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¿Revolución?
Por Fernando Mexía - spam - 23/06/2009
Los medios de comunicación internacionales se afanan en vender las manifestaciones de Irán como si fueran una revolución. Un calificativo en el que se transmite más un deseo que una realidad. Los expertos en Oriente Medio aseguran que las protestas en Teherán afectan poco a la estabilidad del régimen islámico de los ayatolás y, a pesar de la multitud que muestran muchas fotos, el porcentaje de “insurgentes” es relativamente bajo en un país de 70 millones de habitantes. Es más, los analistas apuntan a que Ahmadinejad habría ganado en votos al opositor Musavi, con o sin fraude, lo que indica que el presidente del gobierno iraní cuenta con mucho respaldo social también. La marea verde que recorre las calles de la capital del país tiene más parecido a las manifestaciones postelectorales en Venezuela que a la revolución de Jomeini de 1979. Eso sí, pueden acabar como en Tiananmen.
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El plumilla
El ocaso de los mass media
Por Fernando Mexía - Periodismo, featured - 13/04/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
La prensa de papel no ha muerto y dudo que se extinga, al menos en el tiempo que me toque vivir. Lo que sí está en cuidados intensivos enfilando la puerta del camposanto es la estructura de la industria informativa. No voy enterrar a los grandes grupos mediáticos pero, señores, los días de vino y rosas de esas corporaciones tienen los días contados. Internet y el desarrollo de las tecnologías de comunicación móvil han abonado el terreno para una revolución informativa que ha echado a andar a raíz de la crisis económica. Los problemas financieros están sacudiendo las manzanas maduras de un árbol mediático con exceso de hojas y frutas tras décadas de buenas cosechas. Lo sano, lo que toca ahora, es la poda.
Entramos en la era del personal branding en la que la credibilidad tendrá nombre y apellido -no se esconderá detrás de una cabecera de periódico-, la agenda setting será tan flexible como quiera el consumidor de noticias y el medio será la persona y la persona será el mensaje, alterando la cita de McLuhan.
Hace una década aún estaba en la facultad de periodismo, por aquellas me acaba de comprar mi primer teléfono móvil, estaba empezando internet y en España experimentábamos con los correos electrónicos sin saber muy bien qué daría de sí el asunto. Ninguna de las clases que tuve en la universidad me preparó para el cambio que se está produciendo ahora. Ningún profesor me adelantó lo determinante que sería la web en el mundo informativo. Nadie tenía blogs ni amigos en Facebook. La salida laboral como profesional era entrar de cualquier manera en un mass media, aunque fuese sin cobrar; de hecho, normalmente sin cobrar pero con ánimo de lucro. Aunque no me hablaron de internet (o casi nada), sí me sermonearon sobre Marshall McLuhan y su aldea global, sobre la influencia del sistema de comunicación en el mensaje que reciben las audiencias, sobre las diferentes teorías de los medios masivos y como no, la famosa aguja hipodérmica. Estos paradigmas se han quedado pendientes de revisión o para una clase de historia, junto a la imprenta de Gutenberg.
Hoy vivimos el ocaso de los mass media, la caída del Antiguo Régimen de la comunicación debido al alzamiento del sumiso lector-espectador-oyente. El hasta ahora dócil receptor ha tomado la particular Bastilla de la distribución informativa armado de opiniones disparadas desde internet. Estamos en medio de una revolución que empezó con los blogs y que busca guillotinar a los medios de masas en favor de los social media. Adiós al poder hegemónico informativo de unos pocos, saludamos a la democratización de las noticias y los puntos de vista. Eso sí, la caída del absolutismo no supone el fin de la aristocracia. Como en toda revolución, muchos de los antiguos poderosos se las apañarán para mantenerse en lo alto de la cadena informativa, aunque ahora tendrán que compartir su espacio de privilegio con aquellos que logren abrirse camino hasta ahí gracias a su talento.
Dicho en román paladino, quien quiera pintar algo en el futuro informativo que viene (o que ya está aquí) más vale que vaya creándose una identidad diferenciada en internet, bien a través de un blog, una web, participando activamente en redes sociales, etc. No descubro nada, pero por si acaso hay algún despistado no está mal decirlo. La crisis económica ha golpeado con dureza la línea de flotación de los medios masivos, la principal fuente de empleo para los periodistas. Los despidos se multiplican por doquier como una gripe española y todo apunta a que no es un chaparrón pasajero. La cosa está fea, muy fea.
La crisis reducirá (hablo en futuro porque intuyo que la criba irá a más) el número de empleados por medio y hará que, una vez que pase el temporal, sea mucho más difícil si cabe entrar en una de esas grandes compañías informativas en unas condiciones cómodas. Se impondrá el periodista autónomo, el freelancer, frente al asalariado, el reportero multimedia frente al especializado en un solo campo, la inestabilidad laboral frente la seguridad corporativa. Una evidente precariedad (más aún de la que ya existe) que es también una oportunidad.
