duran tanto que puedes llegar a olvidarte de por qué se estaban pegando unos y otros. Eso sí, al margen de la exagerada velocidad que hacía muy difícil de seguir muchas de las tomas -imagino que con el fin de darle realismo- los enfrentamientos robóticos en varios escenarios naturales son de una calidad técnica bastante impresionante.
Al finalizar el visionado, en medio de mi perplejidad y confusión por lo que acababa de contemplar, me crucé con una pandilla de niños que habían tenido el privilegio de ser los primeros de su colegio, seguramente, en ver el filme. Parecían extasiados, ojos abiertos de para en par y sonrisa de oreja a oreja. Fue entonces cuando le escuché a uno de ellos decir convencido: “It’s the best movie ever” (que traduciría como: ‘es la mejor película de todos los tiempos’) . Entonces fue cuando dejé a un lado mis juicios de valor periodísticos y pensé que lejos de estrellarse, Transformers 2 iba a hacer muchos millones de dólares en taquilla.
Un colega periodista me dijo más tarde que esta película estaba pensada para un espectador de seis años, yo le daría un poco más de crédito y subiría hasta los diez. Después de todo esto, a nadie le extrañará que como regalo promocional dieran un monopatín a la prensa.
Una cosa más. Admito que mi predilección por John Turturro me hace poco objetivo a la hora de criticarlo, pero el punto de comicidad que le dio a la película fue de agradecer.
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Aclaración: Cuando hablo de la edad, en ningún caso tengo la intención de ofender a los seguidores de la saga o a las personas a las que les haya gustado el filme, simplemente considero que la película está pensada para asombrar en todos los sentidos a niños, que normalmente le piden menos al guión que un adulto que ha visto muchas películas. Los niños llenan los vacíos con imaginación. Eso no quita para que le pueda gustar a más gente pero es más que evidente que el equipo del filme se preocupó muy poco de que la historia estuviese a la altura de tanto presupuesto.
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La tradición culinaria francesa se convierte en el hilo argumental de esta historia basada en hechos reales que entrecruza la vida de sus dos protagonistas, Julia Child (Meryl Streep) y Julie Powell (Amy Adams), dos mujeres que nunca se conocieron, criadas en épocas distintas, a las que unió su pasión por la cocina.