La autonomía significa más independencia, la independencia supone libertad, la libertad implica tiempo y el tiempo combinado con las ganas y las buenas ideas conlleva calidad. La calidad informativa es el principio fundamental del reconocimiento. El reconocimiento es el primer paso hacia el prestigio y el prestigio vale dinero. Esto es, personal branding.
Esta revolución que vivimos y nos las hace pasar canutas abre la puerta a una generación de periodismo libre de ataduras y bien pagado para quien sepa aprovechar la ocasión. Bien es cierto que el mercado que deberá sostener ese sistema aún está formándose, pero no está mal ir tomando posiciones.
Un respetable columnista de The Wall Street Journal, Walt Mossberg, hizo recientemente una interesante reflexión, recogida en un conocido blog, sobre el futuro del periodismo al ser preguntado si merecía la pena salvar los periódicos.
“No es la pregunta que hay que hacerse (dijo). La cuestión real que deberíamos hacernos es si podemos o no salvar el buen periodismo. Piensa en ello. De los cientos, miles de periódicos en el país (EE.UU.), solo hay unos pocos que importan. Buen periodismo y periodistas, por otra parte, merecen el rescate”.
Cómo se articulará el periodismo de los próximos años se está gestando ahora, quienes liderarán esa
transformación están navegando por internet hoy, algunos ya han puesto encima de la mesa su apuesta de futuro, tal es el caso de Spot.us. Presentado como un proyecto sin ánimo de lucro -como una ONG del periodismo- se trata de una start-up con origen en San Francisco, California (hogar de Google, Yahoo!, etc.) que busca directamente su financiación en la comunidad de lectores. Se proponen proyectos de reportajes en profundidad sobre temas que pueden resultar interesante para los vecinos del área de San Francisco. Se recogen donaciones de 20 dólares por persona y se contrata a un periodista para llevar a cabo el trabajo. Terminada la investigación y elaborada la historia se ofrece a otros medios de comunicación. Si se vende, se reparten los beneficios entre los donantes, que normalmente reinvierten el dinero en un nuevo reportaje.
Spot.us tienen tan solo unos meses de vida pero funciona y planea expandir su modelo de periodismo por otras partes de este estado y posteriormente en el resto de EE.UU..
Ciertamente es una buena idea, aunque parte de la base de que la gente está dispuesta a pagar por tener buena información. Algo posible solo donde el periodismo es respetado y respetable. Tengo mis dudas, serias dudas, de que este formato funcionase en otros países, sobre todo en el mío, España. Pero Spot.us es al menos un motivo para la esperanza.
En el siguiente vídeo David Cohn, el joven promotor de esta empresa informativa, detalla (en inglés) los pormenores de Spot.us. Una presentación a modo de entrevista en la que asegura que “el periodismo sobrevivirá la muerte de sus instituciones”.
Imagen: stock.xchng
Twitter, 140 caracteres para cambiar el mundo
Por Fernando Mexía - Periodismo, headline, sociedad, tecnología - 30/03/2009
Fernando Mexía, El plumilla.
Twitter es una revolución, lo digo desde el descrédito; al menos el que tenía cuando me enteré de la existencia de esta red social. Sí, mi primera impresión fue de total incredulidad porque ¿a quién le interesa lo que pueda decir un desconocido en internet o sus rutinas diarias? Al fin y al cabo, muchos de los mensajes que se publican en Twitter fluctúan entre los “buenos días, me acabo de levantar”, “estoy esperando al tren”, o “he quedado con unos amigos”. Sin duda, esto es algo insustancial. Pero el primitivo uso de esta red no desvirtúa su potencial, simplemente señala una de sus posibles funciones y evidencia que se trata de un instrumento de comunicación que aún está definiéndose. Twitter supone un cambio en la forma de compartir información, que va más allá de un SMS aunque solo permita mensajes de 140 caracteres, constituye una red mucho más dinámica que Facebook y está mucho más vivo que los medios convencionales. Algunos ya han denominado a Twitter como la herramienta para conocer en tiempo real “la conciencia del planeta”.
Definir Twitter es más sencillo de lo que parece: una red de comunicación gratuita donde todos los participantes son emisores y receptores formada por entidades individuales, normalmente personas físicas aunque también pueden ser empresas, que intercambian mensajes cortos entre sí a través de internet. El hecho de que sea una plataforma global en formación es lo que genera confusión a su alrededor pero su alcance universal la convierte en un “arma de comunicación masiva” como la televisión con la diferencia de que Twitter pone en manos de cualquier ciudadano un poder que hasta ahora solo tenían las grandes corporaciones. Suena grandilocuente, pero todo indica que en el futuro las fuentes de información y los líderes de opinión tradicionales competirán en capacidad de influencia con personas de carne y hueso, nombre y apellidos, que hayan logrado ganarse la confianza de una legión de lectores en Twitter. Ya hay muchos que tienen cientos de miles de seguidores en esta red. En unos años (dicen que en un par), a medida que esta herramienta se desarrolle con fuerza en los cinco continentes (por el momento sus cifras de éxito radican en su crecimiento en EE.UU.), habrá personas que cuenten con millones de “amigos” en Twitter interesados en conocer sus opiniones sean más o menos sustanciales //Estas proyecciones fueron ya superadas. Actualmente hay decenas de usuarios con más de un millón de seguidores (añadido el 11 de agosto de 2009)// Unos niveles de audiencia que envidarán los medios informativos convencionales, incluso a través de sus ediciones digitales, porque se habrán logrado casi sin coste y mediante una sencilla relación de confianza.
No es de extrañar que el sector periodístico de hoy esté vigilando el crecimiento de Twitter y esté tomando posiciones para subirse a este tren donde todavía hay sitios libres para sacar tajada del porvenir de esta herramienta, prometedor aunque aún en el aire.
Esta semana me sorprendió la noticia de que los editores del veterano periódico estadounidense Chicago Tribune incluían en la edición impresa su identidad en Twitter para animar a los lectores del diario a seguirles a través de esta red y a comunicarse directamente con ellos. Un paso significativo de esta cabecera nacida en 1847 que está pasando su peor momento de la historia después de que el conglomerado mediático Tribune Co. al que pertenece se declarase en bancarrota en 2008.
Un conocido canal de televisión británico de alcance internacional, Sky News, creó recientemente la figura del periodista corresponsal para Twitter con el objeto de extraer la información relevante que se distribuye a través de esa red y convertirla en noticia tradicional.
Todos aquellos (es una generalización aproximada) con afán de influir en la población, bien sea políticamente, bien informativamente, bien comercialmente, tienen ya una cuenta en Twitter. Parece claro que existe un consenso con respecto a esta plataforma: hay que estar; otro asunto distinto es cómo.
Barack Obama (su equipo de publicistas) utiliza Twitter para pedir el apoyo en diferentes campañas, lanzar
mensajes de optimismo a la población o invitar a la gente preguntarle algo (esto último me parece un tanto osado), la cadena de cafeterías Starbucks se decanta por dar información sobre sus productos y locales, pero lo que realmente mobilizará a las masas será la comunicación personal, que haya alguien detrás que hable por su propia boca.
Hay actores de Hollywood que utilizan Twitter para conocer qué piensan los seguidores de sus series de televisión después de la emisión del último capítulo, muchos famosos han roto las barreras impuestas por las habituales férreas medidas de seguridad y ahora “chatean” con sus fans en Twitter, baste como ejemplo la lista que recoge Celebrity Tweet que incluye a Yoko Ono, Lance Amstrong, Demi Moore o Britney Spears. Todos “twittean” de vez en cuando, incluso Spears.
Unos luchan por mantener su capacidad de influencia o su popularidad en el nuevo soporte mientras que otros como por ejemplo los creadores de la web Mashable, un referente en internet en cuanto a redes sociales, se afanan en consolidar sus posiciones como transmisores de información sobre el desarrollo digital y, a la postre, marcar la tendencia de lo que está o no de moda en la web.
La clave del éxito: contar algo interesante, ofrecer contenidos, hacer de mensajero de algo que merezca la pena y siempre expresarlo de forma humana. Por extraño que parezca en el “deshumanizado” mundo de internet, el “toque” personal es lo que marcará las diferencias y cultivará la relación de confianza entre el lector y el emisor. Cuando pase la marabunta del boom inicial, solamente aquellos que hayan sido capaces de tener una identidad reconocible podrán consolidarse como líderes en Twitter ¿eso valdrá dinero?, pienso que sí, y mucho…
A diferencia de Facebook, Twitter es 100 por ciento operativo desde cualquier terminal con acceso a internet ya que funciona como un SMS. Su eclosión definitiva a nivel mundial no llegará hasta que se generalice el uso de los “smartphones” (iPhone, Blackberry o similares), frecuentes en EE.UU. y no tanto en otros países. Entonces será el momento de la verdad para Twitter.
La revolución de las 3D
Por Fernando Mexía - Cine - 16/03/2009
Una idea casi tan antigua como el propio cine cambiará la forma que tenemos de disfrutar del séptimo arte de ahora en adelante. Llegan las tres dimensiones a la gran pantalla, y esta vez parace que va en serio. Hollywood piensa en este formato como en la solución a gran parte de sus problemas y se está rascando los bolsillos para llevar sus producciones al mundo estereoscópico; sí, el que hasta ahora vivía marginado en un pequeño número de salas donde se proyectaba en 3D, aunque la experiencia se parecía más a la visita a un parque de atracciones que al ritual cinematográfico. Se acabaron los documentales de animales, el jurásico, las pirámides o los viajes en helicóptero sobre acantilados. La nueva 3D viene cargada de argumentos, historias con principio, nudo y desenlace, actores conocidos y llama a la puerta de los Óscar; esto lo digo sin temor a equivocarme. Leer el resto de la entrada »








